jueves, 4 de diciembre de 2014

25 AÑOS POR DELANTE

Son los que nos quedan para alcanzar el pleno empleo, en caso de seguir al ritmo que lleva la economía española. Ajusten las cuentas y verán como es así. En el supuesto, optimista, de que se mantenga la cota mensual de los 15.000 nuevos puestos de trabajo, y si tenemos en cuenta que en la actualidad hay en España cuatro millones y medio de parados registrados, el resultado de dividir esta última cifra entre los quince millares es que nos quedan trescientos meses por delante hasta conseguir que en nuestro país pueda trabajar todo el mundo.
No sé a qué vienen, pues, tantas alharacas gubernamentales y progubernamentales como si estuviéramos en puertas de dejar atrás la crisis del empleo. Mi generación —lo he escrito muchas veces ya— ha estado lastrada por dos lacras: el terrorismo y el paro. Podríamos añadir la inseguridad y la desalfabetización de las masas. Si se fijan, todo está interrelacionado. Y sin embargo, nunca creí que fuera a conocer un  25 por ciento de paro, justamente cuando mis hijos se disponen a salir al mundo a buscar trabajo. Les han robado el porvenir a las nuevas generaciones de españoles que ya ni en Europa van a conseguir una colocación, ni tan siquiera un fugaz contrato malpagado. Esa combinación diabólica de burocracia estatista e imperio de la mentira, de la que tanto han mamado los políticos —corruptos o no— pasa ahora factura cobrada en las carnes de unos nuevos españoles y europeos sacrificados en el ara del progreso. El célebre "cortoplacismo" llega a límites grotescos, como éste de echar las campanas al vuelo porque hemos tenido "el mejor noviembre de nuestra historia". Pues será para esos millonarios que en un año han proliferado un 24 por ciento, porque lo que es para el común de los mortales, ya digo, a esperar 25 años y sobrevivir haciendo cursos de inglés, ciclos superiores de peluquería y otros complementos a sus licenciaturas, sus grados y sus másteres con leche o solos. Y no quiero ni pensar en lo que sucederá cuando se vayan muriendo esos abuelos que sostienen con su pensión a familiares de todas las edades, de sangre o políticos. O cuando la Seguridad Social no tenga ni para pipas.

Instituto Nacional de Previsión, se llamaba el invento cuando yo empecé a trabajar, hace ya, según mi vida laboral, 33 años y la propina. ¡Qué tiempos aquellos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario