sábado, 18 de noviembre de 2023

MOMENTO SOS

Hay momentos en la vida que se parecen mucho a esos vendavales de otoño caracterizados por la irrupción de vientos tempestuosos que tememos nos levanten del suelo para llevarnos por los aires enfurecidos, cuales brujos sobre escobas voladoras. Éste es uno de esos capítulos violentos de la vida colectiva en una nación ya demasiado agitada por los temporales como es la nuestra. Tiene uno la sensación de que le falta el suelo bajo los pies, por más que los propulsores de tal estado de cosas intenten convencernos de que “no pasa nada”. Sí que pasa. Mucho.  Uno de ellos, Irene Montero, altamente cualificada para opinar al respecto, lo ha dicho claramente y lo ha clavado: “Hemos cambiado la vida de este país”. En realidad, mucho más: han cambiado a la población misma, sus mentes, su percepción de las cosas, incluso su filosofía existencial, la que nos dicta cada día para qué estamos aquí y hacia dónde queremos ir.

Pero no tanto. Ellos creían que sí, que con sólo pronunciar una frase todo obedecía al designio formulado. Mucho —muchos— ha experimentado la mutación, siguiendo obedientemente los pasos establecidos por el Poder. La capacidad de seducción, que no de raciocinio, se ha erigido en todo Occidente —más en un país tan poco acostumbrado a autodirigirse como España — en la fuerza semoviente de la política. Hoy por hoy, en los territorios democráticos, es posible convencer a la multitud de cualquier cosa, incluso de que borrar los delitos cometidos nos trasladara a un mundo feliz y paralelo en el que todo el personal es bueno. Da lo mismo que nadie lo crea —obviamente; lo que vale es que se lo trague como una promesa de amor mágico.

Al igual que el aplauso es el lacre del bienestar compartido, sin que los aclamadores tengan por qué saber por qué ovacionan, las afirmaciones de un triunfador —pese a que tampoco lo sea— poseen el efecto de la transformación social. De ahí que mentir no constituya propiamente faltar a la verdad sino expresar ideas volátiles como el tiempo mismo que nos han vendido bajo el reclamo de lo nuevo y por lo tanto actual y por lo tanto mejor, mucho mejor, que cualquier tiempo pasado. (Del futuro nadie se ocupa, simplemente porque no existe.)

La falacia ha caído, como los delitos, en el saco roto de la historia que terminó con Fukuyama y ya no ha aparecido por mucho que algunos la hayamos buscado. Nada es verdad ni es mentira. Todo es el del color con que un tal Pedro Sánchez, asistido por una pléyade interminable de coristas de salón a lo cocóes (asesores, presidentes y directores de órganos y empresas del estado, cúpulas del partido, empleados del mismo, diputados, concejales y demás vasos comunicantes de un cuerpo social invadido como de termitas rojas) dictamine que debemos verlo. Ya se sabe que los españoles somos daltónicos, como los perros. O no. En todo caso, la nuestra es una hora Titanic, una hora SOS, “Save Our Souls”. Para entendernos, “Salvad nuestras almas”.

sábado, 28 de octubre de 2023

LA PRIVATIZACIÓN DE LA FELICIDAD

El comentario, representativo de la conclusión, es cada día más frecuente. La vida pública va tomando tintes apocalípticos, aunque, como es natural, intentemos ignorarlos. Y nos refugiamos en el último aprisco que nos queda: nuestra vida privada, principalmente la familia y los amigos. La cara social de la existencia ha quedado secuestrada por la acción de unos cuatreros que nos han robado la ilusión de interesarnos e incluso vibrar con las cuestiones que atañen a los destinos colectivos. En España, el proceso, aunque antiguo, es ya galopante. El racimo de partidos que ha descubierto las mieles del poder durante los últimos años, desde la moción de censura que les granjeó el Gobierno de la Nación (y que, no se olvide, no se correspondía con la mayoría de votos, incluso aceptando la sobrevaloración de los sufragios secesionistas, sector que ha sido desde entonces el amo del país entero) manda ya la nave como si no hubiera otra oficialidad que ellos. A la diferencia entre mayoría de escaños y mayoría de votos en el conjunto del país se superpone el desprecio hacia la oposición, aunque a ésta la lidere el partido más votado. No descubro ningún secreto con lo que escribo, ya lo sé. La voladura controlada de los contrapesos y los controles mutuos es ya un hecho (Constitucional, Legislativo, medios de comunicación, políticas educativas…) que sólo la indolencia, la anestesia y ahora también la amnesia (raíz de amnistía) mantienen en una sordina exasperante.

Todos estamos tentados por ese instinto natural, que tiene mucho que ver con el miedo. La palabra es totalitarismo. Recuerdo que cuando se discutió en las Cortes preconstitucionales qué partidos debían legalizarse y le tocó el turno a los de izquierdas, ésta era la palabra que más rodaba por los mentideros. La Unión Soviética gozaba aún de relativa buena salud, y la memoria de la Guerra Civil estaba muy presente, con la tendencia contraria a la actual. El filtro para legalizar era ése: la ausencia de totalitarismo. Al final, y a diferencia de los países anglosajones o de Alemania, entraron a saco los partidos comunistas, mientras que Felipe González daba la vuelta al PSOE en Suresnes con el beneplácito de la CIA y el apoyo financiero de la socialdemocracia germana de Willy Brandt. Quedaba así expedito el camino para que gobernara un Partido Socialista sin Rodolfo Llopis, que es como decir sin guerracivilistas. Pero ésta es una tribu pertinaz, que Zapatero y Sánchez —uno continuador del otro, como se está demostrando incluso para invidentes voluntarios de la “derecha”— han invitado a determinar nuestro futuro inmediato.

Estamos, pues, inmersos en el totalitarismo, y eso hace amarga y gris la convivencia pública. De modo que apagamos esa habitación y nos pasamos al búnker de “lo nuestro”, llámese reuniones de amigos, el bar de la esquina, el fútbol o la caza. En el pueblo donde me retiro —sí, yo también— los fines de semana, poco más que una aldea de mil y pico habitantes, una venta hizo el otro día comida para doscientos cincuenta monteros. Descuenten mujeres, niños y ancianos y comprobarán que todo el pueblo y parte del extranjero se echa al monte, en el buen sentido. Es sólo un botón de muestra.

España es un país tenso. De ahí ese temor que a todos nos embarga cuando vemos que los asaltatrenes vuelven por sus respetos. Y entonces se hace el silencio y esperamos que la tragedia se cebe con el novillo y no con nosotros. No somos cobardes; es que resulta, por desgracia, cierto lo de Machado: “Españolito que vienes al mundo…” Antes había cierta felicidad en trabajar por nuestro pueblo participando, aunque sólo fuera informándonos de lo que acaecía en la rúa. Ya no. Han conseguido que protejamos la alegría en su último reducto, privatizándola.

lunes, 9 de octubre de 2023

LA PATRIA SUBASTADA

"Sólo se puede destruir una gran nación cuando ella misma se ha destruido interiormente."

 

La frase que antecede pone el colofón a la película "La caída del Imperio romano", gran superproducción de Samuel Bronston dirigida en 1964 por Anthony Mann y protagonizada por Sofía Loren, Alec Guinnes y James Mason entre otros grandes actores. La cinta, de tres horas de duración, es un culebrón histórico y en ella se invirtieron más de dieciocho millones y medio de dólares de la época, aunque supuso un fracaso de taquilla, donde no se llegaron a recuperar ni cinco millones. Rodada en espacios naturales de la sierra de Madrid y de Valencia, Dimitri Tiomkin le puso una música tan colosal como los decorados de esta gran película "de romanos" que la crítica ha ido recuperando posteriormente. La obra dio lugar a una novela, de suerte igualmente incierta.

Y esto, el azar, ha querido que ante mis ojos desfilen por primera vez —creo— estos fotogramas de legiones en formaciones implacables, entreveradas con miradas del arrasador rostro de la Loren precisamente la víspera del día en que los españoles se manifestarían por la unidad de España y contra la amnistía o la autodeterminación como herramientas de su autodestrucción.

No recuerdo nada desde la Transición que haya derramado tantos ríos de tinta. Casi todo lo que llega a mis ojos por estos días tiene el mismo sentido: es la hora final de España “si no se reacciona”. Pero, ¿cómo? El sistema, que tal vez en su concepción era efectivamente democrático pero que, como todos los nuevos había que desarrollar, se ha ido convirtiendo en una cárcel. Son las minorías “territoriales” las que tienen secuestrada a la voluntad general. Así de claro. Y ello ha sido posible gracias a las guerras intestinas de unos partidos al servicio de intereses personales y de grupo cuya gran olvidada ha sido la madre de todos: la Patria. Todo ello aparece fielmente en la película con la que abría estas líneas, por otra parte un alegato bastante demagógico en favor del pacifismo y la alianza de civilizaciones que se pretende asociar con el reinado de Marco Aurelio, el emperador filósofo.

El día que Felipe VI recordaba en público a su hija y heredera cuáles serán las responsabilidades que contraía al jurar bandera, el presidente del Gobierno en funciones se quitaba de enmedio y se iba a Granada a recibir allí un baño de besuqueos jubilados bien controlados a puerta cerrada. Realmente, nos encontramos en un escenario grotesco que revive el carácter profético con el que a veces se reviste el cine. La escena final de "La caída del Imperio Romano" es la de una subasta. El jefe del ejército, que es el que pone y quita emperadores, recibe las ofertas de los senadores venales que aprovechan el vacío de poder para pujar por el Trono. Es entonces cuando una voz en off señala "Así empezó la caída del Imperio Romano". Y añade la frase con la que abríamos este artículo. Tal vez por eso no tuvo éxito en taquilla.

lunes, 11 de septiembre de 2023

TAREA DE GENERACIONES

Para resetear España, única salida al callejón en el que nos ha metido la izquierda (con el apoyo involuntario de la gran derecha) hacen falta, como mínimo, dos generaciones. En realidad, es un problema generalizado en todo Occidente, aunque el nuestro sea en esto vanguardia. Sólo quedan algunos islotes de resistencia: Hungría, Polonia, Chequia (el frente antipopular, por razones históricas obvias), la Italia de Meloni y los Estados Unidos de Trump, que, pese a todo, sigue existiendo.

Personalmente, conservaba cierta esperanza, cada vez más difusa, en el triunfo electoral de un Partido Popular modulado por VOX. Ya no. Debemos grabarnos, para muchos años, dos fechas: 11-3-04 y 23-7-23. El comienzo y el final de la destitución de España. Lo ocurrido el pasado día 23 de julio es la confirmación de los peores temores que podíamos albergar: Ni nuestro sistema es democrático ni un amplio sector del pueblo español sabe lo que se trae entre manos cuando vota. Nos podemos quedar en el tacticismo, y entonces creer en los milagros de la aritmética, que haberlos haylos, confiando en una carambola de última hora. Pero este tipo de magias es, también, patrimonio de la izquierda, cuyo sumo sacerdote es el mayor prestidigitador —tramposo— que hayamos padecido nunca. España está abocada al cautiverio, aherrojada por los nuevos bucaneros de la política y atrapada en sus dos grandes debilidades: la educación y la comunicación.

Desde la misma Ley General de Educación del año setenta, el virus de la dictadura intelectual de corte marxista anda por sus fueros en las aulas de nuestra patria, consolidándose paso a paso, año a año, curso a curso y en todas las etapas. Nacido de la Universidad, donde la URSS sembró dicho virus metódica y pacientemente —ahí y en el mundo del trabajo— fue invadiéndolo todo hasta llegar a los jardines de la infancia (hoy “escuelas de educación infantil”). Y de ahí, obviamente y por capilaridad, al conjunto de la sociedad. Recuerdo cómo el profesor Rodríguez Adrados, gran filólogo clásico, ponía en guardia desde las Terceras de aquel ABC contra el absolutismo socialista que todo lo ocupaba.

Tras pasar de la universidad a todo el sistema educativo mediante el apesebramiento de cualquier descontento docente y el empoderamiento de los padres-votantes, la tiranía del pensamiento único socialista pasó, como digo, a las mentalidades colectivas, y para que el proceso no tuviera marcha atrás, entró en bucle a través de los medios de comunicación. La “reeducación” de los periodistas también nació en las facultades de Comunicación. Por poner un botón de muestra, el profesor melenudo que en vísperas de las elecciones del 28-M le volvía la cara a la candidata de VOX en un debate televisivo es uno de los que “forman” a los futuros comunicadores en la capital hispalense.

El silencio profundo que ha acompañado a las concentraciones contra la amnistía ante los ayuntamientos españoles —por otra parte, un gesto tan digno como inútil— nos indica hasta qué punto la sociedad española está incomunicada consigo misma, primer paso para la insania. El poder político lo domina y controla todo, desde las redes sociales mediante las empresas afines contratadas para ello, hasta el fútbol, gran negocio como bien saben los más potentes empresarios de la comunicación. Solapada o abiertamente, los periodistas, salvo muy escasas y parciales excepciones, se pliegan más y más cada día a este designio piramidal, cuyos últimos hilos se pierden en la bruma de las alturas.

Claman los elefantes, al borde del lago de su declinación, por el “espíritu de la transición”. Pero fueron ellos los que idearon el modelo educativo del que han surgido sus detractores. La respuesta de la portavoz del gobierno a las críticas de Felipe González lo dice todo. ¿Su único argumento? “Son otra generación.” Vengo escuchando esta vacuidad desde que la mía peleaba por hacerse un sitio, aunque a decir verdad nunca supe muy bien en qué consistía la solvencia de tal descalificación. Que a estas alturas, sólo el calendario sirva para defender o menoscabar unas ideas sí nos aporta algo importante. Gobierne quien gobierne ahora, resulta más bien irrelevante, porque el problema, efectivamente, es de generaciones. Tras las últimas elecciones generales, una cosa está clara: España necesita un reseteo, que pasa por la vuelta a una educación auténtica y por la regeneración del mundo mediático. Y eso es labor de generaciones. Lo primero sería adoptar la resolución de acometer la obra. Después, tener la constancia de mantenerla viva y la generosidad de saber que no la veremos coronada. En definitiva, fe, esperanza y caridad. ¡Ahí es nada!

lunes, 31 de julio de 2023

EL BOTAFUMEIRO DESCONTROLADO

El cruce de cartas entre Feijoo y Sánchez, iniciado por el primero y zanjado abruptamente por el segundo, resulta harto revelador. En primer lugar, y aunque parezca mentira, de la ingenuidad del ex presidente de la Xunta, que no acaba de salir del terruño, donde, como bien sabía Álvaro Cunqueiro, nada es lo que parece y es posible torear al vecino haciendo gala de ese lenguaje cerrado de claves entre irónicas, socarronas y endogámicas que emplean los celtas profundos. Pero eso, al otro lado de la carretera de La Coruña, no cuela. Y en la Mareta menos. Nos habla, además, a las claras el breve epistolario entre pretendientes de mayorías de la resistencia --resiliencia, dicen ahora los cursis de la economía-- que caracteriza al socialista y que está a punto de pulverizar España en sus manos. Sigue como el primer día, chulo, es decir, guapo en toda la extensión del término. Para él no pasa el tiempo (el narcisismo es así), como si acabara de pulsarse el botón de stop en la cámara que grabó aquel mensaje ante la pandemia en el que donde decía "permanecer en nuestros hogares" quería decir renunciar a nuestras libertades. Y es que Sánchez gusta mucho en las peluquerías, porque no es nada lgtbi, sino todo lo contrario. Ese porte de pívot encestando con toda su anatomía de Victoria de Samotracia desplegada hacia el aro y la red ha conquistado tantos votos como la coleta del otro en su día. Él lo sabe de sobra --sobrado-- y unas veces emplea sus giros turgentes de voz de confesor años setenta y otras, como en esta ocasión, aires de Mareta, con su punto marroquí/sahariano, al tratarse de un escrito que responde, respondón, a otro del acólito liberal-conservador-centrista-progresista-conciliador (el PP se ha convertido en una suerte de osciloscopio buscando siempre no el justo medio sino la media de la masa, el electro plano). La estantigua ha lanzado el botafumeiro con la intención oculta, tal vez, de estrellarlo en la cara del otro. Incluso le ha tuteado --al contrario que su interlocutor--, para recordarle hasta la saciedad que ha sido él quien ha ganado las elecciones --¿tal vez no se lo cree y en realidad se lo reitera a sí mismo?--. Pero el chulapo impostado le ha pegado su propio empujón al incensario para que vuelva a su punto de origen, pasando, que es lo que le interesa, por el centro, donde coge impulso relanzado por los acólitos de la moderación. De boomerangs sabe más Sánchez que Feijoo. Y si no, que se lo digan a Susana Díaz.
Lo malo es que a los acólitos se les vaya el botafumeiro de las manos y acabe destrozándoles la cara. Como a Ciudadanos.

lunes, 17 de julio de 2023

AHORA O NUNCA

No recuerdo una campaña electoral tan bronca como ésta. Y es que hay mucho en juego. Tánto que, como bien advirtió Sánchez a su grupo, estamos ante el primer intento serio de cambio radical de rumbo tras un largo camino de ida, jalonada de mentiras, hacia abismos morales con sus corolarios económicos cuyo apoteosis en nuestro país lo encarna la irrupción, por primera vez desde la Guerra, del frente comunista en el poder. Desde aquel "sí se puede" que nos ha traído a la memoria histórica el documental "El autócrata" y que en realidad era la sanción de un proceso abierto por el gran beneficiado del 11-M, los españoles se han adentrado en una trampa colosal y totalitaria, un callejón sin salida, la pesadilla de encontrarse maniatados por unos acontecimientos viciados de origen donde toda ruptura tenía su asiento con tal de mantener el del presidente del Gobierno ocupado por el trasero de Pedro Sánchez.

Todo eso y mucho más se tambalea. No me atrevo a decir que toca a su fin. He visto ya demasiadas cosas en esta España de mis entretelas. Pero o todo el mundo, salvo Tezanos, está equivocado o el hartazgo hace las cosas inaplazables. Ahora bien, ¿qué panorama nos aguarda? El apuntado cambio de rumbo es un movimiento profundo, vasto y ambicioso. Tal cosa no puede abrirse camino en una balsa de aceite. La resistencia por parte de quienes nunca habían conseguido tánto en tan poco tiempo y con tanta facilidad sería numantina. La repetición de la euforia popular por los resultados del 28-M (y su reverso, la desolación de la izquierda, manifestada en la atropellada convocatoria electoral), el intrincado camino de los pactos de la derecha, de incierto futuro y malogrado en Murcia, y, en fin, el giro copernicano en el reparto del poder por lo que respecta a regiones y municipios, tropieza con un escollo de dimensiones incalculables de cara a las elecciones generales: los separatismos y la ley electoral con la que un ingenuo Adolfo Suárez quiso acabar con el terrorismo y los fantasmas del pasado remoto concediéndoles una sobrerrepresentación que desequilibraba gravemente la soberanía nacional, desvirtuándola y quizás abortándola. Ésa ha sido la llave de la llegada y permanencia de un tal Sánchez a y en La Moncloa. Lo peor, sin embargo, no es que algo establecido sin consulta popular por un presidente de Gobierno franquista hace cuarenta y siete años, bajo la presión, hoy inimaginable, de las bombas y las metralletas, siga vigente, y vaya a condicionar unas elecciones tan cruciales como las que se avecinan. Lo más lamentable y peligroso es que ningún partido haya querido cambiar esa regla del juego que hace a los españoles no separatistas --es decir, a la inmensa mayoría-- rehenes de éstos. Y sobre todo, que ninguno con posibilidades de gobernar lo lleve en su programa electoral. Aclaremos que no se trata de un precepto constitucional. Nada de eso. Es una ley orgánica. Para reformarla basta la mayoría simple (mitad más uno de los presentes) del Parlamento. Ésta es la verdadera clave de la gobernabilidad futura. Si el partido o los partidos que logren la investidura no tienen voluntad de acabar con esta adulteración de la democracia, golpes como el de la moción de censura y la aprobación de decretos inconstitucionales a los que hemos asistido durante los últimos años, estarán siempre en el horizonte. Y la inevitable consecuencia también: la sumisión, a la larga, de la derecha moderada a cuanto dicte la izquierda revolucionaria.

lunes, 3 de julio de 2023

EL ESTRIBO EXTREMEÑO

 A veces, uno siente, como buen pesimista, la alegría de haberse equivocado. No lamento nada que el curso de la Historia me haya quitado la razón en el contenido del artículo anterior. Creo poder afirmar, sin faltar a la verdad, no como otros, que los hechos han cambiado, no yo. Cuando escribí “Justo lo que Sánchez buscaba”, las cosas estaban muy crudas en Extremadura para llegar a un entendimiento entre el PP y VOX. Esto no es un secreto para nadie. Las cartas le sonreían a Sánchez, que veía cómo la jugada de adelantar las elecciones a una fecha que dificultara los pactos entre los dos partidos de la derecha le salía que ni pintada. Evidentemente, lo que de verdad le importaba no eran los ayuntamientos y las regiones, ya perdidos para el PSOE, sino su asiento en el Falcon presidencial, porque de que ambos partidos opositores unificaran criterios o no dependía el Gobierno resultante del 23-J.

¿Qué ha sucedido desde entonces? Aquí sí hay fruta que desgranar. Aparentemente, lo sabemos todo, a partir de la sustanciosísima rueda de prensa —por las respuestas, no desde luego por las aburridísimas y monotemáticas preguntas de los periodistas amaestrados, al servicio unánime de la corrección socialista— en la que una María Guardiola de radionovela y un Ángel-Pelayo Gordillo que hacía con ella pareja digna de Pimpinela arrepentida, dieron la vuelta a lo que parecía una ruptura sin remedio, convirtiéndola casi en un romance con carta de sesenta puntos. Ninguno de los cuales, por cierto, parecía interesar lo más mínimo a unos periodistas que de sus orgullos venían y a sus orgullos iban.

Hay mucho en la cocina de estos acuerdos. Y hay un personaje que, como suele suceder, se ha perdido entre las patas del escenario pero que ha sido la clave de todo. Le gusta aparecer en las fotos con cara de bufón, pero de eso nada monada. Es alguien muy hábil y seductor, una mezcla de arriolas e ivanes redondos. Naturalmente, es “comunicólogo demoscópico” y tiene su empresa. Me voy a guardar muy mucho de citarlo por su nombre, que, por otra parte, ha estado en las redes muy intensamente durante cuarenta y ocho horas, no más. Porque ha sabido desparecer, por el momento, arte de la que depende la supervivencia en los ámbitos en que él se mueve. Para resurgir siempre, es verdad. El joven —ya no tanto— en cuestión ha estado presente en la vida de quien esto escribe, entre bastidores. Pero muy presente. Asesoraba a un político, sevillano como él y como yo, muy influyente en el periódico en el que yo trabajaba y —sobre todo— escribía. Mis lectores saben de mi obsesión con el aborto; o mejor dicho, pro vida. Y puede que haya quien recuerde algunos de mis artículos en dicho periódico atacando la cobardía del PP en esta materia. Cobardía que no ha hecho sino crecer desde entonces, y lo sigue haciendo. Pues bien, mis colaboraciones se fueron extinguiendo hasta recibir la indicación de la calle, momento en que me refugié en este blog.

Me olvidé de todos aquellos lúgubres manipuladores, pero ellos han seguido intrigando, y finalmente, nuestro “comunicólogo demoscópico” —progre, naturalmente, y por si hubiera duda ahí están sus habituales colaboraciones en medios del pesebre— va y salta a la “fama” como el gran obstáculo para el pacto extremeño que sin duda prefigurará el nacional de los próximos años. In extremis, cuando Fernández Vara ya tenía fijada fecha para su investidura, Feijoo ha obligado a Guardiola a defenestrar a nuestro instigador —rescindiendo el contrato que tenía con él—  y de pronto, por arte de birlibirloque, ha surgido de la nada un acuerdo de sesenta puntos, una consejería clave para VOX y la paz con una Guardiola cariñosa y a punto del llanto al reconocer que ha tenido que envainársela y probablemente al recordar hasta qué punto ha sido pelele de su “fontanero”.

Habrá en el PP una tormenta sorda tras lo de Extremadura. Esperemos que las costuras aguanten el temporal, porque el ala socialdemócrata, o simplemente acomodaticia, que es la que manda, no va a bajar la guardia. Y también habrá por parte de los de Abascal, una durísima digestión. No es lo mismo estar enfrente que dentro del edificio en llamas. Pero vuelvo a otro artículo mío reciente, el de la abuela de la Reina y su frase “Si esto lo salva alguien son los de VOX”. Y sobre todo, yo también me cubro de ceniza y me visto de saco, para acompañar a María Guardiola que tanto habló de soberbia, y reconozco que en boca cerrada no entran moscas; o sea, que me equivoqué, afortunadamente, aunque a partir de ahora quede lo más difícil: mantener la humildad por ambas partes… y por la tercera, ésta que escribe, también, porque la Historia es lo menos predecible que existe.

jueves, 22 de junio de 2023

JUSTO LO QUE SÁNCHEZ BUSCABA

Pongamos que tú tienes veintiocho euros y necesitas cinco para poder pujar en subasta por un cuadro que quieres y que llevabas mucho tiempo pretendiendo. Yo tengo exactamente esos cinco euros; somos amigos y te los ofrezco a cambio de que el cuadro lo podamos disfrutar ambos. Acepto, como es obvio, que la pintura luzca en la galería de tu castillo, pero a cambio te pido que me dejes disponer de su contemplación durante una cantidad habitual de tiempo que a tí te parece excesiva. No te voy a privar del cuadro ni un minuto; sólo te reclamo poder compartir su belleza. Pues bien, con tal de no dejarme ni un momento de acceso estable a la obra de arte, toda para tí, prefieres quedarte sin cuadro. “Como no te quiero conmigo, me quedo sin nada”, me dices. A mí eso me suena a rabieta infantil.

El Partido Popular tenía en sus manos el gobierno de Extremadura. No había ganado las elecciones —el PSOE había sacado muchos más votos— pero por aquello de la distribución de escaños había empatado. Lo tenía todo. Y por no ceder una pequeña parte se queda sin nada. ¿Ustedes lo entienden? Yo tampoco. Si no me falla la calculadora, 5 es un 15,15 por ciento de 33, que era la mayoría absoluta necesaria para la investidura de Guardiola como presidenta. VOX pedía entrar en el Gobierno extremeño. Eso es lo que entendía y entiende que habían expresado sus votantes. Obviamente, en una proporción adecuada a su representación. Si la Junta extremeña de Guardiola iba a tener, pongamos por caso, diez consejerías, VOX tendría entre una y dos. Razonablemente, y dado que era la llave necesaria, optaría por dos. Eso era lo importante. Pero el PP le ofreció, sí o sí, sólo la Presidencia del Parlamento regional. Por si alguien sigue pecando de ingenuo, hay que recordar que las presidencias parlamentarias sólo sirven para moderar las sesiones, y no siempre, ya que a menudo el titular se ausenta y ocupa su lugar un vicepresidente. A la hora de la verdad, quien toma las decisiones es la Mesa, donde están representados los principales grupos en función de sus apoyos electorales y que suele ser objeto de arduas negociaciones. El PP quería que VOX estuviera ausente de la Mesa. ¿Se imaginan a un presidente de la asamblea con una mesa detrás condicionando sus escasas prerrogativas y sin que nadie de su partido abogara por él? Y por supuesto, de presencia en el Ejecutivo, nada de nada.

Este Partido Popular de nuestras culpas está cayendo, como si fuera un pardillo, en la gran trampa que Sánchez tendió el 29 de mayo. Aquel día volvió a desafiar las reglas del juego (él puede) y llevó a cabo una jugada magistral: No dar tiempo a la oposición para pactar. Ésta ha sido la clave de su estrategia, bien madurada para el caso, histórico ya, de que la izquierda perdiera las municipales y autonómicas. Y le está saliendo bordada. Salvo en Valencia, donde el PP local se ha adelantado —aquí todo se fía a la velocidad, como en el fútbol— a la torpeza sospechosa de Feijoo, las cosas se están poniendo muy difíciles de cara a las alianzas gubernamentales nacidas del 23-J. Eso era exactamente lo que perseguía Sánchez. Y el ala preponderante en el PP está haciendo lo demás, enarbolando banderas ideológicas de la izquierda para “defenderse” de VOX. ¡Qué pena!

sábado, 3 de junio de 2023

LA FRASECITA DE LA ABUELA

“Si algo nos va a salvar van a ser ellos.” Tenor literal. “Ellos” son los de VOX. Los más avisados habrán identificado a la autora de la frase. Era periodista, ya muy mayor cuando pronunció esas palabras, en el curso de una entrevista para ok diario realizada en 2019. La concedió con la condición de que se publicara después de su muerte. Pero lo dijo, y no rectificó. Se llamaba Menchu Álvarez del Valle. Fumaba como una descosida, sin hacer caso a los consejos de su nieta, cuyo marido era más tolerante, teniendo en cuenta la edad de la abuela aquel 7 de diciembre de 2019, un mes después de las elecciones generales que dieron como resultado el Gobierno al que ahora quedan dos meses mal contados. Menchu Álvarez había sido toda su vida locutora de Radio Nacional de España en Asturias, y cuando concedió la entrevista en cuestión vivía en Ribadesella, adonde iba de vez cuando la Familia Real española a echarle una vuelta. Sí, la abuela lo era de la Reina Doña Letizia, por parte de madre.

En honor a la verdad, la abuela matizaba que no todos los líderes de VOX le gustaban. Principalmente simpatizaba con Santiago Abascal; otros le parecía que hacían las cosas “regulín”, y hasta habló de “miedo”. Pero la conclusión era la que encabeza este artículo, nada menos. Cualquiera puede oírlo de su boca porque la entrevista está colgada en Internet en versión audiovisual.

En aquel momento, no habíamos llegado, ni de lejos, a donde estamos ahora. Sánchez nos había asegurado que dormía tranquilo, pero ya había hecho de las suyas, y lo que se anunciaba desde Podemos o desde el golpismo catalán no debía dejarle dormir a la abuela de la Reina muy apaciblemente.

La actualidad de esa frasecita hace de ella un vozarrón de ultratumba para una España aún profundamente dividida pero que despierta a ojos vista. Y sobre todo es un zamarreón al partido que reflotó el pasado domingo para que no actúe, en el fondo, igual que el autócrata de La Moncloa. Si yo viniera de las tinieblas del bosque y me encontrara en un claro con un compañero de viaje más bajito que yo, lo último que haría es invitarle a volver a la espesura y quedarme solo con mi estatura. Porque podemos ser muy altos, pero cuantos más ojos amigos dominen mis espaldas, menos probabilidades tendré de que me doblen las rodillas y me vaya al suelo. El PP no debe olvidar nunca que la especialidad de Sánchez —y de algunos de enfrente— es la traición. Nuestra fragilidad es siempre la retaguardia, como ocurría en el colegio cuando formábamos en las filas y nuestro compañero de atrás nos metía las rodillas en las canillas. ¿Recuerdan la sensación de indefensión? Con VOX a su lado, vigilante, el PP dominaría 360 grados. Solo y expuesto además a las puñaladas propias, tiene el peor flanco descubierto. Está muy bien mirar al futuro. Eso da esperanza. Pero siempre está mejor hacerlo tras haber asegurado que la barbarie en la que ha incurrido el Gobierno de España durante estos tres años y medio no volverá.

miércoles, 3 de mayo de 2023

DOÑANA, LA SEQUÍA Y LA IMPREVISIÓN SOCIALISTA

Tengo ante mí el lomo del libro “El mito de Doñana”, pionero en su género y por su temática, en el que el llorado Aquilino Duque describía meticulosa y enciclopédicamente los muchos y variados valores que este humedal encierra. El título era provocativamente equívoco, pues el libro era una defensa ecológica del conservacionismo cuando Doñana era ya un espacio amenazado y mundialmente conocido. Las últimas páginas del libro son un alegato contra la carretera costera Cádiz-Huelva, que nunca se construiría pero que en aquel momento — a caballo entre 1976 y 1977– constituía aún objeto de vivo debate, si bien leyendo las cartas abiertas que iban y venían por ambas partes uno se da cuenta de hasta qué punto las discusiones públicas se han ido hundiendo en el lodo de la zafiedad con posterioridad.

Tras leer el libro del novelista y poeta maldito de la izquierda, lo primero que me asaltó fue la anchura de mi ignorancia sobre Doñana y sus verdades. Cuando un tesoro natural —y cultural, como bien han sabido, por ejemplo Jesús Vozmediano o Javier Castroviejo— como éste se convierte en arma arrojadiza para la política o en objeto de satisfacción de oscuros fanatismos, obras como la de Duque, editada por el Ministerio de Educación y prologada por Miguel Delibes (padre, naturalmente) cobran una altura gigantesca y debelan la gran estafa en la que Doñana se ha ido convirtiendo con el tiempo.

Seguimos sin saber apenas nada de Doñana, más allá de cuatro lugares comunes muy útiles como digo para lanzarlos al mar de la demagogia y dañar al adversario. Si el Gobierno actual se atreviera a hacer lo que llevó a cabo aquél de 1977, pondría al alcance del pueblo soberano este monumental trabajo, eminentemente gráfico, que al menos documentaría a nuestras generaciones actuales y también a las futuras si se distribuyera por los centros docentes y se aleccionara a los profesores acerca de la necesidad que la sociedad actual tiene, especialmente la andaluza, de saber de lo que habla y sobre todo de lo que le hablan.

Doñana —el ecosistema que también está compuesto de seres humanos— es una realidad sumamente compleja, cuya palabra clave es “agua”. La Junta de Andalucía ha cogido el toro por los cuernos y ha puesto encima de la mesa una ley que pretende hacer compatible de manera equilibrada las necesidades de la biomasa con las del uso humano, que pasa, obviamente, por el cultivo de la tierra. Alguien muy vinculado con estas lides y de indudable filiación ecologista me comentaba que resulta indecente echarse encima del Partido Popular porque, junto a VOX, ha afrontado la situación cuando el PSOE, en cuarenta años de gestión, ha sido incapaz de llevar agua a Doñana. 

Y es que las políticas de inspiración marxista siempre son restrictivas, nunca creativas. Su lema es intervenir, prohibir, inhibir. Si no llueve lo suficiente, el sentido común y el del patriotismo sugieren algo muy simple: llevar agua de cuencas donde la hay a otras en las que falte. Es el objetivo de la solución propuesta por los conservadores andaluces. En realidad, debería ser la meta urgente del Gobierno de España. Pero en vez de construir y mejorar pantanos y trasvases, el Ministerio se dedica a destruirlos (ya van más de doscientos eliminados). Analizar las teorías radicales que subyacen bajo estas políticas nos llevaría muy lejos, pero se podrían resumir en la filosofía de concebir al hombre como enemigo de la naturaleza, en una especie de planeta Tierra poblado por una especie humana que ha renunciado a verse a sí misma como “homo sapiens sapiens”. Y ni siquiera podemos decir ya que sea un lobo para el hombre, porque entonces estaría hiperprotegido.

 

sábado, 15 de abril de 2023

LA DESDIGITALIZACIÓN

Y perdonen ustedes el exabrupto, pero los ministros del nuevo orden mundial se emperran en administrar en los bautismos extrarreligiosos los nombres más peregrinos. Leo que el mercado del automóvil —y detrás de él siempre va la industria— comienza a involucionar para corregir el rumbo. Me explico. Al parecer, los clientes de cuantos modelos han invadido los catálogos en los últimos lustros (frenazo pandémico incluido) no acaban de estar contentos con la automatización que la inteligencia artificial (IA para los cursis) ha introducido, también, en los habitáculos automovilísticos. Tanta pantalla táctil, tanta palanquita giratoria de las mil combinaciones, tanto sensor por doquier, o tanto mensaje de voz, agobian. Y el resultado es que un caos sordo se va apoderando del conductor hasta sumergirlo en un letargo muy peligroso: la relajación del rendido.

La conclusión a la que están llegando los sesudos del márquetin es que no hay otro remedio sino volver a los coches preponderantemente analógicos. Como los discos de vinilo o ese inquietante mundo vintage que va ganando plazas en la guerra de los escaparates, por no hablar de los pedidos por Internet. La gente quiere controlar su medio de locomoción, no al revés. Ya suficiente control ajeno tiene que soportar al volar o viajar sobre raíles; incluso cuando el volante del bus lo lleva otra persona, con su mar de contradicciones, disgustos, pasiones y malas noches a cuestas. Queremos saber dónde está cada mando, localizarlo pronto, manejarlo disciplinadamente y asumir nuestra responsabilidad en libertad. Tan simple como llevar un coche y no una nave espacial para la que no estamos preparados y que encima nos cuesta mucho más cara, al comprarla y en averías. Parece mentira que hayamos llegado a esto, a tener que recordar lo obvio. Pero lo cierto es que los gestores de esta estratégica industria ya le han visto las orejas al lobo, porque los coches al alcance de nuestras entendederas —es decir, los desdigitalizados— empiezan a ser los más vendidos. Si a ello añadimos que el mercado de segunda mano cada vez se revaloriza más, probablemente por la misma razón además de por la crisis económica, el futuro, amigos, parece pertenecer a los no nativos digitales. Al menos en cuanto al panorama de las cuatro ruedas.

Ahora voy, brevemente, a lo más importante. Porque tengo para mí que esto de los coches fáciles de conducir no es sino la punta del iceberg. A bote pronto, seguro que a usted se le ocurre unos cuantos “inventos” de los que prescindir es mejor que depender si queremos durar más y vivir mejor. Usted mismo.

domingo, 12 de marzo de 2023

EL COLAPSO

“Cuando dos elefantes luchan, la que sufre es la hierba.” La sentencia me la encontré no hace mucho en la película “Palmeras en la nieve”, de gran éxito en las pantallas patrias. La pronuncia un capataz nativo de la Guinea española refiriéndose, a modo de evasiva, a la disputa entre los partidarios de la colonia y los de la independencia. Confieso que escribir se me hace cada vez más cuesta arriba, inmerso como me hallo —quiero pensar que como muchos de ustedes— en esa enervante sensación de habitar dentro de una escafandra en un paraje donde el oxígeno escasea cada vez más. Desde el 11 de marzo de 2004 —ya ha llovido… en algunos sitios— la política española se ha visto invadida por seres extraños, como alienígenas que en todo caso hablan un idioma propio de especies animales —esto ya no es ningún insulto, sino todo lo contrario— ajenas a nuestra configuración intelectual. Difícil, casi inviable, entenderse con ellos. Luego están los de siempre, los agrupados bajo las grandes siglas del pasado, que curiosamente es remoto en el caso de quienes pactan con los anteriores. Y finalmente, tenemos a los “alternativos”, que hoy por hoy son los que antaño se llamaban conservadores. Para entendernos, los que se congregan bajo las siglas del PP y de VOX.

Muchos españoles percibimos en la boca del estómago que estos últimos, los “alternativos” de hoy, son los únicos que pueden librar a la comunidad nacional de una hecatombe que gana terreno cada día. Pero ambos elefantes —obviamente, de momento, uno mayor que otro— no encuentran espacio para trabajar juntos. Creo, honradamente, que las distancias se agrandan porque uno de ellos, el indudablemente mayoritario, tiene un problema de identidad. Ante la desfiguración del entorno, presa de un pandemónium en el que se entrecruzan los pactos con filoterroristas, la disculpa interesada de los golpistas, la liberación de los violadores y la degradación del ser humano a la categoría de “homicida de ratones” como antesala de la invitación a la zoofilia, sin olvidar la disolución de los sexos y la invitación a la pedofilia, el líder del PP “empitona” una y otra vez al partido que tiene a su lado, no enfrente. Ha señalado el señor Feijoo que el PSOE está sufriendo un colapso. Mejor no hablar de colapsos, señor mío, porque el auténtico fallo general irreversible lo sufren los embriones humanos en el vientre de sus madres cuando, con todas las bendiciones legales, la mano de un hombre maduro y fuerte entra a saco para destruirle. Ése es el auténtico colapso que sufre nuestra política y sus profesionales, militen en el partido que militen si no están dispuestos a evitarlo. Lo demás son coyunturas más o menos dificultosas de las que la izquierda sabe salir mucho más airosa que sus ¿contrincantes?

Podríamos hablar de los otros colapsos, los de las víctimas del terrorismo, o las mujeres violadas que asisten a las rebajas penales de sus agresores, o los niños abusados en la misma situación, o los transexuales arrepentidos que se dan cuenta de haber sido manipulados demasiado tarde. Pero todo eso y mucho más, señor Feijoo, tiene un origen, y el principio se llama aborto. No en vano, fue, junto a la ocupación de la Justicia, lo primero que el Partido Socialista llevaba en su agenda cuando arrasó en el 82 y vuelve a ser lo primero que ha puesto sobre la mesa ahora, tras reconquistar el Tribunal Constitucional, tras trece años sin que los magistrados nombrados a propuesta de ustedes hayan hecho nada por desbloquear una sentencia que el catedrático Andrés Ollero Tassara había elaborado como ponente en términos contrarios a los que ahora han triunfado.

Dice el señor Feijoo que el aborto es un derecho de la mujer embarazada, y precisa, para desmarcarse de la izquierda, que no es un derecho fundamental. Nada de eso se apuntaba siquiera en las resoluciones del último congreso popular, año 2017. Guste o no, lo cierto es que en el actual panorama de la vida pública española (y no sólo, desde luego) el aborto sigue siendo la piedra de toque. No todo es economía, aunque también ésta dependa de los valores morales: la democracia es casi lo mismo que la demografía. Nacer es el primer derecho, y si el principal partido de la oposición no entiende esto, tiene un problema de futuro: saber dónde está de pie. Pelear contra los afines por algo que debería ser el mayor nexo entre ellos —la defensa de la vida humana— es, además de suicida, pisotear la hierba. Y ésta, como la gestación “interrumpida”, no vuelve a crecer donde lo hacía.

 

(Publicado en EL DEBATE el 11 de marzo de 2023)

lunes, 16 de enero de 2023

CALLES PARA DESHONRAR

 Paseo con frecuencia por los alrededores de la iglesia parroquial de Santa Ana, epicentro del arrabal trianero de Sevilla. Pocos enclaves hispalenses reúnen más y mejores títulos de grandeza histórica, desde su fundación alfonsí con el encargo a los monjes cistercienses de las Huelgas burgalesas de imprimir su sello al templo hasta los sones hondos del cante que los gitanos de la Cava elevaban muy cerca de allí. Y pasando por un personaje cimero en el pasado nacional, en tiempos imperiales, que ha perdido una calle por decisión de una panda de indocumentados con mando en plaza. Mateo Vázquez de Leca es un personaje de novela. No en vano, el mismísimo Miguel de Cervantes le dedicó sus epístolas, como mecenas que era de escritores y artistas. Poco conocido hoy, objeto de muy escasos estudios, su figura merece una referencia biográfica muy completa en la página web de la Real Academia de la Historia de San Fernando. Ahí pueden ustedes sondear los orígenes de un trianero de crianza que llegó a ocupar nada menos que el puesto de secretario privado del Rey Prudente, Felipe II.

Hijo de náufraga italiana secuestrada por piratas berberiscos se supone que cuando estaba embarazada de su hijo Mateo —la realidad se esconde tras la recomposición genealógica que mandó hacer el alto dignatario siéndolo ya para ennoblecer su apellido—, otros dicen que su padre fue un canónigo sevillano en cuya casa sirvió la madre, una vez rescatada por el Duque de Medina Sidonia. Lo cierto es que Mateo reveló pronto una inteligencia privilegiada, amén de una ambición sin límites, muy a tono con la mentalidad cortesana de la época. Fue escalando peldaños hasta convertirse en el gran rival de otro hombre fuerte que sin duda resultará familiar a mis lectores: Antonio Pérez. Probablemente fue Vázquez de Leca el que movió los complejos hilos de Palacio para que su enemigo encontrase el triste final que le aguardaba junto a la Princesa de Éboli. Todo esto y más lo tienen ustedes en dicha página, donde comprobarán que cuando los munícipes sevillanos de 1859, bastante más cultos que los actuales, le dedicaron la calle que hasta entonces era conocida como “Del Lado de Santa Ana” sabían bien lo que hacían. Así ha permanecido rotulada durante más de ciento cincuenta años, sin que dictaduras y repúblicas, frentes populares y democracias hayan osado mover ficha… hasta que esta panda de indocumentados, asistidos por concejales del PP y por cofrades, ha decidido que para ponerle una placa de reconocimiento (sin duda merecida) a un párroco muy querido por su feligresía, Don Eugenio, era necesario quitarle la calle al defensor del Dogma de la Inmaculada Concepción. Pero claro, hay en todo esto un dato —puede que entre los promotores del desaguisado haya algún documentado— muy a tener en cuenta. En aquella España de la Contrarreforma, Mateo Vázquez de Leca fue, entre otras muchas cosas, secretario del Consejo de Inquisición para la Corona de Aragón. En cualquier caso, ¿quién fue esta antigualla para seguir luciendo el rótulo de una calle en el corazón de Triana?

El catálogo de su biblioteca es, como siempre, la mejor guía para conocer a este sevillano áureo en la España del Siglo de Oro. Se abrió paso, en un primer momento, a través de las tertulias de su protector, en aquella Sevilla, puerto y puerta de las Indias y receptora de las riquezas de allende los mares. Hoy, un pequeñísimo azulejito, supongo que para utilidad de carteros y repartidores de Amazon, advierte que aquella calle llevó su nombre. Don Eugenio, sin duda, habría estado más satisfecho si el retablo cerámico que le recuerda hubiera convivido con esta gloria de Sevilla, cuya memoria reaparece cuando menos se espera. La reciente exposición sobre el arte del Renacimiento que el Museo de Bellas Artes de Sevilla ha brindado a una muchedumbre de amantes de los pinceles y de las gubias mostraba un cuadro de notables dimensiones en el que aparecía un diálogo de miradas entre Cristo y su Madre en pleno tránsito hacia el Gólgota. La cartela, excelente como todas las de este montaje, rezaba así: “Camino del Calvario. 1583. Scipione Pulzone (Gaeta 1544-Roma 1598). Óleo sobre lienzo. Esta obra, además del artístico, presenta un interés histórico por su valor como instrumento diplomático de los objetos de arte, ya que vino de Italia como un regalo para el ilustre sevillano Mateo Vázquez de Leca, que llegó a ser secretario de Felipe II.”

Como se verá, no era un cualquiera el tal don Mateo. Claro que tampoco lo era, en modo alguno, Aquilino Duque Gimeno, Premio Nacional de Literatura, inspirado poeta y cosmopolita amigo de escritores, que vio la luz primera en una casita de la calle Betis y cuyos ojos se cerraron por última vez sin ver colocado en el lugar el paño de azulejos que el Ayuntamiento de derechas encargara y el de izquierdas arrinconara en un cuarto del Distrito.

Muy cerca de todo esto, había una calle que siempre llevó el nombre, tan lírico, de Cisne. Comunica —la calle sigue existiendo— Rodrigo de Triana con Pagés del Corro. A mi amigo el gran médico y mejor persona José Luis Rodríguez Caballero, que vivía por allí y tiene una calle en Castilleja de la Cuesta, le encantaba pasar por ella y leer el rótulo del nomenclátor, según me contó en cierta ocasión. Pues bien, Cisne ya no se llama Cisne. Ahora lleva el nombre de un orfebre. Es otro caso de un acto de justicia que cae en una injusticia. ¿Por qué arramblar de esta manera con la verdadera memoria histórica de un pueblo? Se podía haber dedicado al orfebre Juan Borrero una placa como la que se colocó en la fachada de enfrente de la misma calle en recuerdo del inefable “mudo de Triana”, sacristán de Santa Ana desde tiempo inmemorial que le gritaba “¡Guapa!” en su jerigonza a la Esperanza de Triana cuando pasaba por allí, bajo las arquivoltas góticas de la iglesia. Pero no. Cuando la izquierda española quiere rendir homenaje a alguien, aprovecha la ocasión para tirar por tierra el arraigo de otro o incluso de un cisne que a buen seguro sirvió para bautizar un estrecho pasaje por la real voluntad del pueblo soberano. Sin intermediarios (lerdos) de partido.

Post scriptum

Un lector más versado que yo en asuntos históricos de Sevilla y su alfoz me corrige, amablemente y derrochando erudición. Al parecer, el Vázquez de Leca que daba nombre a la calle en cuestión no era el personaje al que me refiero en mi artículo, sino su sobrino, de iguales nombre y apellidos, canónigo hispalense y destacado defensor del Dogma de la Inmaculada, que por cierto sirvió para bautizar la muy cercana calle Pureza. Creo que el dato no invalida la crítica, sino que la enriquece. La ignorancia de los ediles supera a la mía, pues la ofensa resulta ahora ser doble. No sabemos a quién le quitaron la calle, si al secretario de Felipe II  o al promotor de la advocación más querida por los sevillanos junto a la Virgen de los Reyes. Pero mejor no levantar la liebre, porque las monjas de la Encarnación pueden resultar damnificadas por la persecución de símbolos callejeros. Ahí lo dejo.