lunes, 13 de abril de 2015

LA ABSTENCIÓN CAMBIA DE BANDO

Al fin lo han entendido. Parece, que nunca se sabe. "El enemigo a batir es la abstención", ha dicho el joven coordinador de la campaña del PP. Al menos parece que están empezando a entenderlo, aunque sea ya muy tarde y ello no quiera decir que vayan a ser capaces de corregir el rumbo.
Amigos y conocidos me preguntan mi opinión sobre los resultados de las elecciones andaluzas y de las encuestas que se van desgranando en este año santo electoral. Ven en mí al periodista que siempre he sido, mal que les pese a algunos de los que se han cargado el periodismo a base de ejercer de comisarios políticos. Como periodista "que no duerme", y no como el profeta que no soy —y menos en mi tierra—, doy mi diagnóstico. Insisto que no es un pronóstico, porque en este sentido uno está lo suficientemente escarmentado.
Para sintetizar y empezar por el final, creo que lo que se está produciendo en España es un cambio de bando de la abstención. La población sociológicamente de derechas está cansada. El último gancho recibido ha sido la traición general por parte del PP a los grandes ideales que llevaban al electorado conservador hasta las urnas. El votante fiel al partido anti-izquierdista es reacio a "movilizarse". De ahí lo fundamental de cuidar ese voto como oro en paño. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho el Partido Popular de Mariano Rajoy desde que llegó al poder con mayoría absoluta. Ya José María Aznar desperdició una gran parte de la oportunidad histórica que le brindó la primera mayoría absoluta de la derecha en la España democrática. Pero lo que ha hecho su sucesor se parece más a un suicidio político colectivo que a otra cosa. La izquierda "pura" —comunistas, para entendernos—se fue alejando de la urnas conforme la idea de revolución democrática se fue desinflando bajo la égida de Felipe González. Zapatero hizo lo que pudo por resucitarla, pero le cogió el dominó de Lehman Brothers y perdió hasta los muebles. Y entonces, la derecha se encontró con su gran baza: la abstención de la izquierda comunista y el cabreo de muchos votantes socialistas.
¿Qué ha hecho Rajoy con todo eso? Echarlo por la borda. Llevado por el miedo —ese gran truhán que malogra vidas y naciones— se ha echado en los brazos del ala "progresista" de un partido conservador. La cuadratura del círculo. Casi todo lo que ha hecho el PP desde el 20-N de 2011 ha sido emular —o mejor dicho, imitar descaradamente— a la izquierda social-comunista. Pero Podemos lo hace mejor, más asambleariamente, más demagógica y radicalmente, con más pureza bolchevique y un jugoso aderezo anarcoide.
En Andalucía, el PP, que ganó las elecciones autonómicas anteriores al partido cortijero, ha perdido diecisiete escaños. ¡Diecisiete! Y la encuesta del periódico felipista —y antipodemista— de este fin de semana lo sitúa ya en el ámbito nacional como la tercera fuerza política. De aquí a las generales, será, probablemente, la cuarta, rebasada por Ciudadanos.
Es obvio que el voto conservador no ha ido a Podemos ni al PSOE en Andalucía. Una parte habrá ido a Ciudadanos, aunque si estudiamos su programa vemos que está más cerca de la izquierda que de la derecha. ¿A dónde ha ido pues la papeleta de la gaviota que se ha perdido? Ya digo: a la abstención. Entonces —se me repondrá—, ¿por qué ha aumentado la participación? No es difícil darse cuenta. ¿Dónde estaban los votos de extrema izquierda antes de Podemos? No desde luego en Izquierda Unida, que no acababa de despegar. Estaban en casa. La abstención ha cambiado de bando. Antes era roja y muy roja. Ahora es azul, y seguramente más azul que antes.
La única "fuerza" que ha apostado abiertamente por los valores de los que ha abdicado el PP es VOX. Pero carece del apoyo juvenil e indocumentado de las redes sociales, del dinero de partidos que ya tienen representación parlamentaria y de la simpatía de las empresas mediáticas, que siempre invierten en el caballo ganador, aunque a menudo se equivoquen. Por si fuera poco, VOX empezó con mal pie, designando candidato a las europeas a un político de la vieja escuela que en cuanto perdió la primera vez se quitó de en medio. Le queda Ortega Lara y poco más. Pero seamos descarnadamente sinceros: ¿Quién se acuerda ya del héroe Ortega Lara? Por supuesto, los que nacieron después del 90, y votan desde el 2008, apenas saben ni quién es.
Ésta es la radiografía de lo que está pasando, según este humilde servidor. Si se fijan, por primera vez desde que las Cortes franquistas aprobaron la ley de reforma política de Suárez-Juan Carlos, los parlamentos adquieren un color monógamo, que recuerda al de aquellos de allende el telón de acero.
Y eso es lo que hay, amigos y conocidos.

Feliz Pascua de Resurrección.

viernes, 27 de marzo de 2015

NUEVAS VIVENCIAS EN TORNO A "EN EL ÚLTIMO MINUTO"

"En el último minuto", mi primera película con "proyección" pública, anda con vida propia. No en vano, su tema es ése, la Vida. Se concibió como un canto a la Vida. Se ha gestado como una aventura de vivir. Vio la luz (del proyector) hecha Vida. Y ahora, mediante un curioso mecanismo que para mí ha sido otra sorpresa grata (y van…), sigue dando pasitos y poniéndose trabajosamente en pie.
El sistema es relativamente sencillo, como la historia misma que se cuenta en esos 37 minutos de audiovisual entre dramático y documental. A través del correo de la página web (enelultimominuto.com) o bien mediante el viejo y eterno medio de la comunicación boca-oído, alguien que ha conocido la película se pone en contacto conmigo y me pide una proyección pública. Las últimas, de Año Nuevo para acá, han sido en la hermandad de Montserrat, en la parroquia de San Juan XXIII (hermandad de La Anunciación), que por cierto cumple 50 años; en la céntrica y culta tertulia "La Revuelta" y en el colegio Altair, todo ello en Sevilla. Altair es un centro masculino que imparte desde 1967 enseñanza desde las primeras fases hasta Bachillerato en una de las zonas más deprimidas de Sevilla, entendiendo por deprimida no marginal sino esforzada por trabajadora. Tal vez por eso, la socialista Junta de Andalucía le acosa sin tregua y le ha retirado la subvención hasta que no dé su brazo a torcer y se haga mixto. Pero Altair es una entidad integrada en el Opus Dei, y tal vez sea esto y no otra cosa lo que esté detrás de la presión incesante que le hacía a un alto directivo del colegio pedirme, tras una proyección, que rezara "porque si esto sigue igual, las familias de este barrio se quedan sin colegio. O viene un magnate y lo compra."
Y precisamente al término de esa proyección tuvo lugar una vivencia de las que guardo en mi corazón porque está claro que no son cosa meramente humana. Una mujer joven se me acercó y me dio las gracias al tiempo que me felicitaba. Pero lo más importante es la impresión que dejó en mis brazos con una sinceridad transparente y una sonrisa franca: "Es una película que te mete dentro de la historia y te emociona de principio a fin". Había una punta de humedad en sus ojos. Cuando se marchaba, el representante del centro le despidió por su nombre: "Adiós, Sonia". Me llené de alegría, porque yo hubiera querido saber algo sobre esa mujer y tener alguna referencia de cara al futuro. Como le pregunté con un gesto, él me respondió: "Es una madre del colegio, y ahí donde la ves, tiene cinco hijos". Insisto en que Altair está en un barrio muy modesto de Sevilla, en la periferia, casi en el extrarradio.
Si ese día les pasé la película a los padres de Primaria que a continuación iban a recoger las notas de sus hijos, una semana después volví al colegio para proyectar ante los padres de Secundaria. El ambiente era distinto, más serio y quizás más tenso. Ya se sabe que las calificaciones de esta etapa suelen ser más problemáticas. De hecho, no pudo haber coloquio porque "están nerviosos y ansían conocer las notas". Ese día, la vivencia-regalo de lo alto que recibí fue aún más intensa. Me presentó un profesor del centro, también de edad mediana, coordinador de Secundaria, a quien desde el principio noté algo inquieto. Estuvo a mi lado durante la proyección. Al término de la misma, los padres salieron "en tropel". Pero él se quedó conmigo y "desembuchó" enseguida. Esta vez no era un asomo de lágrimas lo que había en sus ojos, sino un paño que se interponía entre su mirada y la mía. No sabía cómo contármelo. Titubeaba. Iba muy deprisa. Yo andaba recogiendo los cables, pero veía que aquello requería atención. Más o menos, éstas fueron sus palabras: "Es que yo me he identificado completamente con esa historia, porque tengo una hija pequeña que cuando estaba en el vientre de su madre presentó síntomas de acondroplasia (enanismo). Nosotros estábamos locos con la niña. Aquello fue un palo, lo confieso. ¿Y sabes lo que nos dijeron? Pues qué lástima que no hubieran venido ustedes un mes antes, porque podrían haber… abortado. Mi niña es una maravilla. Y ahora la queremos mucho más que si no tuviera ese problema. Por eso, cuando he visto la película… se me ha removido todo."
Le dije que lamentaba haberle traído tan malos recuerdos. Al pronunciar el nombre de la enfermedad, sólo una vez dijo el vulgar, y como metiéndolo entre dos paréntesis muy apretados. Se detuvo cuando tenía que decir "abortar". Yo dije lo que él no era capaz de decir: "matar". No sé si hice bien o no. Pero la vida —¡la Vida!— se te presenta como quiere y tú respondes como puedes.
Ambas experiencias van escoltadas por otras menores (coincidencia con un joven camarógrafo que casualmente es el novio de una actriz de la película, y que fue llevado hasta la conciencia pro-vida por ella, jóvenes universitarias que se prestan voluntariamente a trabajar como actrices en proyectos futuros, la dependienta de una tienda de juguetes y de muebles que me reconoce y felicita, una colaboradora pro-vida que lee espontáneamente en una proyección la carta de una chica que decidió ser madre "en el último minuto"…).
A medida que "evoluciona adecuadamente" el recorrido de nuestra película, voy coleccionando azares que no lo son y de los que repongo energías cuando me faltan. Ellos me animan a pensar que esta película no morirá nunca y renuevan mi esperanza en esos 180 DVDs que están repartidos en lugares que no sospechamos y que tal vez puedan, directamente o por carambolas, salvar vidas.

Por cierto, felicidades a las Lolas.

jueves, 19 de marzo de 2015

SAN JOSÉ, ESE PADRE QUE CRECE

La de San José es una de esas figuras evangélicas que se agigantan en tu vida sin tú buscarlo. En mi caso, tengo varios antepasados y familiares vivos llamados Pepe. No obstante, sospecho que esta corriente de simpatía y devoción viene por otros caminos. Es la paternidad lo que me subyuga de este titán de la fe, el primer mortal nacido con mancha de pecado original que creyó lo que ninguno de nosotros —y hoy menos que nunca— aceptaría. Tras Abraham, él fue el patriarca más entregado a la fe, y también la primera cuna (o la primera cruz, según se mire) para el Salvador, ese hijo de su alma ya que no de su cuerpo.
En Sevilla tenemos una iglesia, comprada por Mateo Alemán —el autor del Guzmán de Alfarache— cuando era hermano mayor de la cofradía del Silencio, en la que hace muy pocas fechas se celebraba el aniversario de un voto concepcionista que está en el origen de la corporación. La fiesta consistía en un concierto de música sacra barroca. Mientras sonaban Bach, Haendel o Haydn, mis ojos, que no podían atisbar al coro intérprete, se desviaban una y otra vez hacia un altarcito situado a mi lado. Allí estaba San José en la tradicional postura de llevar al Niño Jesús de su mano. Su mano… el punto de atraque de aquel infante divino que siempre se representa vuelto hacia su padre y como preguntando insistentemente, que es el oficio de los niños. Conservo una fotografía del día en que hice mi Primera Comunión, que siempre me recuerda a San José y el Niño. Vamos ambos por la acera, a pocos metros de la iglesia donde sigo yendo a misa. Ando yo enfrascado en una conversación muy animada, vestido de fraile y cogido de la mano de mi padre. Aquella mano… anclaje de mi escaso puñado de certezas.
Sí, San José es nuestro padre, el confidente, el orientador, el puerto de abrigo frente a los vientos cambiantes de una vida a menudo amenazada. Santa Teresa fundaba siempre bajo su patronazgo, empezando por aquel convento en miniatura donde empezó su revolución en Ávila. Loado sea este personaje que dio nombre a mi colegio y que nos lleva de la mano como hizo con Aquel a quien a buen seguro tomaría en sus brazos nada más nacer.

miércoles, 25 de febrero de 2015

DÍA DE LA IZQUIERDA ANDALUZA

Marchando una de estadísticas veraces y significativas. Se aproxima la celebración del puente de Andalucía, que ésta es la verdadera fiesta porque los festivos en la enseñanza andaluza van a ser cuatro, de modo que el profesorado esté contento y los niños para qué te cuento. Y cuatro días de puente con buen tiempo dan para mucho. Incluso para pensar, aunque sea viajando. Sí, he dicho cogitar, como si fueran cuatro jornadas de reflexión para celebrar lo que está decretado que se conmemore. Y, ¿qué mejor que hacer un poco de historia verdadera para saber al menos algo de lo que este colosal puente de cuaresma y carnaval juntos supone?
Sigo a la wikipedia, para resultar modernito y eso. El 28 de febrero de 1980 (veinte añitos tenía yo y todavía me creía muchas cosas) se llevó a cabo un referéndum que, según recuerda la wikipedia, el Gobierno de la UCD (entonces el único existente en aquella España aún no fragmentada en taifas) rechazó bajo el lema (Lauren Postigo dixit) "andaluz, éste no es tu referendum". Esto no lo dice la wikipedia pero lo recuerdo yo como si fuera ayer. Se trataba de discernir (sic) si los andaluces querían la autonomía por el 151 o por el 143, lo cual parecía más bien el cuestionario de un examen de oposiciones sobre el temario de las mismas. Si a ello añadimos el texto de la pregunta ("¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?"), tenemos las oposiciones completas.
Sabido es que el pueblo andaluz, "abrumadoramente", dio su apoyo plebiscitario a la gran oportunidad histórica, tan ansiada durante las cuatro décadas de oprobio que habían precedido, de acceder al autogobierno al que tenía derecho en virtud del "hecho diferencial", el cual aún no sabemos en qué consistía aunque el actual presidente del Gobierno de España ha hablado de corrupción.
Dice también la wikipedia, y es palmario para quienes conocimos aquellos acontecimientos, que el referéndum no era más que una tapadera para adueñarse del poder en Andalucía. La izquierda deseaba imponer el artículo de la vía rápida, para situarse al nivel de Cataluña, País Vasco y Galicia, las regiones que habían visto aprobados sus estatutos durante la II República. Unión de Centro Democrático —no digamos nada de Alianza Popular— sabía que eso era tanto como entregarle a la izquierda las llaves de Andalucía, la región más poblada y por tanto con mayor peso demográfico de España, y que quien da primero da dos veces (en el caso andaluz, da para siempre, como hemos visto durante 35 años).
De modo que el 28 de febrero de 1980 lo que se ventiló en las urnas, mediante consulta tan directa como aparentemente inescrutable, fue si el feudo andaluz que prefiguraba la Constitución era para los conservadores moderados, que hasta entonces habían ganado las elecciones generales en Andalucía, o para el PSOE y el PCE, que acaparaban, junto al Partido Socialista de Andalucía (el único verdaderamente andalucista) la opción por una autonomía rápida. Fueron estos partidos los que reivindicaron hasta la saciedad el referéndum. Y los que lo ganaron. ¿Por arrolladora mayoría? ¿Fue tal el respaldo popular en Andalucía que justificara declarar aquella fecha como el día de la Comunidad? Veamos.
Vuelvo, para no abandonar la modernidad, a la wikipedia. Estos son los datos, andaluz por andaluz. Sobre un censo de 4.430.356 ciudadanos con derecho a voto, ejercieron el mismo 2.843.820. De ellos, lo hicieron afirmativamente —pronunciándose a favor del artículo 151— 2.472.287. Por el contrario, votaron en contra 152.438. En blanco se depositaron 200.210 sufragios, y otros 12.576 fueron declarados nulos. Hasta aquí los números. Pero lo importante, lo que ha determinado toda una generación de política andaluza, son los porcentajes. Son éstos: Votó un 63,83 por ciento de la población electoral. Es decir, que se abstuvo un 36,17 por ciento. De ese 63,83% que se acercó a las urnas, un 55,42 por ciento llevaba un voto favorable al sí, mientras que un 3,41 se opuso y un 4,48 votó en blanco. Otro 0,47% vio anulado su voto.
¿Por qué es trascendental la participación, así como los votos en blanco? Pues porque la UCD, que ganaba —repito— las elecciones generales en Andalucía (no así las municipales, razón que estaba detrás de que el referéndum se celebrara porque el 97 por ciento de los ayuntamientos andaluces lo reclamó) había pedido la abstención o el voto en blanco. Así de sencillo. Como transparente es que si a la abstención sumamos el porcentaje —ojo, sobre el censo— que representaron los votos en blanco y los votos en contra, nos encontramos con el bonito fenómeno político de que lo que se celebra el 28 de febrero de cada año, con puente incluido, es la victoria del sí en el referéndum de autonomía por un 51,47 por ciento de mayoría sobre el censo electoral andaluz. Así son las cosas. La fiesta institucional (¿o nacional?) que regula la Junta de Andalucía sólo sirve para ese 51,47 por ciento de los andaluces, no para el 48,53 por ciento restante, que no tiene —tenemos— nada que celebrar. Es lo que los expertos en demoscopia llaman "empate técnico", dada su "volatilidad".
Se me dirán… muchas cosas. Que no es válido extrapolar datos de hace 35 años a hoy (entonces, ¿por qué celebramos aquel referéndum?), que esos datos no restan legitimidad a la consulta (ni yo lo niego; lo que rechazo es que se pueda elevar al rango de efeméride institucional lo que no fue más que una elección partidaria que marcó el futuro de muchos andaluces y españoles, porque desde entonces las elecciones generales se suelen llevar a cabo el mismo día que las andaluzas)… Pero lo cierto, amigos míos, es que la manipulación histórica es de libro, y, por supuesto, lleva marchamo rojo.
Por si hubiera alguna duda razonable sobre el carácter totalizante de la maniobra, el dogma se introdujo pronto en todas las escuelas de Andalucía, dando lugar, mediante órdenes ejecutivas, a una serie de actividades especiales de fuerte sabor nacionalista y desde la más tierna infancia, que además brillan por su ausencia en lo referente al hipotético "día de España". ¿Qué decir de lo que aprenden nuestros hijos en sus libros de texto? Y pobres de los padres que intenten apostatar de la fe veintiochofebrerista…
Adolfo Suárez, adalid de la cruzada anti referéndum, el mismo con cuyo nombre el tándem PSOE-IU o IU-PSOE que tanto monta, en el Ayuntamiento de Sevilla, ha rotulado la avenida de Carrero Blanco (valedor, por cierto, de Suárez) para dársela a su sucesor recientemente fallecido, se sinceraba durante una gira por Iberoamérica ante una periodista, cuando ya barruntaba su dimisión, que "quien ha acabado con mi carrera política ha sido Andalucía". Si hemos de recuperar la memoria histórica, recobrémosla entera, no a retales según el gusto de quien corta la tela. Y éstos son los hechos que ya nadie nunca podrá cambiar.

Por cierto, ¡Viva Andalucía española! (¿Les suena?)

lunes, 16 de febrero de 2015

LOS EMBOZADOS Y FRANKENSTEIN

Hay un motivo, uno solo, que explica cuanto está pasando en los países del sur de Europa, especialmente el nuestro con lo que podríamos llamar "el misterio Podemos". Para ceñirnos a la experiencia española, podemos decir que fue terminar la dictadura —o quizás antes— y entregarse la nueva clase política "democrática" a la sistemática y tenaz tarea de cultivar la frustración en el electorado. ¿Recuerdan los 800.000 puestos de trabajo? Su autor intelectual acaba de jubilarse como parlamentario, en medio de un aura de santidad laica del que ha participado fervientemente la derecha. ¿Qué decir del "OTAN, de entrada no"? O del "se pudrirán en la cárcel", por parte del mismo que acaba de rechazar el simulacro de cadena perpetua pactado por su partido. Esto, por referirme sólo a algunas graves cuestiones que se me vienen a la cabeza.
La historia de la democracia en España es la de un gran engaño. Casi nada de lo sustancial prometido ha sido cumplido. La sensación sembrada en la sociedad es la de que se le ha tomado el pelo una y otra vez. ¿Es extraño que surja un tumor en el margen de la pantalla? Naturalmente, el margen es siembre el siniestro, faltaría más. Cuarenta años de Podemos escorado hacia la derecha tienen que producir otros tantos de inclinación arbitraria hacia el lado contrario. La "casta", que por supuesto existe, ha ido agotando todos los márgenes de confianza que la ciudadanía española ha ido depositando en ella con paciencia digna del santo Job. Lo último, el cartucho quemado que ha dado a Podemos la mano de la hija casadera en las tres bodas electorales próximas, ha sido la abdicación del principio sagrado de la vida o lo que es lo mismo, la reconducción legislativa para que el aborto deje de ser un derecho. La burla de los impuestos aún pudo encontrar alguna disculpa (los trucajes contables del Gobierno anterior, etcétera) pero en punto al aborto sólo cabe responder con las palabras de Gallardón: "¡Qué asco!". Son los que podríamos denominar "embozados", porque siempre nos han ocultado su verdadero rostro.
El viaje del Partido Popular a ninguna parte —ese centro que siempre se escapa hacia la izquierda hasta llegar a manos de los extraparlamentarios— ha creado el apagón final de la gran comedia. Ni la gente encuentra trabajo ni cree ya una sola palabra de cuanto le digan ni el PP ni el PSOE. De modo que Podemos se revela en realidad como un efecto científicamente inevitable de este diabólico juego de física mecánica que aburriría al mismo Descartes.
Muchos, generalmente de estirpe marxista, se escandalizan de este fraude político y de que los beneficiarios sean, según ellos, una panda de jovenzuelos (o cosas peores) indocumentados. Aquí viene la segunda parte del experimento de laboratorio que está a punto de rebelarse contra todas las normas de seguridad del sistema. El proceso regulador de la educación en España es, desde la Ley General de 1970, una especie de construcción del Frankenstein que ahora cobra vida propia y se dispone a destruir a sus creadores. Tras un siglo de Plan Moyano, aquel ministro de la Restauración que diseñó el Bachillerato en el que nos formamos "los últimos de Filipinas", Villar Palasí sucumbió a los cantos de sirena del mayo del 68 —y sus ecos en las universidades españolas— trazando una planta nueva, más igualitaria y universal, menos elitista y selectiva. Pero este programa podía servir para desarrollar España  si no en el terreno cultural sí en el económico. Todo se vino abajo sin embargo con la LODE de Maravall, es decir con los aires revolucionarios de aquellos jóvenes del "Podemos" que tumbó a la UCD poniendo así fin a la "guerra civil" light que fue la transición. Felipe González pudo dictar el 29 de octubre de 1982 un parte que dijera "cautivo y desarmado el postfranquismo reformista, las huestes socialistas han alcanzado sus últimos objetivos. La transición ha terminado".
Después vino la LRU, con la que los "penenes" desterraron a los catedráticos y se apoderaron de la universidad española, abriendo la caja de pandora que sigue hoy soltando truenos (recientemente, verbi gracia, un cartel anunciaba la proyección de un "documental" en la línea de Podemos, organizada por las Juventudes Comunistas de Andalucía en la sede del Consejo de Alumnos de la Universidad de Sevilla).
Ya cerrada la tenaza por arriba y por abajo, todo era cuestión de devorar el relleno del emparedado: la enseñanza media, el gran logro del franquismo. Y se pusieron manos a la obra, dando al BOE una LOGSE que supuso el final de la obra demoledora emprendida por los protosocialistas del franquismo.
En suma, todo el sistema educativo español es de cuño socialista (no olvidemos que la LOU de Aznar quedó finalmente irreconocible y que su ley de educación apenas entró en vigor) desde el año 1990, con publicación de la LOGSE. Los chicos de Podemos son criaturas plenamente logsianas, y sus mentes piensan lo que se propusieron aquellos socialistas triunfales de una era que no parecía acabar nunca y que hoy hace aguas por todas partes. El profesor que deconstruyera a Moyano para instalarle un cerebro de Frankenstein, es ahora víctima de su artefacto. No hay nada extraño en todo esto. La historia está filmada desde hace muchos años.

jueves, 5 de febrero de 2015

CINE ARTE-SANO Y DILETANTE

Como soy un negado para todo lo que huela a palomitas devoradas al compás de un cine sin enjundia, no sabía hasta ahora qué es un "blockbuster". A lo mejor ustedes tampoco. Es lo que antes se llamaba una superproducción, pero con más marketing. Suenan cantos de sirena para su contrapunto, el cine independiente —¿Ah, pero lo había?— en nuestro país. La entrega incondicional a la subvención pública tiene estas cosas, que desaparecida la conveniencia política, te quedas como una colilla en una cuneta.
Por eso cada día estoy más feliz de haber emprendido el camino de "Pamarbea", una marca registrada detrás de la que no hay empresa ni infraestructura ni negocio. Sólo amor al arte y gratuidad en el servicio a una causa. De momento, nuestro "móvil" es la lucha por la vida de otros, de los más pobres entre los pobres, de los que carecen de voz y de todo: los no nacidos. Ellos son los héroes de "En el último minuto". Ellos en su silencio, y una muchacha llamada María (Pilar Domínguez) en una formidable interpretación que sigue arrancando una lagrimita de quien suscribe cada vez que ve la película.
Redacto estas líneas como un reportero de los antiguos, de esos que no sabían qué iban a escribir hasta que sonaba el timbrazo del taller avisando de que era "la hora". Y entonces, las ideas tomaban forma y lenguaje con el ímpetu de una cascada. Con esa frescura quiero poner al día a nuestros seguidores del camino que va recorriendo "En el último minuto", ese milagro por la gracia de Dios que ha nacido sin dinero y sin dinero pervive, con mejor salud cada día.
En la página web (enelultimominuto.com) se van colgando fotografías de cada proyección. Puedo decir que no he pedido ninguna (algunas que sí las he solicitado no han encontrado eco). Se trata de proyecciones que han venido a mí, merced al célebre "boca-oído", si bien María de los Ángeles, la colega que se ocupa de lanzar las convocatorias, hace bien su faena para darle algo de notoriedad a una película sin publicidad y sin premios (de momento).
Desde su estreno, el 25 de junio pasado, hemos salido —insisto que sin buscarlo— a casi una proyección mensual: La hermandad de La O (10 de octubre), Pro Vida de Mairena del Alcor (21 de octubre), las Jornadas de Apostolado Seglar (Plaza de San Francisco de Sevilla, 24 de octubre), la hermandad del Santo Entierro (12 de diciembre), la hermandad de San Esteban (13 de diciembre), y la hermandad de Montserrat (9 de enero). Si echamos una cuenta aproximada de cuántas personas han asistido a las proyecciones, y teniendo en cuenta que en Bormujos al estreno fueron unas 400, tenemos que nuestro mediometraje, tan modesto, ha tenido ya alrededor de 600 espectadores. Añadamos los que han podido ver el DVD y la cifra puede llegar fácilmente al millar.
Todo eso, repito, sin más dotación presupuestaria que lo que una familia de cinco miembros con su padre, que soy yo, en paro, ha podido aportar.
En puertas tenemos varias proyecciones más, lo que supone que hasta el próximo verano, si Dios quiere, podremos haber mantenido el ritmo de una al mes. Y en todas ellas se ofrece el DVD para que la historia perviva en las casas, las hermandades, las asociaciones o los colegios, aunque éstos últimos parecen algo remisos. De momento, están confirmadas dos exhibiciones (entrada libre) para el mes de febrero: El día 19, a las ocho y media de la tarde, en la sala "La revuelta" (calle Siete Revueltas 33 de Sevilla), y el 27 a la misma hora, en la parroquia de La Anunciación de la barriada obrera de Juan XXIII, en acto organizado por la hermandad de La Anunciación. Ni que decir tiene que la película da pie a coloquios de enorme interés que vuelven a servir para cobrar ánimos unos de otros y darnos cuenta de que no estamos ni mucho menos solos.
La vida se abre paso, pues, y el cine arte-sano y diletante, también. Lucho por mantener viva la llama, y por seguir haciendo películas con valores y en libertad. Desde aquí hago un llamamiento a los miembros del equipo de "En el último minuto" para que estén prestos, porque ya hay nuevos guiones en marcha.
El reportero, que se siente joven aunque "los medios" hayan prescindido de él, tiene el placer de dar a conocer una nueva noticia triunfal: La Biblioteca Nacional —¡nada menos!— se ha interesado por la película y el making off. Esta misma mañana ha recibido una copia la jefa de Servicio de Audiovisuales, doña Alicia García Medina, a quien aprovecho para agradecer su interés en orden a que la alta institución cultural hispánica cumpla su misión, consistente en —son palabras textuales suyas— "la preservación de la producción intelectual que se produce en España entre la que se encuentran los audiovisuales". De esta forma, "En el último minuto", y todos los que figuran en sus títulos, estarán desde ahora en el Catálogo de la Biblioteca Nacional de España, gozando de difusión "a nivel mundial" (vuelven a ser palabras suyas).
Así que enhorabuena, amigos de "En el último minuto", porque se van abriendo unas puertas muy serias, y todo es gracias a Dios y a vuestra labor. Sólo os pido que no abandonéis nunca a la película y que conservéis intacta la ilusión de seguir trabajando por la verdad y por la justicia… con arte (el séptimo, para más señas).

Agrego una anécdota. La noche en que vi en una gran pantalla proyectada la cinta en la Plaza de San Francisco (lugar más sevillano imposible), me acordé del primer equipo de Súper-8 que tuve. Me lo compró mi padre a muy pocos metros de allí, en la tienda Bovis de la calle Sierpes (casi enfrente de la librería San Pablo, donde hoy se venden los DVD). Era un proyector Eumig, mudo, un tomavistas Bell&Howell y una empalmadora de acetona. Recordaba también que junto a las máquinas me regaló —Dios lo tenga en su Gloria— una película sobre las fiestas primaverales de Sevilla. Yo tenía doce años y unas ganas como las de ahora de hacer cosas. La verdad es que no hice muchas (la procesión de la Virgen de los Reyes, un jardín mágico que tenían unas tías mías en la calle San Vicente, con una Rima de Bécquer de voz en off, y la playa de Valdelagrana en El Puerto). Las conservo como oro en paño, y a veces me quedo mirándolas como un tonto, como el director de "Cinema Paradiso" en la escena final de los recortes censurados con los besos. Aquel equipo fue para mí una fuente espectacular de gozo. Y esa noche estaba yo viendo mi primer filme allí al lado, en público, escaso es cierto. Era todo como un sueño, algo muy parecido a la gala de Bormujos. Por cierto, que en la plaza de San Francisco estaba también Guiamo, la tienda donde compré un proyector manual de diapositivas, que guardo, con el primer dinero que gané: seis mil pesetas por tres meses de informativos en la radio, hace ya la friolera de… ¡Qué cosas!

lunes, 26 de enero de 2015

PEATONES MULTADOS

La Dirección General de Tráfico parece empeñada en acabar siendo una dependencia más de la Agencia Tributaria. Lo último ha sido —algunos ya nos lo temíamos— la ocurrencia de la señorita que la encabeza de multar a los peatones que circulen a velocidad excesiva por la vía pública. Hace algún tiempo que nos vigilan con helicópteros, amén de los ya tradicionales radares, fijos y móviles. Aún está fresca la reforma que nos prohibe utilizar los detectores —no inhibidores, lógicamente prohibidos desde siempre—, aunque lleváramos años con ellos en la guantera, y bien caros que nos costaron. El estreno más reciente quizás sean los tramos de velocidad controlada, ésos que leen tu matrícula a la entrada y a la salida para calcular tu velocidad y que te sancionan en segundos, vía León, donde Zapatero puso el centro nacional —aquí sí hay centralismo— automatizado para que todo fuera sobre ruedas y los presupuestos del Estado engordaran sin intervención humana alguna, como en la Guerra de las Galaxias.
Y ahora, a por los peatones. En un delirio atentatorio del idioma español, se habla en el proyecto de conducción temeraria del vehículo (sic) y otras lindezas propias de la sutileza con la que la DGT suele deslizarse. Cómo será la cosa, que el Consejo de Estado —donde Zapatero, Teresa de la Vega y otros prohombres y promujeres de la cosa pública perciben suculentos emolumentos— ha elaborado algo así como una invectiva entre lingüística y física que equivale a una refutación airada, como hacían antaño los curas con el exámenes descarados de los zoquetes.

En petit comité, hablábamos hace tiempo, al hilo del "progreso" consistente en perseguir al conductor —o al fumador— de que llegaría el día que nos cobrarían por respirar. Estamos en puertas, amigos. Mientras tanto, pongan mucho ojo al hacer footing —algo que a mí, como objetor, me revienta—, y supervisen bien el cacharrito del brazo, porque cualquier día le escriben desde León, con membrete DGT, dándole un tironcete de orejas (y de bolsillo) de nada. Para que aprenda, no vaya a ser que sea crea un peatón con derecho a usar libremente sus piernas vehiculares.

PERIÓDICOS MALESCRITOS

Existe un  gran revuelo en torno a los supuestos restos de Miguel de Cervantes en las Trinitarias de Madrid. Con Cervantes ocurre como con Shakespeare, y en general con todos los escritores que han sido buques insignia de las letras nacionales en cualquier país: que todo el mundo los cita y son de sobra desconocidos. Empezando, claro está, por el guardia que suscribe.
Leo la noticia necrológica sobre don Miguel en los diarios digitales, o mejor dicho en las ediciones digitales de los diarios, que es cosa distinta. Y me sorprende tanto culto al tópico, tanta veneración de los aspectos más espectaculares de los asuntos culturales en un medio que se caracteriza por su monumental desprecio al lenguaje. Será por deformación profesional, pero lo cierto es que cada día me duelen más los ojos de fijar la vista en las erratas de todo tipo —sí, también faltas de ortografía, pero sobre todo de sintaxis, es decir de semántica— que "adornan" las páginas web de los periódicos con creciente y alarmante frecuencia y gravedad.
El factor "continuidad" que constituye el gran rasgo diferenciador de la Prensa electrónica ha desprovisto al producto de estabilidad, y con ella de ese respeto reverencial que la letra impresa inspiró siempre. Cuando se imprime en papel, eso queda, para bien o para mal, en las hemerotecas, y durante veinticuatro horas es imposible enmendar algún error de bulto. En Internet, todo tiene el valor no ya de lo efímero sino de los instantáneo. No quedan huellas, a no ser que, como yo, el curioso lector tenga a mano una cámara para inmortalizar el hecho mediante el consabido "pantallazo". Voy acumulando, como los antiguos hacían con los recortes, una colección de memorables deslices que dicen mucho acerca de la falta de atención que ponen mis colegas en su trabajo. O tal vez de la ignorancia. O de ambas cosas de consuno, que suele ser lo más habitual.
Las primeras mil veces, lo pasas por alto, en consideración a las prisas, de las que yo he sido también rehén durante toda mi vida profesional. Después ya digo, empieza a zaherirte más allá del nervio óptico, en el reino de los pensamientos, y eso me parece cada vez más sagrado, siquiera sea porque se va quedando desierto y porque en él radica la libertad personal.

En suma, más cuidado, compañeros, que a este paso lo que le falta por recorrer al sector hacia su cadalso lo váis a resumir en pocas —y muy mal escritas— líneas.

martes, 13 de enero de 2015

LA FRUTA MADURA

"El primero de los derechos humanos es la libertad de no tener miedo. No tengáis miedo" (Rudolph Giuliani)

Lo cuenta Oriana Fallaci en su libro "La rabia y el orgullo", que recomiendo vivamente a todos en estos momentos críticos para Europa. El entonces alcalde de Nueva York lo dijo dirigiéndose a los equipos de rescate y reconstrucción de la zona cero donde yacían los restos de miles de víctimas del ataque a las torres gemelas. Era una reacción valerosa en tiempo real al gran desafío terrorista. Y los Estados Unidos resurgió de las cenizas, respondiendo al reto con ese ánimo que sólo la joven nación americana es capaz de imprimir a sus gestas. Porque la verdad—lo escribía obsesiva y tenazmente la periodista italiana en 2002—es que Europa está muerta. Mucho más hoy que entonces, más cautiva de sus propias automutilaciones en primer lugar y de la nueva invasión islámica después.
Algunos, pocos, llevamos mucho tiempo clamando por la natalidad en Europa. Y la primera forma de natalidad debería ser desechar el aborto. Pero nuestras prédicas caen, sistemáticamente, en saco roto. Así, no es extraño que los musulmanes, mucho más conscientes que nosotros de lo que procrear supone para la autodefensa, estén pasando a la ofensiva, porque nos ven débiles, y probablemente lo somos.
En primer lugar, como digo, demográficamente. Pero también en otros aspectos, en el famoso "desarme moral" al que los europeos vienen asistiendo desde hace décadas sin hacer nada por evitarlo. Partiendo de la complejidad de todo esto, que reconozco sin paliativos, existe un mal de fondo que da impulso a cualquier elemento extraño que venga a perturbar nuestra "paz social", y es el profundo anticristianismo de todas las tendencias ideológicas contemporáneas en Europa. ¿Por qué esta animadversión, un tanto patológica? Habría que bucear mucho y no es éste el espacio más apropiado para hacerlo, pero sí podemos aproximarnos al concepto de irreverencia como origen de no pocos problemas que ahora afloran con virulencia.
La revista masacrada en París gusta de esa transgresión, como tantas otras corrientes actuales. Da igual que se cebe con el Corán o con la Biblia, lo cierto es que desde el hagiografiado mil veces mayo del 68—el verdadero punto de lanzamiento de esta manía denigratoria de las religiones—la izquierda europea (que ya ocupa casi todo el espectro político parlamentario) disfruta hiriendo cuanto huela a trascendencia, al igual que le encanta humillar a todo lo anterior a sí misma.
Lo cual no significa, en absoluto, que nadie tenga derecho a tocarle un pelo a nadie. Lo único que afirmo es que todas las violencias no son físicas, y que a veces las morales resultan al menos tan dañinas como aquéllas. Criticar no es ofender. Satirizar, a veces, sí. ¿Se debe ser libre para escarnecer? Lo dudo. Pero en todo caso deberían haber sido las autoridades legales las que pusieran dique a las injurias, no—obviamente—una panda de criminales armados.
Por otra parte, a la presión de culturas extrañas se resiste con las culturas propias, nunca con la misma agresividad que practican los nuevos cruzados medievales de la Media Luna. Europa renunció—en contraste con USA—hace ya mucho a su identidad. También lo recordaba hasta la saciedad la Fallaci, atea militante, desde su exilio neoyorquino. Y el desastre, en mi opinión, tiene ahí su raíz, en la dejación irresponsable de los mismos que el domingo se manifestaban contra el terrorismo islámico. Ellos han conseguido, a base de nihilismo, dos cosas: abrir de nuevo la puertas de Occidente al imperialismo mahometano y degradar de tal forma la política democrática que sólo el extremismo rojo—de momento—parezca tener futuro.

Pero esto es materia de otro artículo.

lunes, 22 de diciembre de 2014

VIVENCIAS DE UN CINEASTA PRINCIPIANTE

Tengo que confesar que de cuantas proyecciones de "En el último minuto" se han celebrado hasta ahora, estreno aparte, la que acabamos de tener en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, organizada por la Hermandad del Santo Entierro de Sevilla ha sido la mejor. No sólo por la asistencia —unas sesenta personas— sino por la calidad del acto, conducido por el hermano mayor, José María Font, y en el que han estado presentes, codo con codo, la actriz (y farmacéutica) Pilar Domínguez y la luchadora incansable pro vida Belén de la Concha Castañeda. Pero también las intervenciones del público fueron valiosas. Uno de los activos más entrañables de esta película hecha sin presupuesto ni ayudas de instituciones públicas ni privadas ha sido eso precisamente, que todo se ha hecho sin alharacas, sin pedantería pseudointelectual, sin esnobismo. El glamour que ha habido —y lo ha habido— ha sido natural, espontáneo y, permítaseme la expresión, humilde. Por eso en ese acto flotó el encanto de lo sencillo y complejo a un tiempo, de lo que huye de lo pretencioso, de lo auténtico, en una palabra.
Y de lo "lego". Ninguno de los que hemos confluido en esta película somos profesionales, y eso se nota en los defectos técnicos, pero también en las virtudes de fondo y forma. La entrega generosa ha sido el armazón de la obra, y eso, en un mundo tomado por el egoísmo, la hipocresía y el sentido mercantil de la vida, se agradece siempre.
Durante dicha cita y la del día siguiente en la Hermandad de San Esteban desgrané ante nuestra "audiencia" —yo prefiero decir auditorio— unas cuantas vivencias de director novato que quiero dejar aquí fijadas. Engarzan con otras que ya he contado en esta página y en la web de la película (www.enelultimominuto.com). El hilo conductor es, como saben quienes de una u otra forma estén vinculados con nuestra aventura, la gracia de Dios, la Divina Providencia, que no nos ha abandonado en ningún momento, hasta el punto de que buena parte de "En el último minuto" debería llevar su firma en los títulos de crédito, si no fuera meternos en camisas de once varas.
Hay, concretamente, dos "casualidades" que quiero confiar a mis lectores. Ambas afloraron en la fase de montaje. Es decir, mucho tiempo después de que fueran rodadas, y más aún de que fueran escritas las escenas en cuestión. En los dos casos, la mano que todo lo rige (siempre viene a mi recuerdo el símbolo que aparece en los ábsides románicos) nos sale al encuentro con una evidencia incluso mayor que si la viéramos en imágenes.
Si se fijan, cuando Belén cuenta a María (Pilar) su experiencia en Pro Vida, hay en el centro, al fondo, una madre sentada junto a su hijo pequeño. Ambos están de espaldas (obligado, puesto que eran dos desconocidos para nosotros). Durante la conversación, las voces del niño son como una banda sonora de fondo. En un determinado momento, el pequeño arroja al suelo un juguete. Su madre se levanta y, de camino que recoge el objeto se dirige con su hijo adentro del bar para abonar la consumición. Todo eso va sucediendo a lo largo del diálogo, que se divide en varios cortes. Finalmente, madre e hijo salen y se marchan.
Cuando monté dicha escena, estaba tan pendiente de lo detalles de la "acción principal" que ésta secundaria se me pasó completamente. Hasta que, ya terminada la edición, revisé el material relajadamente. Y entonces surgió ante mí la maravilla. Era perfecto. Como que no lo habíamos preparado nosotros. Alguien había puesto a esa hora y en ese lugar esa estampa insuperable de maternidad, entre las dos caras que ocupaban el plano destacado y que hablaban de lo mismo: el amor madre-hijo. ¿Casualidad? Venga, hombre…
La segunda "intervención" providencial está colocada antes en la película. María se debate en un infierno de tensiones interiores. No quiere abortar, pero ¿cómo salir adelante con su hijo? Por otra parte, le ponen tan fácil hacerlo… Ha pasado por el abortorio y va a ayudar en el montaje de los pasos de su cofradía, La O de Triana. Lo primero que hace es irse directamente al Sagrario. Se arrodilla en el reclinatorio y reza, igual que lo podría hacer cualquier otra chica en su lugar en cualquier momento. Contempla a la Virgen, que está vestida de hebrea sobre el Tabernáculo. Es una dolorosa, como ella. Y sufre. Sufre con una angustia más punzante que en cualquier otra situación penosa de su corta vida. Implora, entona una plegaria interior, piensa y llora. La cámara recorre la imagen de Nuestra Señora desde la cabeza hasta su vientre. Y he aquí que a esta altura, lo que hay es… una corona de espinas. La tortura lacerante se interpone entre el vientre de María, el mismo que gestó al Crucificado, y los ojos anegados de la otra María, en cuyo vientre parecen clavarse esas espinas.
Hay otra alusión a las espinas, también casual y espontánea, en la conversación entre Asunta Fernández y María en el parque de María Luisa. Asunta lleva una rosa en su mano, y le habla a María el dolor que va siempre unido a la belleza. He de recordar que aquellas palabras salieron de la boca de Asunta sin que yo le indicara nada, porque todos los diálogos entre mujeres, tanto en el parque como en la cafetería, son aportación libre e improvisada de quienes hacían aquellas manifestaciones. O sea, que las espinas aparecieron cuando tenían que hacerlo y donde tenían que hacerlo, sin más guión que la voluntad del Creador, inspirador de ellas.
De ambas "coincidencias" fui consciente a la hora de montar aquellas imágenes. Y ya entraron a formar parte del patrimonio de fe que esta película encierra y que hoy he querido compartir con ustedes como un regalo de Navidad.

Por cierto, Felicidades.

jueves, 11 de diciembre de 2014

LA OTRA ISABEL

Nos han suministrado durante décadas una visión bucólica e idealizada de la corte nazarí de Granada, y en general de las culturas islámicas. El embrujo incuestionable de la Alhambra y sus alrededores parecía incompatible con cualquier perversidad que pudiera contaminarlos. Como si no hubieran pasado dos siglos desde que los viajeros románticos troquelaran una impronta de Andalucía recién salida del horno de las Mil y Una Noches. Esta imagen se resquebrajó a partir del atentado de las Torres Gemelas y las ofensivas bélicas subsiguientes del gigante herido. Hasta entonces, un Occidente complaciente con las monarquías medievales del Oriente asentado sobre inmensas bolsas de hidrocarburos no había desvelado la cara tétrica de aquel feudalismo anacrónico. A buen seguro, los filomusulmanes cegados por todo este encanto exótico han modificado algunos de sus postulados dogmatizantes en torno la superioridad del Islam sobre el Cristianismo.
Recuerdo a un célebre escritor manchego que blasona de andaluz aunque vive en Barcelona poner como chupa de dómine a Isabel la Católica en un acto público en el que compartió media hora de gloria literaria con una afamada presentadora de televisión que sigue en la cresta de la ola. Poco antes, este literato de masas había publicado una de las más encomiásticas novelas rosas sobre esa Granada mora sublimada que tanto ha conmovido a las izquierdas en permanente revuelta morisca de las Alpujarras.
Acabo de ver una película de palpitante actualidad que me ha impresionado y que muestra descarnadamente otra de esas realidades que la senil Europa no quiere ver: la esclavitud sexual practicada por bandas mafiosas del Este descompuesto, armadas como ejércitos y financiadas desde lejos por sus clientes: jeques árabes que les encargan el secuestro de niñas en países libres para incorporarlas a su harén. Preferiblemente, rubias, vírgenes y muy jóvenes. Y si son norteamericanas o al menos anglosajonas, mejor. El caudal de dinero obviamente negro que mueve este negocio sólo es comparable con el del narcotráfico, la compraventa de armas o el terrorismo, aunque estamos hablando de organizaciones que actúan indistintamente en cada uno de esos campos. Y todo eso hoy, en este mismo instante. ¿Hasta qué punto las desapariciones de jovencitas —también de varones— de las que algunos programas han podido llenar meses de emisiones está relacionado con esto? Prefiero no pensarlo.
Titulaba este artículo “La otra Isabel”. Y es que ha coincidido la visión de esa película con la lectura de un pasaje histórico del que poco se sabe pero que, como tantas otras veces, cambió el curso de lo que hemos llegado a ser. Al mismo tiempo que Isabel la Católica se esforzaba por convencer a su marido de que debía dejar aparcados los problemas de la Corona de Aragón (Navarra, Francia, incluso Italia) para dar prioridad absoluta a la reconquista de Granada y hacer así honor a su condición de Reyes Católicos, otra Isabel, bastante más joven, casi una niña que aún llevaba trenzas, rubias como ella, era secuestrada en una de las razzias que las tropas del emir granadino realizaban por los campos de Córdoba. Isabel de Solís, que así era su apellido, fue “convertida” y recibió el nombre de Soraya. Cuando el rey de Granada, Abu-l-Hassan ´Alí (Muley Hacén para los cristianos), la vio, fue tal su embeleso que la convirtió en su “primera dama” (algunos dirían su favorita), y postergó a Fátima, su legítima esposa, viuda de Muhammad XI y de quien había recibido en realidad su poder, pese a haber derrocado a su propio padre para conseguirlo.
Fátima nunca perdonó a Muley Hacén, y los granadinos tampoco. Al fin y al cabo, Soraya era una cristiana renegada. Y aquí empieza el gran giro por el que la suerte toda del mundo a partir de mediados del siglo XV pende de una historia de amor (?), de capricho y de pedofilia entre el penúltimo rey moro de Granada y una muchacha cristiana que le cautivó. Fátima era la madre de Boabdil, el que andando el tiempo entregaría las llaves de Granada entre sollozos, e inculcó en él la traición a un emir que había hecho a una enemiga del Islam reina de facto de la Alhambra. Los acontecimientos se precipitarían de tal modo que esa otra Isabel, hoy perdida entre  tantas crónicas como se han escrito de aquellos días privilegiados, esa niña de trenzas rubias raptada para solaz del último reyezuelo mahometano de Europa, fuera la llave de una anexión que volvía a cerrar para la Cruz un mapa visigodo roto por la irrupción de Tariq y sus expedicionarios, ocho siglos atrás.

Isabel la Católica está ahora de actualidad —puede que para muchos por primera vez— tras el exitoso serial televisivo. Bien podría pensar alguien en hacer al menos una película en rescate y homenaje de esa otra Isabel, o Soraya, que dividió a los granadinos y con ello debilitó sus fuerzas abriendo así para su homónima la cuesta de Vivarrambla. Y de ahí, a un nuevo continente. Pero esa es otra historia.

viernes, 5 de diciembre de 2014

25 AÑOS POR DELANTE

Son los que nos quedan para alcanzar el pleno empleo, en caso de seguir al ritmo que lleva la economía española. Ajusten las cuentas y verán como es así. En el supuesto, optimista, de que se mantenga la cota mensual de los 15.000 nuevos puestos de trabajo, y si tenemos en cuenta que en la actualidad hay en España cuatro millones y medio de parados registrados, el resultado de dividir esta última cifra entre los quince millares es que nos quedan trescientos meses por delante hasta conseguir que en nuestro país pueda trabajar todo el mundo.
No sé a qué vienen, pues, tantas alharacas gubernamentales y progubernamentales como si estuviéramos en puertas de dejar atrás la crisis del empleo. Mi generación —lo he escrito muchas veces ya— ha estado lastrada por dos lacras: el terrorismo y el paro. Podríamos añadir la inseguridad y la desalfabetización de las masas. Si se fijan, todo está interrelacionado. Y sin embargo, nunca creí que fuera a conocer un  25 por ciento de paro, justamente cuando mis hijos se disponen a salir al mundo a buscar trabajo. Les han robado el porvenir a las nuevas generaciones de españoles que ya ni en Europa van a conseguir una colocación, ni tan siquiera un fugaz contrato malpagado. Esa combinación diabólica de burocracia estatista e imperio de la mentira, de la que tanto han mamado los políticos —corruptos o no— pasa ahora factura cobrada en las carnes de unos nuevos españoles y europeos sacrificados en el ara del progreso. El célebre "cortoplacismo" llega a límites grotescos, como éste de echar las campanas al vuelo porque hemos tenido "el mejor noviembre de nuestra historia". Pues será para esos millonarios que en un año han proliferado un 24 por ciento, porque lo que es para el común de los mortales, ya digo, a esperar 25 años y sobrevivir haciendo cursos de inglés, ciclos superiores de peluquería y otros complementos a sus licenciaturas, sus grados y sus másteres con leche o solos. Y no quiero ni pensar en lo que sucederá cuando se vayan muriendo esos abuelos que sostienen con su pensión a familiares de todas las edades, de sangre o políticos. O cuando la Seguridad Social no tenga ni para pipas.

Instituto Nacional de Previsión, se llamaba el invento cuando yo empecé a trabajar, hace ya, según mi vida laboral, 33 años y la propina. ¡Qué tiempos aquellos!

miércoles, 3 de diciembre de 2014

EL ABORTO VUELVE A IGUALDAD Y SANIDAD

Rajoy parece haber encontrado en el anaquel de los pucheros la pócima mágica con la que una buena meiga remendaría el siete que le ha hecho a su partido con la retirada de la reforma antiabortista. Ha ido a buscar la receta, como era de suponer, en la expendiduría de fidelidades acérrimas. Y ¿quién encarna tal menester? Pues el mismo que levanta su mano para hacer el gesto instructor al  haz de representantes del pueblo soberano: el portavoz parlamentario. ¿Y qué tarea le encomienda? Disimular.
Cuando Zapatero le hizo a España el gran siete de su historia contemporánea, encomendó el mismo a sus dos promesas políticas de cabecera: las ministras de Igualdad y de Sanidad. Aído —hoy de compras por la Quinta Avenida— y Pajín —tres cuartos de lo mismo, ambas a la sombra benefactora de la institución mejor intencionada y más inútil del orbe— cargaron sobre sus hombros experimentados y robustos de atlantes frente a la caverna la gran misión que alumbraron los astros con su combinación cósmica: obsequiar a la ideología de género con el aborto como derecho.

Después, el PP aunó ambos departamentos en uno solo, y lo puso en manos de Mato. Pero, como manda la lógica y la moral, la cuestión del nasciturus se concentró en Justicia. El tsunami de las corruptelas se ha llevado por delante a la ministra de los globos y los jaguares ignotos. Rajoy ha visto la jugada perfecta ante sus ojos miopes como los míos. "¡Tate!, se ha dicho, ahora meto otra vez el aborto en Igualdad y Sanidad, y asunto concluido, que diría mi compatriota Cela". Y ha puesto al portavoz de ministro de ambas cosas, le ha pasado la patata caliente y le ha encargado algo muy sencillo: calcar a Zapatero. Ya los asesores, asesoras y zerolos de Aído marcaron el paso, que consistía en añadir un plus inasumible incluso para los viejos socialistas a la ley, de modo que siempre se pudiera quedar como partidarios del consenso y hasta de la moderación podando ese adminículo. Se trataba de la cantinela de los 16 años. Ahora, el ex alcalde de Vitoria llevará a cabo la poda, y la ley quedará de dulce para el consenso. Además —esto haría las delicias de ZP— el ministro de Igualdad y Sanidad se hará cargo de la otra muleta con la que el presidente quiere disimular su discapacidad para gobernar desde el pensamiento que le ha votado. Nada menos que la política de ayuda a la familia va a ser ahora cosa de igualitarios y enfermeros. Magnífico, Mariano. No hay quien te pueda.

martes, 2 de diciembre de 2014

EL ACERCAMIENTO PP-PSOE

Acaba de anunciar la secretaria general del Partido Popular que no descarta una coalición con el PSOE si fuera necesaria. Es de agradecer esta repentina sinceridad en quienes no han cumplido ni una sola de las promesas electorales básicas desde que ganaron, con mayoría absoluta, las elecciones parlamentarias para designar al Gobierno de (lo que queda de) la Nación. Se veía venir. O mejor dicho, había venido ya este deslizamiento hacia la izquierda cuya prenda ha sido la retirada de algo tan sensible como la política antiabortista. En realidad, el gallego que nos preside debió de haber previsto todo esto desde mucho antes de ganar los comicios. Yo fijaría el momento de su decisión en marzo de 2004, cuando se dio cuenta de lo fácil que es perder. Ya dijo Machado —don Antonio, naturalmente—, por boca de su Juan de Mairena, que en España de diez cabezas nueve embisten y una piensa. Y a diferencia de los ingleses, que respaldaron masivamente al Gobierno atacado por los terroristas, aquí ocurrió todo lo contrario. Aquella tarde del día 13, cuando Rubalcaba aprovechaba la jornada de reflexión para encender los ánimos pre-revolucionarios de las turbas que asediaban trescientas sedes del partido todavía en el Gobierno, Rajoy debió tomar nota en su libretita (¿azul?) de gallego previsor: "No cambiar nada sustancial de Zapatero, por si acaso". Después, cuando vio las multitudes con las banderas nacionales en Colón, quiso hacer como Rubalcaba pero al revés, y se adhirió inquebrantablemente a la lucha por la vida del no nacido. Hasta que tocó acercarse nuevamente a los socialistas. Podemos tocaba a rebato, y había que crear este "bloque de salvación de la casta" que se avecina. Total, un ministro menos (ya van dos), ¿qué más da?

Pero la política, como la historia, como la naturaleza, parten siempre del horror vacui. La neumática es la primera ley de la física social. Si el centro-derecha se convierte definitivamente en centro-izquierda con tal de no perder parcelas de poder, ¿qué se colará en el espacio dejado libre por la derecha? Me temo lo peor, pero como cristiano no pierdo la esperanza de estar en un error.

lunes, 1 de diciembre de 2014

LA CRISIS DE LOS MEDIOS

Cuando los medios de comunicación dejaron de serlo para convertirse en meras empresas, comenzó la cuenta atrás de su extinción. Lo que ya conocemos por tales en Internet tiene muy poco que ver con lo que siempre fue un periódico, una emisora de radio o una cadena de televisión. Han perdido, sobre todo, singularidad, esto es poder. Ya sirven a sus amos políticos y plutocráticos, y lo que hemos sido los periodistas —el contrapoder por excelencia— ha quedado suplantado por el colaboracionismo del capital, que anda siempre coqueteando con el dispensador de prebendas.
Así no sorprende que ya no se venda apenas Prensa, que cada vez se vea menos televisión y que la radio sea ya una sucesión de anuncios y tertulias monocordes. Lo que está en tela de juicio es eso que se ha dado en llamar "la casta". No importa que estemos en las antípodas de Podemos, como es mi caso. Llevan toda la razón cuando denuncian a la casta, porque ahí radican casi todos los males sociales que padecemos en España y en Europa. La casta domina los medios porque controla las subvenciones. No lo digo yo, lo dijo Montoro en sede parlamentaria: "Todos vienen a verme". Todos piden árnica, al menos para saldar sus deudas. Pero, al igual que sucede con la gran deuda nacional, la casta —y los medios son parte nuclear de ella— vive de aplazar sus cuentas pendientes, de no hacer sus deberes, de empecinarse en defraudar a una opinión pública más que cansada, extenuada, de pagar el jolgorio y que ya no hace ningún caso de los medios, porque los tiene calados a todos.

¿Hay solución? Claro que la hay, pero creo que está más en manos divinas que humanas, porque o aquí se convierte mucha gente a la gran religión del bien y la honradez, o el Apocalipsis se va a quedar corto.

jueves, 30 de octubre de 2014

UNA HISTORIA AFORTUNADAMENTE REAL

Hoy tomo prestado, con permiso del autor, un artículo ajeno y verídico, que diría el otro.
Mi buen amigo Pepe Rodríguez Hervella no se ha podido reprimir los deseos de comunicar su historia. Comoquiera que se la he enviado a unos cuantos amigos y he tenido un gozoso retorno de simpatía, la coloco en este balcón para que todo el mundo pueda disfrutarla.
Sólo añadiré que la madrina de esta criatura, la que hizo posible con sus palabras y su gesto que viniera al mundo, es parapléjica.

EL MILAGRO DEL NACIMIENTO DE MI HIJA
Tal día como hoy, hace cinco años, nuestra amiga Cristina Duque, amante de la Vida y representante de la Fundación Madrina, nos pidió el favor de que la acompañáramos a hablar con una muchacha que pretendía abortar. Pensaba yo que todo se resolvería fácilmente: envueltos por la arrolladora simpatía de Cristina tomaríamos un agradable café con la chica, y tras muchos ji, ji, ja, ja, ella entendería la razonable apuesta por la Vida y optaría por tener a su bebé.
Pero aquello no fue un sencillo paseo. Para nada. El padre de aquella muchacha, un hombre-gorila de más de dos metros, con espaldas de armario empotrao y sincero careto de enemigo, abrió con desgana la puerta oxidada de aquella decadente chabola, sita en el extrarradio más marginal de la ciudad, diciéndonos que había sido "boxeador hasta que en un combate una mala torta me dejó tuerto y zumbado del coco, por lo que tuve que colgar los guantes y dedicarme a robar, a robar y a robar por sacar adelante a mi hija ... ¡ Para que ahora me venga la niñata con una barriga! Así que mañana ... ¡a abortar!, que como la ley lo permite tiene que ser güeno. Y sus lo advierto, Cristina y compañía, que como sos ocurra contraydecirme os rajo a navajazos, no sé si me explico".
A mi me temblaban las piernas y el alma, viendo acurrucada en un rincón a la embarazada muchacha y sintiéndome incapaz de decir mi boca es mía ante semejante berraco. Ni Cristina, ni mi mujer Rocío, ni nuestro amigo Carlos Seco acertaban tampoco a decir nada que moviera un ápice el corazón de aquel cachalote ... "no hay derecho. Con tó lo que he robao por mi hija, para que ahora se presente con este problema".
Y fue entonces. Mi mujer únicamente me susurró: "Ve a casa y trae aquí a nuestro hijo". Luisito, de apenas seis añitos y ajeno a todo, se partía de risa oyendo tronar al oso, con la chabola a pique de
derrumbarse de los puñetazos que daba en las paredes para reforzar sus argumentos de muerte.
Cuando el hombre iba a gritar de nuevo, mi mujer se encaró con él, soltándole a bocajarro: "¡Cállese de una vez, por Dios!". Y el gigante se quedo K.O., nunca mejor dicho, más callado que en Misa, con las patitas colgando ante el valor de aquella contrincante que, con su poca vergüenza, quería que el bebé viviera. ·
Acto seguido mi mujer se dirigió a Ángela, la chica preñada y temerosa, y poniendo entre sus brazos a nuestro Luisito, sencillamente le dijo: "Tú sabes bien que ahí dentro llevas tu tesoro, tan infinito y tan grande como este niño".
Aquella noche no pude dormir. Imaginaba a aquella criatura en ciernes sin posibilidad alguna de librarse del matarile, con su mamá envuelta en un entorno de miseria y abocada al fácil asesinato infantil, legalizado y bendecido por tantos beatos progres de pitiminí del PP y del PSOE (o del PPPSOE, es lo mismo), y sostenido por nuestros ciudadanos que siguen votando al PP y al PSOE (o al PPPSOE, es igual), condenando a la siesta de la muerte a sólo Dios sabe cuántos hijos de cuántas Ángelas de cuántos barrios marginales de nuestra querida España.
Pero supongo que el Artista del Cielo debió jugar sus cartas en el asunto. Y es que Dios ... y es que Dios habló.
Eran las siete de la mañana y por teléfono Cristina nos contaba que "la muchacha se ha plantado ante su padre. Con un par. Diciéndole que no va a segar la Vida del inocente brote que crece en su vientre"...
La niña nació unos meses después. El coste de los biberones, pañales y demás corrió a cargo de la Fundación Madrina y de gente como Carlos Seco que (todo hay que decirlo) se rascaron el bolsillo y la cuenta corriente para que la cría saliera adelante.
Y Ángela, aquella madre tan valiente, le puso por nombre Rocío. Rocío porque mi mujer, Rocío, supo embriagarla con un aliento de eternidad para levantar la condena a muerte de su criatura: "Tú sabes bien que ahí dentro llevas tu tesoro ... ".
Y nos contaba con orgullo su ex-boxeador abuelo que su nieta Rocío le está dando la educación que no pudo recibir de niño: hace unos días, cuando le dio de postre una de las naranjas que había tomado prestadas del cortijo de Gines, la cría se la arrojó a la cara, diciéndole que no la quería, que las Hermanas de la Cruz que regentan su guardería le han enseñado que ... "agüelo, robar no está bien, han dicho a mi las monjitas".
Me vais a permitir, amigos, que siga considerando a esta niña como a mi Hija, así, con Mayúsculas, y que en el hondón de mi alma albergue mi convencimiento de que El De Arriba, Ese Que Sostiene Nuestra Existencia, tuvo a bien que aquella tarde de hace cinco años preparáramos la bienvenida de mi hija con nombre de Reina de las Marismas, ya que ella se encargará de abrir infinitos horizontes de esperanza, enseñando a todos a pelear por nuestro más preciado tesoro: La Vida.
29 de octubre de 2014
Pepe Rodríguez Hervella

domingo, 19 de octubre de 2014

LA DESVENCIJADA PUERTA DE MI AZOTEA

La memoria sentimental —alguien lo llamaría inteligencia emocional— resulta ser un arma extraordinariamente potente y ambivalente. De una forma simplista podríamos referirnos a la nostalgia, pero eso sería reducir a nada algo demasiado complejo, argucia por lo demás característica de nuestro tiempo, que ha dejado muy corta a la rebelión de las masas de Ortega, el de “no es esto”. Hay ocasiones, apenas pretendidas, en que algo o alguien o nosotros mismos nos traslada en el tiempo a paraísos íntimos y que creíamos perdidos, y no lo estaban tanto. Es como cuando un equipo sanitario logra, in extremis, una “resucitación”, nueva falacia de nuestro tiempo porque o hay muerte o no la hay. Resurrección sólo hay una, y es patrimonio de los creyentes, gente también de otro tiempo.
Como decía, hay instantes en que, sin saber cómo, podemos hacer un recorrido al alcance de los ojos, y casi del olfato, por acontecimientos y lugares que hace mucho tiempo desaparecieron de todas partes, empezando por nuestra capacidad de evocación. Hay en este fenómeno cierto eco de la relatividad espacio-tiempo. Es de suponer que los maestros en estas rupturas de las leyes físicas son los enfermos de Alzheimer, entre los que quizás me cuente cuando tú, amable lector, pases tu mirada por estas líneas. Recuerdo que una tarde, tediosa como todas las de aquel tiempo de mi infancia, estando mi abuelo y yo ante el televisor que en ese momento emitía un partido de baloncesto, mi viejo progenitor estalló en una salva de interjecciones lanzadas hacia la ventanita catódica y consistentes, según la huella que ha sobrevivido en mí al tiempo, en “¡Mira, si es Fulano, y eso es la fábrica!”. Lo repetía maquinal y compulsivamente, queriendo hacer a los demás cómplices de su locura, que es lo que todos intentamos hacer cuando la soledad nos atenaza. Decían que mi abuelo chocheaba, y era el Alzheimer, pero Einstein, Kant, Borges y algunos más le comprenderían mejor que yo y las demás personas que le rodeábamos y le queríamos.
La otra noche, yo también me sorprendí a mí mismo husmeando por los rincones de aquella misma infancia como si existiera el presente perfecto, esa conjugación imposible, salvo excepciones, que impide a la mano criminal del olvido consumar su fechoría. Ignoro de toda ignorancia cómo vino, cómo se produjo. Pero sé que no hubo solución de continuidad entre el asalto de aquellas formas y mi ingreso voluntario en su reexploración. Después de tantos años —cuarenta, acaso— volví a estar ante aquellos tablones carcomidos que formaban la puerta de la azotea. Y desde luego, entró en mí idéntico repeluco ante lo desconocido que me pudiera aguardar al otro lado. Era de día. Nada de subir allí entre tinieblas. Volví a ver los haces de luz bajo aquellos flecos resecos que más semejaban  greñas de anarquista clásico que hoja de madera para acceder a la más luminosa terraza de mi ciudad. En mi reminiscencia deliberada no la abrí, porque de haberlo hecho el chirriar de los goznes me habría devuelto a la realidad actual. Y pasé como por ensalmo a la luz de aquel suelo de barro formando empinadas pendientes, a los pretiles donde tantas veces me tendí a zambullirme en cielo generoso de finales de junio, los exámenes terminados, nadie vigilándome, el infierno allá abajo, encerrado entre las paredes del piso, y yo arriba, sin más mediación con el Cosmos que el mismo aire que llenaba mis pulmones.
Aquella azotea tenía vida propia, y yo conectaba con ella a lomos de mi bicicleta plegable y pesadísima, en la que hacía circuitos cíclicos como la Historia, vuelta a empezar como un Sísifo horizontal y obsesivo. Era un edificio del siglo XIX que ahora está en muchos sitios y al que en aquel tiempo todo el mundo parecía odiar movido por el afán de lucro de la especulación inmobiliaria, de la fiebre constructora/enriquecedora. Poco a poco, el dueño, un marqués, había ido expulsando a los vecinos. Consiguió que fuera declarado en ruinas, y los últimos en abandonarlo fuimos mis padres y yo, después de un extraño periplo —como rara era mi madre, de quien partió aquel viaje a ninguna parte— que acabó con el retorno a la misma vivienda natal de altísimos techos, goteras por doquier y misterios sin resolver jamás.
Como digo, hoy ese inmueble de bajo y dos plantas, situado a orillas del río grande del Sur y abierto a la inmensidad de un horizonte inmaculado, forma parte de las fotos de coleccionista que retratan el puente de Triana, y está ampliado a tamaño mural en restaurantes y museos. El rencor hacia lo antiguo venció materialmente, y mi casa cayó, pero también ella revive en esas placas fotográficas y en mi memoria emocional.

viernes, 26 de septiembre de 2014

EL QUE DEBERÍA DIMITIR



La palabra dimitir no está en su diccionario. Ni en el de su partido. El día G, de Gallardón, fue histórico en muchos sentidos. Uno de ellos porque desde la dimisión de Suárez no habíamos asistido a una victoria tal de la dignidad sobre la conveniencia. Por eso es, junto a una jornada aciaga (el anuncio de Rajoy en un corredor con dos millones de niños difuntos hasta el momento) una explosión de esperanza. El ministro ha muerto. ¡Viva el ministro!
Y es que en esta España de zombis, que alguien tenga el arrojo que tuvo el yerno de Utrera Molina, con esas alusiones en honor de su padre y de Manuel Fraga, honra al personaje en una hora en que la palabra honor y la palabra honrar no sirven para nada. Desde ese día en España casi todo carece de importancia, por mucho que el Gobierno vierta toneladas de maquillaje en propagar operaciones policiales o estadísticas —bien pobres, por cierto— de recuperación del empleo. España, que podría haber sido en Europa lo que Estados Unidos es en el despertar de la conciencia antiabortista, se conformará, como siempre con verlas pasar. Igual que en bienvenido Mister Marshall. Gallardón creía que podía salir al balcón y pronunciar el discurso ante los delegados del nuevo espíritu de avanzadilla. Pero estamos en España, querido ex alcalde (por cierto, Madrid estaba de dulce con él y ahora es una leonera demasiado parecida a la de Tierno Galván y Barranco) y seguimos arrastrando un complejo de inferioridad que nos lleva a ser una suecia de imitación mientras los turistas vienen a ver lo que fuimos cuando no necesitábamos emular a nadie.
La mayor contradicción en esta tierra de acertijos ("Una y otra vez, presento recursos de inconstitucionalidad y sin embargo hago mías las leyes recurridas. ¿Qué partido soy?") ha sido la de la identidad del dimisionario. A la vista de los fracasos que el mismo Gallardón asumió (aunque eran sobre todo del presidente), ¿no sería coherente que dimitiera ante el Rey —que ese mismo día y a la misma hora del edicto de pasillo hablaba a muchos kilómetros de la necesidad de abordar el cambio climático para "salvar vidas"— el culpable de que el Partido Popular no pudiera cumplir su principal oferta electoral?
Ahora nos queda una retahíla que sólo Podemos sabe calibrar en su justo precio: la de los tópicos como caravanas de coches de bomberos para apagar los fuegos. Que si la familia (¿qué familia, la única que va a quedar después de la experiencia social-pepera?), que si las niñas de 16 años que tendrán que presentar el papelito de papá en el abortorio, que si vamoch parriba (el otro decía "España va bien" mientras 300 nuevos españoles acababan sus pocos días en el potro de las "clínicas"), que ETA ya no mata (claro, si sus amigos están en las instituciones), qué sé yo. Los mismos cuentos con los que nos llevan durmiendo desde que lo escribió León Felipe y lo cantó Jarcha. Como dijo el otro, pero esta vez sobre el ideario del programa electoral: "Si así lo hacéis que Dios os lo premie, y si no que os lo demande".

sábado, 20 de septiembre de 2014

ABORTO, DE ENTRADA NO



Las claudicaciones, por emplear un término muy morigerado, han marcado históricamente el principio del fin de los claudicantes. En cualquier oferta —adoptemos la jerga del mercado— que aspire a conquistar la cosmovisión global del consumidor deben ocupar un lugar de honor (palabra en desuso, decididamente) las convicciones. Cuando Felipe González asaeteaba despiadadamente a un Adolfo Suárez aprendiz de brujo solía utilizar la artillería de la Otan. Era un recurso fácil y temerario, como correspondía a unos jovenzuelos metidos a gobernantes. Pero ya se sabe, tan pronto como se toca el balón del poder, el hechizo de la zapatilla de cristal se desvanece y los dardos envenenados del parlamentarismo tórnanse boomerangs que, tarde o temprano, impactan en el entrecejo que otrora apuntaba al objetivo a tumbar.
Y del "Otan no, bases fuera" o bien "Otan, de entrada no", pasóse al "¿dónde hay que firmar?". La traición estaba consumada, y la cuenta atrás en el reloj de los socialistas antañones (los adolescentes que corrían delante de los grises, aunque no estaban todos los que eran) se puso en marcha para llegar a lo de hoy, dícese al cuarto creciente de Podemos.
Pocos serán los que calculen —no Arriola, desde luego— que hoy se pone en marcha el reloj de la cuenta atrás en muchos votantes de la derecha de toda la vida. ¿Captará el PP votos por la izquierda? Como decía el parroquiano aquel —acodado en la barra de madera en la que se acumulaba un rimero de números en tiza como una fila de hormigas: "¡Tequiyá!" Tequiyá, Arriola. Pero no, no se va a ir, como no se iban otros hasta que les echaron en vista de lo visto. No se va porque los oráculos siempre se han dedicado a lo mismo, a susurrarle al oído al pagador lo que el pagador quiere oír. Como el aborto es un laberinto del que sólo se sale con valentía y arrojando al cubo de la basura el cuadernillo de los pasatiempos, y no estamos precisamente ante un Churchill de la política, pues todo sigue igual, y el oráculo cobrando.
Lo que acaba de producirse es, ni más ni menos, que la gran quiebra de la democracia española. Quedaba una esperanza, que ese partido ya en franca minoría y bajando que representaba a los valores de un cierto espíritu tradicional español se bajara… del tren de su ideario para correr hacia el que va que pita, aunque sea cruzando las vías. Sólo que el que va que pita va en sentido contrario y no muestra el menor interés en detenerse para que los que abandonan su tren suban a bordo.
La gran claudicación —por ser muy morigerados— del Partido Popular en el mayor de los temas que tiene en cartera (y en programa, no como los otros, que sacaron adelante una ley radical sin consenso y sin llevarlo a las elecciones) marca el principio del fin de esta opción política que los afines a Alianza Popular no reconocerían. A partir de ahora, veremos una película que ya habíamos visto, pero con los papeles cambiados, como una versión B y cutre del "Otan, de entrada no". Veremos la aguja del depósito electoral de la derecha irse a la reserva siux de los marginales. Y muy probablemente, veremos aparecer una alternativa que sería algo así como un Podemos en el extremo contrario del espectro. En Francia ya ocurre desde hace tiempo, hasta rozar —algo inaudito— El Elíseo. Allí el tema es la inmigración. Aquí es el aborto. Ya verán.

martes, 26 de agosto de 2014

RÉGIMEN DE EXCEPCIONES


El sector público andaluz ha reducido 18.000 plazas de funcionarios (principalmente en sanidad y educación) pero ha aumentado en 3.000 el número de contratos de la Administración paralela. Las empresas del Estado pierden 200 millones en un año. Altos cargos del Poder andaluz tenían empresas —algunos una red— que cobraban subvenciones sin justificar de la Junta. Para salir del paso, se acudió a una "excepción" legal que permitió exonerar a más de 2.000 entidades (partidos, ayuntamientos, diputaciones, sindicatos, particulares…) de aportar documentación probatoria de que habían destinado el dinero público a servicios públicos. El Ayuntamiento de Isla Cristina (Psoe), ha subido los impuestos un 20 por ciento en un año, siguiendo la estela de otros municipios costeros de Huelva en manos de los socialistas. Y sin embargo, ayer presencié cómo cuatro policías municipales de dicha localidad estuvieron a punto de ser linchados por una masa de africanos indocumentados que ejercían una actividad ilegal en pleno paseo marítimo de un núcleo turístico. Pasé miedo, por aquello de las balas perdidas. Ante tan grave incidente, la inexistencia de alumbrado público encendido, durante años, en ciertos puntos básicos de las urbanizaciones adyacentes carece de importancia.
El fiscal anticorrupción de Baleares concedía una entrevista a El País días atrás que recomiendo vivamente a cualquiera que quiera informarse sobre el verdadero estado político de nuestra Nación. En ella, y con una precisión milimétrica de jurista experimentado, detallaba cómo la legislación vigente procura ante todo proteger a los legisladores y demás politicodependientes de los partidos. De ahí un régimen de aforamientos desaforado y basado en la desconfianza de la Justicia independiente.
Este sistema de excepciones en el que los sin papeles son sujetos del mismo derecho que se les niega, y con razón, a los con papeles —la impunidad— alcanza cotas explosivas. Un Gobierno regional (¿o varios?) incumple flagrante y descaradamente las sentencias de los tribunales de mayor rango, y no pasa nada. Uno de los paladines de la transición —recordemos que el padre de la Constitución por los catalanistas militaba en las mismas filas cuando el presunto delincuente era ya un líder en Cataluña— se perfila como un defraudador a gran escala que ha escondido, según confesión propia, una suma alucinatoria de dinero en paraísos fiscales. Una juez traslada al Tribunal Supremo la imputación a dos presidentes autonómicos del semillero intocable de votos andaluz que entrambos cubren varios lustros de vida política en la Comunidad (¿la mayor parte de la etapa autogestionada?).
Es la España de las excepciones. Toda ley tiene su salvedad, a medida del redactor. Según el fiscal mencionado, la que más trampas ha permitido es la de Contratos. Y a esto llaman un régimen de transparencia.