lunes, 13 de abril de 2015

LA ABSTENCIÓN CAMBIA DE BANDO

Al fin lo han entendido. Parece, que nunca se sabe. "El enemigo a batir es la abstención", ha dicho el joven coordinador de la campaña del PP. Al menos parece que están empezando a entenderlo, aunque sea ya muy tarde y ello no quiera decir que vayan a ser capaces de corregir el rumbo.
Amigos y conocidos me preguntan mi opinión sobre los resultados de las elecciones andaluzas y de las encuestas que se van desgranando en este año santo electoral. Ven en mí al periodista que siempre he sido, mal que les pese a algunos de los que se han cargado el periodismo a base de ejercer de comisarios políticos. Como periodista "que no duerme", y no como el profeta que no soy —y menos en mi tierra—, doy mi diagnóstico. Insisto que no es un pronóstico, porque en este sentido uno está lo suficientemente escarmentado.
Para sintetizar y empezar por el final, creo que lo que se está produciendo en España es un cambio de bando de la abstención. La población sociológicamente de derechas está cansada. El último gancho recibido ha sido la traición general por parte del PP a los grandes ideales que llevaban al electorado conservador hasta las urnas. El votante fiel al partido anti-izquierdista es reacio a "movilizarse". De ahí lo fundamental de cuidar ese voto como oro en paño. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho el Partido Popular de Mariano Rajoy desde que llegó al poder con mayoría absoluta. Ya José María Aznar desperdició una gran parte de la oportunidad histórica que le brindó la primera mayoría absoluta de la derecha en la España democrática. Pero lo que ha hecho su sucesor se parece más a un suicidio político colectivo que a otra cosa. La izquierda "pura" —comunistas, para entendernos—se fue alejando de la urnas conforme la idea de revolución democrática se fue desinflando bajo la égida de Felipe González. Zapatero hizo lo que pudo por resucitarla, pero le cogió el dominó de Lehman Brothers y perdió hasta los muebles. Y entonces, la derecha se encontró con su gran baza: la abstención de la izquierda comunista y el cabreo de muchos votantes socialistas.
¿Qué ha hecho Rajoy con todo eso? Echarlo por la borda. Llevado por el miedo —ese gran truhán que malogra vidas y naciones— se ha echado en los brazos del ala "progresista" de un partido conservador. La cuadratura del círculo. Casi todo lo que ha hecho el PP desde el 20-N de 2011 ha sido emular —o mejor dicho, imitar descaradamente— a la izquierda social-comunista. Pero Podemos lo hace mejor, más asambleariamente, más demagógica y radicalmente, con más pureza bolchevique y un jugoso aderezo anarcoide.
En Andalucía, el PP, que ganó las elecciones autonómicas anteriores al partido cortijero, ha perdido diecisiete escaños. ¡Diecisiete! Y la encuesta del periódico felipista —y antipodemista— de este fin de semana lo sitúa ya en el ámbito nacional como la tercera fuerza política. De aquí a las generales, será, probablemente, la cuarta, rebasada por Ciudadanos.
Es obvio que el voto conservador no ha ido a Podemos ni al PSOE en Andalucía. Una parte habrá ido a Ciudadanos, aunque si estudiamos su programa vemos que está más cerca de la izquierda que de la derecha. ¿A dónde ha ido pues la papeleta de la gaviota que se ha perdido? Ya digo: a la abstención. Entonces —se me repondrá—, ¿por qué ha aumentado la participación? No es difícil darse cuenta. ¿Dónde estaban los votos de extrema izquierda antes de Podemos? No desde luego en Izquierda Unida, que no acababa de despegar. Estaban en casa. La abstención ha cambiado de bando. Antes era roja y muy roja. Ahora es azul, y seguramente más azul que antes.
La única "fuerza" que ha apostado abiertamente por los valores de los que ha abdicado el PP es VOX. Pero carece del apoyo juvenil e indocumentado de las redes sociales, del dinero de partidos que ya tienen representación parlamentaria y de la simpatía de las empresas mediáticas, que siempre invierten en el caballo ganador, aunque a menudo se equivoquen. Por si fuera poco, VOX empezó con mal pie, designando candidato a las europeas a un político de la vieja escuela que en cuanto perdió la primera vez se quitó de en medio. Le queda Ortega Lara y poco más. Pero seamos descarnadamente sinceros: ¿Quién se acuerda ya del héroe Ortega Lara? Por supuesto, los que nacieron después del 90, y votan desde el 2008, apenas saben ni quién es.
Ésta es la radiografía de lo que está pasando, según este humilde servidor. Si se fijan, por primera vez desde que las Cortes franquistas aprobaron la ley de reforma política de Suárez-Juan Carlos, los parlamentos adquieren un color monógamo, que recuerda al de aquellos de allende el telón de acero.
Y eso es lo que hay, amigos y conocidos.

Feliz Pascua de Resurrección.

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