miércoles, 22 de julio de 2015

OBJETIVOS: CALLES Y ESCUDOS

Si yo hubiera sido un niño de la guerra, si supiera cómo suenan a muy corta distancia de los tímpanos el silbido de las bombas antes de estallar, si me hubiera visto obligado a gritar "¡Franco, Franco, Franco!" sin saber ni importarme quién fuera ese señor, a buen seguro habría crecido con una deuda pendiente en los tendones de los puños. La represión engendra rebeldía, y la adhesión inquebrantable una rabia indomable.
Pero no fui un niño de la guerra, ni tuve que buscar otra pared para chutar porque en la mejor habían puesto una silueta a plantilla del Caudillo. Nadie me obligó a nada, por la sencilla razón de que las bombas hacía muchos años que no silbaban a nuestro lado. A cambio, se elevaban bloques de pisos sociales que después serían ridiculizados por quienes nunca hicieron sacrificio alguno por los demás. Las pocas veces que canté el Cara al Sol —ante la misma Casa Consistorial donde acabo de ver alzada la bandera asexuada— fue libremente, sin que nadie me lo impusiera. Me salvó la vida de una hernia quebrada a las pocas semanas de nacido una cirujana que decidió operar sobre la marcha un domingo en el mismo hospital donde yacieran tres siglos antes los sentenciados por la peste. Y aquí estoy, dando guerra, como manda mi apellido materno.
No fui un niño de la guerra ni de la posguerra. Ni de las cartillas de racionamiento. Ni de los corrales de vecinos. Ni de la tuberculosis. Ni de los perros rabiosos. Ni de las algarrobas de los caballos. Fui un niño del "baby boom", de los premios a la natalidad, de la televisión, de los maravillosos festivales de Eurovisión sin mujeres barbudas. Fui un niño del Bachillerato de seis cursos con dos reválidas y COU. Hice la carrera en el Talgo. Me alojé en pensiones de mala muerte para examinarme en la capital de España a 40 grados con apuntes y libros ininteligibles.Y no me morí, sino que me licencié. Pero es que entonces en Andalucía sólo había tres universidades, no diez como ahora.
Y sobre todo, amigos, no guardo rencor. Ahora, gente de mi edad, algunos mucho más jóvenes, andan desenterrando hachas de guerra para emplearlas en cortarles la cabellera a personas que levantaron este país de las ruinas en las que les habían dejado quienes para ellos son modelos morales. Unos años más de Fermín Salvochea y Cádiz sería ahora una aldehuela de mariscadores faenando para la Nomenklatura. Un mes más de Frente Popular y las purgas hubieran durado hasta la caída del muro, o tal vez hasta hoy, como en Cuba.
Nadie ha conseguido nunca imponerme nada, de tejas para abajo. Si quieres que piense algo ordéname que piense lo contrario. Si esperas de mí el aplauso a la consigna tendrás ante tí un pasmarote congelado. Si le quitas una calle a alguien despertarás en mí la admiración hacia ese tipo al tiempo que una curiosidad imparable por conocerle más a fondo.
Es lo que están haciendo en Madrid con 256 calles, nada menos. Tengo tarea. A partir de hoy, ése será el índice de los personajes que más me interesarán, y no cejaré hasta conocerlos en profundidad, con sus luces y sus sombras. Si yo fuera un niño de la guerra y los vencedores me hubieran prohibido leer —pongamos por caso— a Rafael Alberti, yo me hubiera bebido sus obras completas y clandestinas, no tanto para disfrutarlas como para defenderlas.
Así que esa panda de indocumentados y algo más que pretende borrar los cuarenta años más constructivos de la Historia de España lo tiene claro conmigo. Acaban de ampliar mi lista de lecturas obligadas con 256 nombres. Y al rector que echó a la basura un montón de dinero público con la biblioteca del Prado, y que hoy es consejero de la Junta de Andalucía, le digo: podrá picar el escudo pétreo con el águila de San Juan bajo el que estudiaron generaciones de universitarios (entre ellos, probablemente usted, porque era la puerta de Ciencias), pero no podrá borrar lo que ese escudo significa desde que lo acuñaran los Reyes Católicos. Y me dan ganas de añadir algo sobre la cultura de los picapedreros, pero eso sería perder el tiempo.

ELECTORADO BUSCA PARTIDO Carta abierta a VOX y AES

Ahora España. Ha sonado el timbre y es preciso prepararse para hacerse presente en esta nación rota. Hay que acudir a las instituciones con toda la artillería de la democracia. Sé que no es mucho, pero en algún momento debía llegar la gran ocasión de recoger no ya los despojos —eso es muy triste y miserable— sino el electorado entero de partido que hasta ahora servía de refugio a los españoles con sentido del patriotismo y buena voluntad de entendimiento. Por eso os dirijo esta carta abierta, porque vosotros habéis demostrado vuestro inequívoco espíritu de servicio a la Patria sin concesiones al pasteleo. Porque sois dos formaciones que luchan sin desmayo en la defensa de unos valores que (casi) todos los demás han abandonado y que algunos ni siquiera conocen: la vida del ser humano desde la concepción hasta la muerte natural, la unidad de España consagrada por la soberanía nacional, la familia conformada como un matrimonio verdadero y los hijos que son un don de Dios, la religión (entre nosotros la cristiana por antonomasia, con su corolario de justicia social) que encarna la dimensión suprema y más noble del hombre, el estímulo de la superación enemiga de la igualdad impuesta, el afán de construir, la concordia basada en el amor al prójimo, la igualdad de oportunidades, el celo por la obra bien hecha, la generosidad y el sacrificio como modos de vida, la cultura humanista más allá de la simple instrucción tecnológica, la honradez a carta cabal y la verdad, que es lo único que nos hará libres.
Sois respetuosos, sinceros, pacientes, serenos, firmes, entregados, fiables, amantes de la libertad y convencidos partidarios de la responsabilidad individual. Creéis, cada uno a vuestra manera, en la fuerza del espíritu para remover todos los obstáculos y cambiar, mejorándolo, el mundo. Anheláis la promoción de —se le llame como se le llame— las virtudes que hacen del ser humano una especie superior en el Universo: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, templanza, fortaleza... Os une mucho más que los que os separa.  También hay otros que apuestan por lo mismo o por principios parecidos, pero arrastran —¡qué se le va a hacer!— una herencia histórica, más por concomitancias y asociaciones en las mentalidades sociales que por auténtico parentesco, que hacen prácticamente inviable su acceso democrático al poder, aunque tal vez lo merezcan.
Vosotros sois, hoy por hoy, el último cartucho de la vida política española. Lo digo así y me importa un pito (del Camp Nou) lo que cada uno piense de mi opinión. Sólo me preocupan los españoles que siguen votando por el bien de sus compatriotas y también los que se quedan en casa.
VOX ha conseguido 22 concejales y un alcalde en las recientes elecciones municipales. Eso vale más que lo que no ha ganado. Pero a las fuerzas mediáticas de la partitocracia no le interesa este dato. El stablishmen ha atrapado a VOX y AES y a otros en campanas de cristal para que parezca que no existen, que nadie les respalda, que carecen de futuro y de presente, que el bipartidismo y sus saltimbanquis separatistas y comunistas siguen representándolo todo en este país desértico donde nuestros hijos tienen que malemigrar porque el stablismen ha malversado sus vidas.
Con esos 22 concejales y un alcalde se puede empezar perfectamente. Como habéis recalcado gráficamente, son más que los conseguidos por Ciudadanos en 2007 y en 2011, cuando despegaron.
Tenéis que vencer el miedo, no el vuestro, que no os atenaza, sino el del electorado del PP que no se atreve a votaros porque los otros le han metido en el alma la sombra de los totalitarismos. Pero, si me lo permitís, haced una concesión, sólo una, al marketing electoral. Comprometéos hasta la saciedad, ante notario y con altavoces si es preciso, a no caer en la tentación totalitaria. Haced que ese mensaje cale hasta lo más hondo en la sociedad española. Dedicad todos vuestros desvelos a manifestar que aquellas convicciones inamovibles no tienen nada que ver con acabar con las elecciones cada cuatro años o con viciar de tal manera el sistema que acabéis siendo un Chavez-Maduro de la derecha. Se me responderá que “excusatio nom petita…”, pero aún así, no tenéis más remedio que dar vuestra palabra de forma muy visible. Las cosas están así.
Si conseguís hacer eso —combinar intensamente un decidido y desacomplejado ideario plasmado en una oferta y un programa muy claros, junto a un permanente y fervoroso acatamiento a la voluntad popular y a la revisión libre y periódica del gobierno— vuestro éxito lo tenemos en las punta de las manos.
El PP es un partido en vías de disolución. Ha abandonado a su electorado más fiel. Ha intentado una y otra vez el suicida giro a la izquierda, con el resultado que todos intentamos digerir. De aquí a las generales, puede pasarle de todo, y nada bueno. Tenéis que reaccionar con reflejos. Tenéis la obligación moral de dar un paso al frente en la conquista de la ilusión defraudada por los profesionales de la gaviota. Es muy duro, pero ineludible. Ahora o nunca, queridos profetas solitarios —hasta ahora. Os vengo siguiendo desde hace mucho. Sé que no os rendís. Pero ahora ya no basta con eso. La ofensiva electoral debe ser rápida porque la necesidad es urgente. La seguridad de nuestras calles y nuestras moradas, el derecho a una educación conforme a los criterios paternos, la vida de trescientos niños asesinados cada día, el trabajo de cinco millones de personas y sus familias, el destino de enfermos, minusválidos y ancianos desamparados, la bandera de la unidad, de la coherencia y de la paz bien protegida es un excelente horizonte que necesita líderes y siglas para hacerse realidad.
Modestamente, os invito a perseverar y a recoger esa pobre bandera, hoy en el suelo y hecha jirones, para izarla con sano orgullo y pedir al pueblo español que confíe en vosotros. Y por supuesto, si dentro de cuatro años y medio no habéis sido capaces de emplear esa confianza con honor, os vais a casa (espero que nadie tenga que ir a la cárcel, como les ha ocurrido a tantos otros que también prometían el oro y el moro).
En otras palabras, regeneración, pero de verdad.

Y esto lo firma un periodista que por mantener contra viento y marea su independencia y no haberse doblegado jamás a partido alguno, se encuentra a sus 55 años y tras 34 de ejercicio profesional en su tiempo de silencio del que ahora le redime XYZ.

jueves, 25 de junio de 2015

UN AÑO YA

Hoy cumple un año. Bueno, si añadimos la gestación, serían dos años y medio. Todo empezó en un acto de amor tan remoto que no sabría fijar una fecha. Los actos de amor son así de sempiternos. Dios mismo es el Infinito Acto de Amor, y así figura en el Cantar de los Cantares. Tiene multitud de madres y padres, aunque aparezcan sólo dos: María y Luismi. Su estatura física es de tan sólo 37 minutos y unas décimas. Pero ahí hay un récord de talla humana, la que han dado unas ochenta personas involucradas en su concepción, desarrollo embrionario, alumbramiento y crecimiento en un total de doce proyecciones —una por mes— desde la que marcó su nacimiento ante cuatrocientas personas que se echaron a la calle una tórrida tarde hace ahora un año.
El parto tuvo lugar en la mayor sala de un multicines de Bormujos, pueblo expandido durante los años del boom ladrillero y sito en el Aljarafe sevillano. Aljarafe significa cornisa alta, balcón, mirador y meseta desde la que es posible dominar los valles. Es un lugar que está más cerca del cielo y eso se nota en su luz, directa, cayendo a plomo sobre los campos, que se llenan de girasoles por esta época. Marcelo Mastroianni y Sofía Loren protagonizaban una hermosa película con ese nombre, "Los girasoles".
Mi primer médico de cabecera en la Seguridad Social trabajaba a pocos metros de allí. Yo también vivía muy cerca de donde se estrenó mi primera película, y siempre recordaré la luz que entraba en mi estudio los días despejados. Ese médico era un santo laico —ignoro cómo sería su fe, si la tenía, porque nunca hablamos de eso, aunque lo hicimos de muchas y graves cosas—. Era un hombre joven, pacense puro, con una gran mata de pelo azabache. Vivía en Triana, y hoy me apetece contar cosas de él, porque ya está también en ese cielo más cercano del Aljarafe. Algunas ya salieron en prensa. Otras no.
José Luis me atendió por primera vez (no lo olvidaré) de una grastroenteritis. Yo vivía en aquel momento solo en la casa en la que después fundaríamos Susana y yo una familia numerosa. Dudé mucho si acudir (yo entonces lo ignoraba todo sobre el sistema público de salud). Fue como si me conociera de toda la vida. Esbozó desde el primer momento una acogedora sonrisa, que ya nunca abandonó su cara en cuantos encuentros mantuvimos. Yo no quería la baja y él se empeñó en dármela. ¡Mis primeros tres días de baja laboral!
Como en "Casablanca", ése fue el principio de una gran amistad que congeló con la palabra FIN una cruel leucemia. José Luis Rodríguez Caballero tiene hoy una calle en el pueblo con el que se volcó. Comparte pues callejero con el Doctor Fleming, que daba nombre a la calle del ambulatorio antiguo, donde nos conocimos. José Luis se quedaba embelesado con la luz del Aljarafe, hasta el punto de hacerse investigador científico para estudiar nada menos que su efecto sobre el estado de ánimo de sus habitantes. Estaba tan ilusionado al ir descubriendo cómo el organismo humano transformaba la luz del sol en optimismo, en una especie de función clorofílica animal que dotaba de energía —en Sevilla le llaman alegría— a quien la recibía… En Sanlúcar la Mayor ("solúcar" quiere decir templo del sol) está montado el mayor parque de paneles solares del mundo, con un espejo que se divisa a muchos kilómetros de distancia.
Viene a mi mente una mañana en la que José Luis estaba desesperado con la burocracia sovietizante que se extendía en los centros de la Junta de Andalucía y me pidió que le esperara para tomarme con él un café en un bar cercano cuando acabara la consulta. Así lo hice. Pocas veces en mi vida he comprendido mejor el significado de la palabra "escuchar". Era lo que necesitaba mi amigo, mi médico, que su paciente amigo le oyera conscientemente.
Y termino con otra anécdota de esas que se te clavan en la memoria. Una tarde pasaba yo por una estrecha calle trianera, cercana a su domicilio, y de nombre tan poético como "Cisne". Está en pleno corazón del barrio, e ignoro el origen de su denominación. Lo cierto es que José Luis y yo nos cruzamos en aquella calle como trasplantada del barrio de Santa Cruz y él estalló en una especie de pregón íntimo, una confesión de amor a la ciudad, un derroche de sentimiento emocionado que para mí fue como un baño de estética vital y una profesión de amor por el entorno. Era primavera y José Luis estaba viviendo en sus carnes los efectos de la luz del Sur.

Parece que nada de lo que narro tenga que ver con el aniversario del que arrancaba. Pero sí que está íntimamente relacionado, porque "En el último minuto", el mediometraje al que me he venido refiriendo, es luz y es vida. Y es recuerdo que cobra luz y vida cada vez que se ve la película, porque aquella aventura apasionada y apasionante en la que tanta gente puso su esfuerzo, su tesón y su esperanza, sigue viva. Tanto que en la última de las proyecciones públicas celebradas desde su estreno, ante más de setenta alumnos jóvenes —multitud de chicas— del CEU San Pablo ¡de Bormujos!, compartió confidencias y presidencia conmigo Carmen, una madre soltera que iba acompañada de su niña, presa fácil para el aborto y sus secuaces que sin embargo, y gracias al centro educativo en el que se formaba su progenitora, nos regaló su rolliza sonrisa, desde una piel lozana que día tras día cría la luz del Aljarafe. La misma que José Luis estudiaba con denuedo para doctorarse en la verdadera Medicina.

domingo, 21 de junio de 2015

LA PINZA REGENERADORA

La primera fase de la catarsis nacional ha alcanzado sus últimos objetivos con las Alcaldías de Madrid, Barcelona y Cádiz —no podía faltar el toque del humor surrealista y meridional. Los chicos de la Logse y los eternos repetidores del marxismo vago han invadido las instituciones al grito de "si los griegos han podido, nosotros también". Esperemos que no acabemos como los griegos. Dicen que el Caudillo respondía a quien le mostraba —me imagino la escena del pelota tembloroso—  su inquietud por un futuro de españoles huérfanos, "después de mí, la clase media". Los beneficiarios de la transición, que no hemos sido ni mucho menos todos, han dilapidado la herencia hasta dejar a la clase media en estado catatónico. Es decir, después de Franco, la ruina. Podía haber sido otra cosa, de acuerdo. Y los que entonces éramos jóvenes o muy jóvenes, y no profesábamos la religión marxista, sentíamos la ilusión de que así fuese. Pero no. De aquella primavera quedan sólo unos despojos a cuyo hedor se han acercado los perroflautas.
Los partidos "clásicos" de la democracia española protagonizan, día tras día, el culebrón de los escándalos. La palabra clave de los buscadores para identificar el fenómeno es "latrocinio". Y el instrumento, la mentira. Mientras nos llenaban la cabeza de proclamas prosopopéyicas en demanda de votos, reventaban las costuras de sus faltriqueras, según va quedando, día a día, de manifiesto por la única vía no muerta que parece quedar en la estación: la Justicia.
Albergo una esperanza, bien entendido que hablo de tejas para abajo, porque en punto a trascendencia las mantengo todas bien alimentadas. Es un rescoldo en forma de pinza. Todos sabemos, aunque sospecho que en una mínima parte, la crisis que asuela a la Administración de Justicia, debida a varios factores entre los que no es el menor la pésima labor legislativa de los políticos. Y aún así, la punta de iceberg que ha puesto ante nuestros ojos una realidad catártica ha venido de la mano de la Justicia. Más concretamente de una juez sevillana a la que los libros de texto, si es que existen, deberían el día de mañana rendir el tributo del conocimiento escolar. Ella dio dos veces, pero otros compañeros de puñetas han dado pasos valientes también: ahí está la detención por orden judicial nada menos que de un delegado del Gobierno en activo, y no en la última comunidad autónoma de España precisamente. Es éste un hecho sin precedentes que hace tambalearse muchos de los pilares del tinglado que llamamos corrupción y que también debería estar en los libros de texto (físicos o virtuales, es lo mismo) de nuestros nietos. Ergo algo queda sano en el organismo vivo que va en diagonal de Finisterre al Cabo de Gata.
El otro brazo de la pinza regeneradora lo pueden poner los nuevos partidos serios, y en especial, por razones electorales, Ciudadanos. A mí me gustaría que fueran otros —Vox, Aes…— pero de lo que se trata es de lo posible, no de lo ideal. Si la Justicia que nos queda y la formación de Rivera siguen empujando, el parto de la nueva democracia española puede ser algo más que un sueño. Son muchos los españoles que suspiran porque el próximo mes de noviembre entrambos focos de luz hayan obligado a PP y Psoe a renovarse de veras y a buscar soluciones realistas a la par que ambiciosas para los problemas de la gente, no para los suyos. Sobre todo para los de quienes no cuentan con poder: los parados y los no nacidos. Porque los últimos son los únicos en carecer absolutamente de él.

miércoles, 27 de mayo de 2015

LO QUE ESTÁ PASANDO

Tal vez estemos exagerando. O tal vez no, que diría el mismo que acaba de ver cómo su cuna política —Santiago de Compostela— pasaba de las manos de su partido a las del Podemos marca local. Yolanda Barcina, desde su experiencia de moza corredora delante de los toros proetarras entre chupinazo y chupinazo, lo ha clavado: "Podemos acabar como Venezuela… o como la Alemania de los años treinta". Esperemos que no, pero ese 35 por ciento de madrileños que ha votado a la juez que quiere sacar de la cárcel al 94 por ciento de los presos no resulta precisamente tranquilizador.
Escribí tras las elecciones andaluzas que el fenómeno en marcha era el del cambio de bando de la abstención. El mecanismo es relativamente sencillo y tiene precedentes: una determinada coyuntura —ninguna mejor que la presente— envía a sus casas al núcleo del electorado conservador, en vista de la deriva seguida por su partido. Y al mismo tiempo, en función del proceso indicado, la porción social integrada por los antisistema dan el paso histórico de acudir a las urnas. Esto, claro está, groso modo. Luego hay que calibrar esa famosa masa indecisa que se dice decide las elecciones y que es enormemente volátil. Pero eso, ¿quién lo mide? ¿Arriola? Como decía mi padre, que en Gloria esté, "¡arrea!".
Este cambio de bando de la abstención explica plenamente lo que acaba de suceder, un hecho que inaugura desde luego una etapa nueva desde 1975. Asistimos al final de la partitocracia bipartidista —lo cual es bueno— y al comienzo de… ¿qué? La fragmentación de unas opciones respaldadas por siglas que sólo tienen en común el deseo de dinamitarlo todo es, en cierto modo, una garantía de orden y paz. Los asamblearios y perroflautas nunca lograrán ponerse de acuerdo en quién administra un solo euro. De modo que el resultado fáctico de su "triunfo electoral" puede ser cero. Esto también sería bueno. Bélgica ha estado un año sin Gobierno y no ha pasado nada. Hay quien dice incluso que la situación económica ha mejorado notablemente. Ya se sabe: se prorrogan los presupuestos, no se aprueba una ley (mucho menos un decreto) y la maquinaria administrativa sigue "funcionando" con su morosidad habitual, como en Italia.
¿Qué ocurriría, sin embargo, si los "bolcheviques" se lanzaran a la revolución, como en febrero del 36? Si fueran a por todas, cada uno en su barricada y con su lata de gasolina. Entonces, bueno, vetemos a la imaginación, que ya sabemos es la loca de la casa.
Acabo de leer que Esperanza Aguirre, veinticuatro horas después de proponer gobierno de concentración a socialistas y ciudadanos, y en vista de la respuesta áspera y maleducada recibida, ha hecho lo propio… ¡con Carmena! Empiezo a estar seriamente preocupado por la salud mental de nuestros ex-conservadores. Claro que después de los bandazos dados con el aborto, el matrimonio homosexual y la educación… uno se lo puede esperar todo.

Lo importante en este momento es hacer un paréntesis y dejar de seguirle el paso a los políticos en las cábalas del pactismo. Porque si pretendemos calcular sus cartas en la partida es muy probable que la salud mental en peligro sea la nuestra. El poder es, desde hace mucho, en España, una enfermedad. Lo que vemos ahora es una pandemia. Puede incluso que —fruto de una carambola, desde luego, y no de una estrategia preconcebida que revelaría un grado de astucia por parte de los populares impensable— lleven razón quienes avanzan una contrarreacción del electorado que se quedó en casa mas el de Ciudadanos más una parte de los antisistema de extrema izquierda que movilice el voto al Partido Popular en las elecciones verdaderamente trascendentales para España, que, obviamente, son las generales. Ello le podría dar al supuesto partido de la derecha un éxito absolutamente arrollador. Pero antes tendrían que suceder dos cosas: que las marcas locales de Podemos arruinen cuanto encuentren a su paso en los niveles regional y local, pero sin conseguir destruirlo todo en tan poco tiempo; y que el PP culmine en seis meses una catarsis interna con relevo en la cabeza. Ambas condiciones son improbables, aunque estamos en España, no se olvide.

miércoles, 13 de mayo de 2015

LA REBELIÓN INTERIOR

El 6 de abril de 2014 tuvo lugar en el Parlamento europeo una votación aparentemente menor pero que encierra un significado muy alto en los tiempos que corren, al menos en España. Se proponía que los representantes de los ciudadanos comunitarios allí presentes decidieran, en vista de la situación económica por la que nos arrastramos desde hace demasiados años, viajar en clase turista en lugar de bussines. La cuestión no era en absoluto baladí, incluso materialmente, porque en primera el billete de cada diputado, ida y vuelta con Iberia de Barcelona a Bruselas nos cuesta 1.297 euros mientras que con Vueling clase turista nos sale por 150. Y recalco el pronombre por razones obvias. Mucho más si tenemos en cuenta que el importe del asiento en "bussines class" es equivalente al sueldo de un maestro durante veinte días. Bruselas sigue estando muy lejos.
De los cuarenta y tres diputados españoles en la bien nutrida Cámara votaron a favor los siguientes: Ramón Tremosa y Balcells (CiU), Rosa Estarás Ferragut (PP), Oriol Junqueras Vies (ERC) y Raúl Romeva i Rueda (Iniciativa). Curiosamente, los cuatro catalanes. Nadie del PSOE ni de IU ni del PNV ni de UPyD. Subrayo particularmente la valentía de la señora Estarás, que se desmarcó de la disciplina férrea de su partido, también en esto aprendiz del PSOE.
Estos resultados electorales deberían mover a reflexión a los votantes, ahora que se acerca la segunda cita con las urnas en lo que va de año y que nos disponemos a asistir de nuevo a la letanía pedigüeña de votos que ya resulta tan patética como el incumplimiento sistemático de las promesas. Quien suscribe, que no pertenece a otro planeta ni a otra nación ni a otra especie que los que me leen, le da vueltas y vueltas a la salida de esta espiral que el alejamiento entre la ciudadanía y los políticos va creando a velocidad exponencial. Y casos como el de esos cuatro diputados —un 9 por ciento del total— ofrecen ciertos retazos de esperanza. No debió de ser casual que la mencionada votación se celebrase en vísperas de las elecciones europeas, es de suponer que para dejar todo "atado y bien atado". Después entró Podemos, pero las mayorías no han aceptado nuevos debates sobre un tema tan deleznable.
La manipulación que los partidos hacen de la sociedad, al menos en nuestro inmaduro país, sólo tiene un escape: la rebelión interior. Da igual que sean pocos. Un puñado de ellos ha dado testimonio de coherencia y decencia en el Congreso de los Diputados desmarcándose de la pantomima popular en torno al aborto solicitado por menores. Creo que hasta el día en que los mismos cargos públicos de los partidos —ya sé que todo se lo deben a los dirigentes internos— antepongan su conciencia a la conveniencia. Ese día, que llegará, estoy seguro que llegará, la regeneración democrática será una realidad y la confianza del pueblo volverá a las instituciones, hoy por hoy ajadas y decaídas en un sopor de autosuficiencia y endogamia del que no salen porque saben que tienen a la sociedad en la ratonera del "o nosotros o la dictadura".

Sólo desde dentro tiene arreglo un problema creado desde dentro. Aún me queda algo del adolescente ingenuo que vivió la transición y fue testigo de sus luces y sus sombras. Ese mozalbete que nunca odió a Franco y siempre amó un futuro mejor, en concordia, justicia y participación pública, sería feliz, igual que sus hijos, si en los partidos hundidos en lodazales a los que hemos llegado surgieran voces y actuaciones que nos devolvieran la ilusión de votar. Ésa que el próximo día 24 volverá a estar ausente de nuestras vidas. 

lunes, 13 de abril de 2015

LA ABSTENCIÓN CAMBIA DE BANDO

Al fin lo han entendido. Parece, que nunca se sabe. "El enemigo a batir es la abstención", ha dicho el joven coordinador de la campaña del PP. Al menos parece que están empezando a entenderlo, aunque sea ya muy tarde y ello no quiera decir que vayan a ser capaces de corregir el rumbo.
Amigos y conocidos me preguntan mi opinión sobre los resultados de las elecciones andaluzas y de las encuestas que se van desgranando en este año santo electoral. Ven en mí al periodista que siempre he sido, mal que les pese a algunos de los que se han cargado el periodismo a base de ejercer de comisarios políticos. Como periodista "que no duerme", y no como el profeta que no soy —y menos en mi tierra—, doy mi diagnóstico. Insisto que no es un pronóstico, porque en este sentido uno está lo suficientemente escarmentado.
Para sintetizar y empezar por el final, creo que lo que se está produciendo en España es un cambio de bando de la abstención. La población sociológicamente de derechas está cansada. El último gancho recibido ha sido la traición general por parte del PP a los grandes ideales que llevaban al electorado conservador hasta las urnas. El votante fiel al partido anti-izquierdista es reacio a "movilizarse". De ahí lo fundamental de cuidar ese voto como oro en paño. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho el Partido Popular de Mariano Rajoy desde que llegó al poder con mayoría absoluta. Ya José María Aznar desperdició una gran parte de la oportunidad histórica que le brindó la primera mayoría absoluta de la derecha en la España democrática. Pero lo que ha hecho su sucesor se parece más a un suicidio político colectivo que a otra cosa. La izquierda "pura" —comunistas, para entendernos—se fue alejando de la urnas conforme la idea de revolución democrática se fue desinflando bajo la égida de Felipe González. Zapatero hizo lo que pudo por resucitarla, pero le cogió el dominó de Lehman Brothers y perdió hasta los muebles. Y entonces, la derecha se encontró con su gran baza: la abstención de la izquierda comunista y el cabreo de muchos votantes socialistas.
¿Qué ha hecho Rajoy con todo eso? Echarlo por la borda. Llevado por el miedo —ese gran truhán que malogra vidas y naciones— se ha echado en los brazos del ala "progresista" de un partido conservador. La cuadratura del círculo. Casi todo lo que ha hecho el PP desde el 20-N de 2011 ha sido emular —o mejor dicho, imitar descaradamente— a la izquierda social-comunista. Pero Podemos lo hace mejor, más asambleariamente, más demagógica y radicalmente, con más pureza bolchevique y un jugoso aderezo anarcoide.
En Andalucía, el PP, que ganó las elecciones autonómicas anteriores al partido cortijero, ha perdido diecisiete escaños. ¡Diecisiete! Y la encuesta del periódico felipista —y antipodemista— de este fin de semana lo sitúa ya en el ámbito nacional como la tercera fuerza política. De aquí a las generales, será, probablemente, la cuarta, rebasada por Ciudadanos.
Es obvio que el voto conservador no ha ido a Podemos ni al PSOE en Andalucía. Una parte habrá ido a Ciudadanos, aunque si estudiamos su programa vemos que está más cerca de la izquierda que de la derecha. ¿A dónde ha ido pues la papeleta de la gaviota que se ha perdido? Ya digo: a la abstención. Entonces —se me repondrá—, ¿por qué ha aumentado la participación? No es difícil darse cuenta. ¿Dónde estaban los votos de extrema izquierda antes de Podemos? No desde luego en Izquierda Unida, que no acababa de despegar. Estaban en casa. La abstención ha cambiado de bando. Antes era roja y muy roja. Ahora es azul, y seguramente más azul que antes.
La única "fuerza" que ha apostado abiertamente por los valores de los que ha abdicado el PP es VOX. Pero carece del apoyo juvenil e indocumentado de las redes sociales, del dinero de partidos que ya tienen representación parlamentaria y de la simpatía de las empresas mediáticas, que siempre invierten en el caballo ganador, aunque a menudo se equivoquen. Por si fuera poco, VOX empezó con mal pie, designando candidato a las europeas a un político de la vieja escuela que en cuanto perdió la primera vez se quitó de en medio. Le queda Ortega Lara y poco más. Pero seamos descarnadamente sinceros: ¿Quién se acuerda ya del héroe Ortega Lara? Por supuesto, los que nacieron después del 90, y votan desde el 2008, apenas saben ni quién es.
Ésta es la radiografía de lo que está pasando, según este humilde servidor. Si se fijan, por primera vez desde que las Cortes franquistas aprobaron la ley de reforma política de Suárez-Juan Carlos, los parlamentos adquieren un color monógamo, que recuerda al de aquellos de allende el telón de acero.
Y eso es lo que hay, amigos y conocidos.

Feliz Pascua de Resurrección.

viernes, 27 de marzo de 2015

NUEVAS VIVENCIAS EN TORNO A "EN EL ÚLTIMO MINUTO"

"En el último minuto", mi primera película con "proyección" pública, anda con vida propia. No en vano, su tema es ése, la Vida. Se concibió como un canto a la Vida. Se ha gestado como una aventura de vivir. Vio la luz (del proyector) hecha Vida. Y ahora, mediante un curioso mecanismo que para mí ha sido otra sorpresa grata (y van…), sigue dando pasitos y poniéndose trabajosamente en pie.
El sistema es relativamente sencillo, como la historia misma que se cuenta en esos 37 minutos de audiovisual entre dramático y documental. A través del correo de la página web (enelultimominuto.com) o bien mediante el viejo y eterno medio de la comunicación boca-oído, alguien que ha conocido la película se pone en contacto conmigo y me pide una proyección pública. Las últimas, de Año Nuevo para acá, han sido en la hermandad de Montserrat, en la parroquia de San Juan XXIII (hermandad de La Anunciación), que por cierto cumple 50 años; en la céntrica y culta tertulia "La Revuelta" y en el colegio Altair, todo ello en Sevilla. Altair es un centro masculino que imparte desde 1967 enseñanza desde las primeras fases hasta Bachillerato en una de las zonas más deprimidas de Sevilla, entendiendo por deprimida no marginal sino esforzada por trabajadora. Tal vez por eso, la socialista Junta de Andalucía le acosa sin tregua y le ha retirado la subvención hasta que no dé su brazo a torcer y se haga mixto. Pero Altair es una entidad integrada en el Opus Dei, y tal vez sea esto y no otra cosa lo que esté detrás de la presión incesante que le hacía a un alto directivo del colegio pedirme, tras una proyección, que rezara "porque si esto sigue igual, las familias de este barrio se quedan sin colegio. O viene un magnate y lo compra."
Y precisamente al término de esa proyección tuvo lugar una vivencia de las que guardo en mi corazón porque está claro que no son cosa meramente humana. Una mujer joven se me acercó y me dio las gracias al tiempo que me felicitaba. Pero lo más importante es la impresión que dejó en mis brazos con una sinceridad transparente y una sonrisa franca: "Es una película que te mete dentro de la historia y te emociona de principio a fin". Había una punta de humedad en sus ojos. Cuando se marchaba, el representante del centro le despidió por su nombre: "Adiós, Sonia". Me llené de alegría, porque yo hubiera querido saber algo sobre esa mujer y tener alguna referencia de cara al futuro. Como le pregunté con un gesto, él me respondió: "Es una madre del colegio, y ahí donde la ves, tiene cinco hijos". Insisto en que Altair está en un barrio muy modesto de Sevilla, en la periferia, casi en el extrarradio.
Si ese día les pasé la película a los padres de Primaria que a continuación iban a recoger las notas de sus hijos, una semana después volví al colegio para proyectar ante los padres de Secundaria. El ambiente era distinto, más serio y quizás más tenso. Ya se sabe que las calificaciones de esta etapa suelen ser más problemáticas. De hecho, no pudo haber coloquio porque "están nerviosos y ansían conocer las notas". Ese día, la vivencia-regalo de lo alto que recibí fue aún más intensa. Me presentó un profesor del centro, también de edad mediana, coordinador de Secundaria, a quien desde el principio noté algo inquieto. Estuvo a mi lado durante la proyección. Al término de la misma, los padres salieron "en tropel". Pero él se quedó conmigo y "desembuchó" enseguida. Esta vez no era un asomo de lágrimas lo que había en sus ojos, sino un paño que se interponía entre su mirada y la mía. No sabía cómo contármelo. Titubeaba. Iba muy deprisa. Yo andaba recogiendo los cables, pero veía que aquello requería atención. Más o menos, éstas fueron sus palabras: "Es que yo me he identificado completamente con esa historia, porque tengo una hija pequeña que cuando estaba en el vientre de su madre presentó síntomas de acondroplasia (enanismo). Nosotros estábamos locos con la niña. Aquello fue un palo, lo confieso. ¿Y sabes lo que nos dijeron? Pues qué lástima que no hubieran venido ustedes un mes antes, porque podrían haber… abortado. Mi niña es una maravilla. Y ahora la queremos mucho más que si no tuviera ese problema. Por eso, cuando he visto la película… se me ha removido todo."
Le dije que lamentaba haberle traído tan malos recuerdos. Al pronunciar el nombre de la enfermedad, sólo una vez dijo el vulgar, y como metiéndolo entre dos paréntesis muy apretados. Se detuvo cuando tenía que decir "abortar". Yo dije lo que él no era capaz de decir: "matar". No sé si hice bien o no. Pero la vida —¡la Vida!— se te presenta como quiere y tú respondes como puedes.
Ambas experiencias van escoltadas por otras menores (coincidencia con un joven camarógrafo que casualmente es el novio de una actriz de la película, y que fue llevado hasta la conciencia pro-vida por ella, jóvenes universitarias que se prestan voluntariamente a trabajar como actrices en proyectos futuros, la dependienta de una tienda de juguetes y de muebles que me reconoce y felicita, una colaboradora pro-vida que lee espontáneamente en una proyección la carta de una chica que decidió ser madre "en el último minuto"…).
A medida que "evoluciona adecuadamente" el recorrido de nuestra película, voy coleccionando azares que no lo son y de los que repongo energías cuando me faltan. Ellos me animan a pensar que esta película no morirá nunca y renuevan mi esperanza en esos 180 DVDs que están repartidos en lugares que no sospechamos y que tal vez puedan, directamente o por carambolas, salvar vidas.

Por cierto, felicidades a las Lolas.

jueves, 19 de marzo de 2015

SAN JOSÉ, ESE PADRE QUE CRECE

La de San José es una de esas figuras evangélicas que se agigantan en tu vida sin tú buscarlo. En mi caso, tengo varios antepasados y familiares vivos llamados Pepe. No obstante, sospecho que esta corriente de simpatía y devoción viene por otros caminos. Es la paternidad lo que me subyuga de este titán de la fe, el primer mortal nacido con mancha de pecado original que creyó lo que ninguno de nosotros —y hoy menos que nunca— aceptaría. Tras Abraham, él fue el patriarca más entregado a la fe, y también la primera cuna (o la primera cruz, según se mire) para el Salvador, ese hijo de su alma ya que no de su cuerpo.
En Sevilla tenemos una iglesia, comprada por Mateo Alemán —el autor del Guzmán de Alfarache— cuando era hermano mayor de la cofradía del Silencio, en la que hace muy pocas fechas se celebraba el aniversario de un voto concepcionista que está en el origen de la corporación. La fiesta consistía en un concierto de música sacra barroca. Mientras sonaban Bach, Haendel o Haydn, mis ojos, que no podían atisbar al coro intérprete, se desviaban una y otra vez hacia un altarcito situado a mi lado. Allí estaba San José en la tradicional postura de llevar al Niño Jesús de su mano. Su mano… el punto de atraque de aquel infante divino que siempre se representa vuelto hacia su padre y como preguntando insistentemente, que es el oficio de los niños. Conservo una fotografía del día en que hice mi Primera Comunión, que siempre me recuerda a San José y el Niño. Vamos ambos por la acera, a pocos metros de la iglesia donde sigo yendo a misa. Ando yo enfrascado en una conversación muy animada, vestido de fraile y cogido de la mano de mi padre. Aquella mano… anclaje de mi escaso puñado de certezas.
Sí, San José es nuestro padre, el confidente, el orientador, el puerto de abrigo frente a los vientos cambiantes de una vida a menudo amenazada. Santa Teresa fundaba siempre bajo su patronazgo, empezando por aquel convento en miniatura donde empezó su revolución en Ávila. Loado sea este personaje que dio nombre a mi colegio y que nos lleva de la mano como hizo con Aquel a quien a buen seguro tomaría en sus brazos nada más nacer.

miércoles, 25 de febrero de 2015

DÍA DE LA IZQUIERDA ANDALUZA

Marchando una de estadísticas veraces y significativas. Se aproxima la celebración del puente de Andalucía, que ésta es la verdadera fiesta porque los festivos en la enseñanza andaluza van a ser cuatro, de modo que el profesorado esté contento y los niños para qué te cuento. Y cuatro días de puente con buen tiempo dan para mucho. Incluso para pensar, aunque sea viajando. Sí, he dicho cogitar, como si fueran cuatro jornadas de reflexión para celebrar lo que está decretado que se conmemore. Y, ¿qué mejor que hacer un poco de historia verdadera para saber al menos algo de lo que este colosal puente de cuaresma y carnaval juntos supone?
Sigo a la wikipedia, para resultar modernito y eso. El 28 de febrero de 1980 (veinte añitos tenía yo y todavía me creía muchas cosas) se llevó a cabo un referéndum que, según recuerda la wikipedia, el Gobierno de la UCD (entonces el único existente en aquella España aún no fragmentada en taifas) rechazó bajo el lema (Lauren Postigo dixit) "andaluz, éste no es tu referendum". Esto no lo dice la wikipedia pero lo recuerdo yo como si fuera ayer. Se trataba de discernir (sic) si los andaluces querían la autonomía por el 151 o por el 143, lo cual parecía más bien el cuestionario de un examen de oposiciones sobre el temario de las mismas. Si a ello añadimos el texto de la pregunta ("¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?"), tenemos las oposiciones completas.
Sabido es que el pueblo andaluz, "abrumadoramente", dio su apoyo plebiscitario a la gran oportunidad histórica, tan ansiada durante las cuatro décadas de oprobio que habían precedido, de acceder al autogobierno al que tenía derecho en virtud del "hecho diferencial", el cual aún no sabemos en qué consistía aunque el actual presidente del Gobierno de España ha hablado de corrupción.
Dice también la wikipedia, y es palmario para quienes conocimos aquellos acontecimientos, que el referéndum no era más que una tapadera para adueñarse del poder en Andalucía. La izquierda deseaba imponer el artículo de la vía rápida, para situarse al nivel de Cataluña, País Vasco y Galicia, las regiones que habían visto aprobados sus estatutos durante la II República. Unión de Centro Democrático —no digamos nada de Alianza Popular— sabía que eso era tanto como entregarle a la izquierda las llaves de Andalucía, la región más poblada y por tanto con mayor peso demográfico de España, y que quien da primero da dos veces (en el caso andaluz, da para siempre, como hemos visto durante 35 años).
De modo que el 28 de febrero de 1980 lo que se ventiló en las urnas, mediante consulta tan directa como aparentemente inescrutable, fue si el feudo andaluz que prefiguraba la Constitución era para los conservadores moderados, que hasta entonces habían ganado las elecciones generales en Andalucía, o para el PSOE y el PCE, que acaparaban, junto al Partido Socialista de Andalucía (el único verdaderamente andalucista) la opción por una autonomía rápida. Fueron estos partidos los que reivindicaron hasta la saciedad el referéndum. Y los que lo ganaron. ¿Por arrolladora mayoría? ¿Fue tal el respaldo popular en Andalucía que justificara declarar aquella fecha como el día de la Comunidad? Veamos.
Vuelvo, para no abandonar la modernidad, a la wikipedia. Estos son los datos, andaluz por andaluz. Sobre un censo de 4.430.356 ciudadanos con derecho a voto, ejercieron el mismo 2.843.820. De ellos, lo hicieron afirmativamente —pronunciándose a favor del artículo 151— 2.472.287. Por el contrario, votaron en contra 152.438. En blanco se depositaron 200.210 sufragios, y otros 12.576 fueron declarados nulos. Hasta aquí los números. Pero lo importante, lo que ha determinado toda una generación de política andaluza, son los porcentajes. Son éstos: Votó un 63,83 por ciento de la población electoral. Es decir, que se abstuvo un 36,17 por ciento. De ese 63,83% que se acercó a las urnas, un 55,42 por ciento llevaba un voto favorable al sí, mientras que un 3,41 se opuso y un 4,48 votó en blanco. Otro 0,47% vio anulado su voto.
¿Por qué es trascendental la participación, así como los votos en blanco? Pues porque la UCD, que ganaba —repito— las elecciones generales en Andalucía (no así las municipales, razón que estaba detrás de que el referéndum se celebrara porque el 97 por ciento de los ayuntamientos andaluces lo reclamó) había pedido la abstención o el voto en blanco. Así de sencillo. Como transparente es que si a la abstención sumamos el porcentaje —ojo, sobre el censo— que representaron los votos en blanco y los votos en contra, nos encontramos con el bonito fenómeno político de que lo que se celebra el 28 de febrero de cada año, con puente incluido, es la victoria del sí en el referéndum de autonomía por un 51,47 por ciento de mayoría sobre el censo electoral andaluz. Así son las cosas. La fiesta institucional (¿o nacional?) que regula la Junta de Andalucía sólo sirve para ese 51,47 por ciento de los andaluces, no para el 48,53 por ciento restante, que no tiene —tenemos— nada que celebrar. Es lo que los expertos en demoscopia llaman "empate técnico", dada su "volatilidad".
Se me dirán… muchas cosas. Que no es válido extrapolar datos de hace 35 años a hoy (entonces, ¿por qué celebramos aquel referéndum?), que esos datos no restan legitimidad a la consulta (ni yo lo niego; lo que rechazo es que se pueda elevar al rango de efeméride institucional lo que no fue más que una elección partidaria que marcó el futuro de muchos andaluces y españoles, porque desde entonces las elecciones generales se suelen llevar a cabo el mismo día que las andaluzas)… Pero lo cierto, amigos míos, es que la manipulación histórica es de libro, y, por supuesto, lleva marchamo rojo.
Por si hubiera alguna duda razonable sobre el carácter totalizante de la maniobra, el dogma se introdujo pronto en todas las escuelas de Andalucía, dando lugar, mediante órdenes ejecutivas, a una serie de actividades especiales de fuerte sabor nacionalista y desde la más tierna infancia, que además brillan por su ausencia en lo referente al hipotético "día de España". ¿Qué decir de lo que aprenden nuestros hijos en sus libros de texto? Y pobres de los padres que intenten apostatar de la fe veintiochofebrerista…
Adolfo Suárez, adalid de la cruzada anti referéndum, el mismo con cuyo nombre el tándem PSOE-IU o IU-PSOE que tanto monta, en el Ayuntamiento de Sevilla, ha rotulado la avenida de Carrero Blanco (valedor, por cierto, de Suárez) para dársela a su sucesor recientemente fallecido, se sinceraba durante una gira por Iberoamérica ante una periodista, cuando ya barruntaba su dimisión, que "quien ha acabado con mi carrera política ha sido Andalucía". Si hemos de recuperar la memoria histórica, recobrémosla entera, no a retales según el gusto de quien corta la tela. Y éstos son los hechos que ya nadie nunca podrá cambiar.

Por cierto, ¡Viva Andalucía española! (¿Les suena?)

lunes, 16 de febrero de 2015

LOS EMBOZADOS Y FRANKENSTEIN

Hay un motivo, uno solo, que explica cuanto está pasando en los países del sur de Europa, especialmente el nuestro con lo que podríamos llamar "el misterio Podemos". Para ceñirnos a la experiencia española, podemos decir que fue terminar la dictadura —o quizás antes— y entregarse la nueva clase política "democrática" a la sistemática y tenaz tarea de cultivar la frustración en el electorado. ¿Recuerdan los 800.000 puestos de trabajo? Su autor intelectual acaba de jubilarse como parlamentario, en medio de un aura de santidad laica del que ha participado fervientemente la derecha. ¿Qué decir del "OTAN, de entrada no"? O del "se pudrirán en la cárcel", por parte del mismo que acaba de rechazar el simulacro de cadena perpetua pactado por su partido. Esto, por referirme sólo a algunas graves cuestiones que se me vienen a la cabeza.
La historia de la democracia en España es la de un gran engaño. Casi nada de lo sustancial prometido ha sido cumplido. La sensación sembrada en la sociedad es la de que se le ha tomado el pelo una y otra vez. ¿Es extraño que surja un tumor en el margen de la pantalla? Naturalmente, el margen es siembre el siniestro, faltaría más. Cuarenta años de Podemos escorado hacia la derecha tienen que producir otros tantos de inclinación arbitraria hacia el lado contrario. La "casta", que por supuesto existe, ha ido agotando todos los márgenes de confianza que la ciudadanía española ha ido depositando en ella con paciencia digna del santo Job. Lo último, el cartucho quemado que ha dado a Podemos la mano de la hija casadera en las tres bodas electorales próximas, ha sido la abdicación del principio sagrado de la vida o lo que es lo mismo, la reconducción legislativa para que el aborto deje de ser un derecho. La burla de los impuestos aún pudo encontrar alguna disculpa (los trucajes contables del Gobierno anterior, etcétera) pero en punto al aborto sólo cabe responder con las palabras de Gallardón: "¡Qué asco!". Son los que podríamos denominar "embozados", porque siempre nos han ocultado su verdadero rostro.
El viaje del Partido Popular a ninguna parte —ese centro que siempre se escapa hacia la izquierda hasta llegar a manos de los extraparlamentarios— ha creado el apagón final de la gran comedia. Ni la gente encuentra trabajo ni cree ya una sola palabra de cuanto le digan ni el PP ni el PSOE. De modo que Podemos se revela en realidad como un efecto científicamente inevitable de este diabólico juego de física mecánica que aburriría al mismo Descartes.
Muchos, generalmente de estirpe marxista, se escandalizan de este fraude político y de que los beneficiarios sean, según ellos, una panda de jovenzuelos (o cosas peores) indocumentados. Aquí viene la segunda parte del experimento de laboratorio que está a punto de rebelarse contra todas las normas de seguridad del sistema. El proceso regulador de la educación en España es, desde la Ley General de 1970, una especie de construcción del Frankenstein que ahora cobra vida propia y se dispone a destruir a sus creadores. Tras un siglo de Plan Moyano, aquel ministro de la Restauración que diseñó el Bachillerato en el que nos formamos "los últimos de Filipinas", Villar Palasí sucumbió a los cantos de sirena del mayo del 68 —y sus ecos en las universidades españolas— trazando una planta nueva, más igualitaria y universal, menos elitista y selectiva. Pero este programa podía servir para desarrollar España  si no en el terreno cultural sí en el económico. Todo se vino abajo sin embargo con la LODE de Maravall, es decir con los aires revolucionarios de aquellos jóvenes del "Podemos" que tumbó a la UCD poniendo así fin a la "guerra civil" light que fue la transición. Felipe González pudo dictar el 29 de octubre de 1982 un parte que dijera "cautivo y desarmado el postfranquismo reformista, las huestes socialistas han alcanzado sus últimos objetivos. La transición ha terminado".
Después vino la LRU, con la que los "penenes" desterraron a los catedráticos y se apoderaron de la universidad española, abriendo la caja de pandora que sigue hoy soltando truenos (recientemente, verbi gracia, un cartel anunciaba la proyección de un "documental" en la línea de Podemos, organizada por las Juventudes Comunistas de Andalucía en la sede del Consejo de Alumnos de la Universidad de Sevilla).
Ya cerrada la tenaza por arriba y por abajo, todo era cuestión de devorar el relleno del emparedado: la enseñanza media, el gran logro del franquismo. Y se pusieron manos a la obra, dando al BOE una LOGSE que supuso el final de la obra demoledora emprendida por los protosocialistas del franquismo.
En suma, todo el sistema educativo español es de cuño socialista (no olvidemos que la LOU de Aznar quedó finalmente irreconocible y que su ley de educación apenas entró en vigor) desde el año 1990, con publicación de la LOGSE. Los chicos de Podemos son criaturas plenamente logsianas, y sus mentes piensan lo que se propusieron aquellos socialistas triunfales de una era que no parecía acabar nunca y que hoy hace aguas por todas partes. El profesor que deconstruyera a Moyano para instalarle un cerebro de Frankenstein, es ahora víctima de su artefacto. No hay nada extraño en todo esto. La historia está filmada desde hace muchos años.

jueves, 5 de febrero de 2015

CINE ARTE-SANO Y DILETANTE

Como soy un negado para todo lo que huela a palomitas devoradas al compás de un cine sin enjundia, no sabía hasta ahora qué es un "blockbuster". A lo mejor ustedes tampoco. Es lo que antes se llamaba una superproducción, pero con más marketing. Suenan cantos de sirena para su contrapunto, el cine independiente —¿Ah, pero lo había?— en nuestro país. La entrega incondicional a la subvención pública tiene estas cosas, que desaparecida la conveniencia política, te quedas como una colilla en una cuneta.
Por eso cada día estoy más feliz de haber emprendido el camino de "Pamarbea", una marca registrada detrás de la que no hay empresa ni infraestructura ni negocio. Sólo amor al arte y gratuidad en el servicio a una causa. De momento, nuestro "móvil" es la lucha por la vida de otros, de los más pobres entre los pobres, de los que carecen de voz y de todo: los no nacidos. Ellos son los héroes de "En el último minuto". Ellos en su silencio, y una muchacha llamada María (Pilar Domínguez) en una formidable interpretación que sigue arrancando una lagrimita de quien suscribe cada vez que ve la película.
Redacto estas líneas como un reportero de los antiguos, de esos que no sabían qué iban a escribir hasta que sonaba el timbrazo del taller avisando de que era "la hora". Y entonces, las ideas tomaban forma y lenguaje con el ímpetu de una cascada. Con esa frescura quiero poner al día a nuestros seguidores del camino que va recorriendo "En el último minuto", ese milagro por la gracia de Dios que ha nacido sin dinero y sin dinero pervive, con mejor salud cada día.
En la página web (enelultimominuto.com) se van colgando fotografías de cada proyección. Puedo decir que no he pedido ninguna (algunas que sí las he solicitado no han encontrado eco). Se trata de proyecciones que han venido a mí, merced al célebre "boca-oído", si bien María de los Ángeles, la colega que se ocupa de lanzar las convocatorias, hace bien su faena para darle algo de notoriedad a una película sin publicidad y sin premios (de momento).
Desde su estreno, el 25 de junio pasado, hemos salido —insisto que sin buscarlo— a casi una proyección mensual: La hermandad de La O (10 de octubre), Pro Vida de Mairena del Alcor (21 de octubre), las Jornadas de Apostolado Seglar (Plaza de San Francisco de Sevilla, 24 de octubre), la hermandad del Santo Entierro (12 de diciembre), la hermandad de San Esteban (13 de diciembre), y la hermandad de Montserrat (9 de enero). Si echamos una cuenta aproximada de cuántas personas han asistido a las proyecciones, y teniendo en cuenta que en Bormujos al estreno fueron unas 400, tenemos que nuestro mediometraje, tan modesto, ha tenido ya alrededor de 600 espectadores. Añadamos los que han podido ver el DVD y la cifra puede llegar fácilmente al millar.
Todo eso, repito, sin más dotación presupuestaria que lo que una familia de cinco miembros con su padre, que soy yo, en paro, ha podido aportar.
En puertas tenemos varias proyecciones más, lo que supone que hasta el próximo verano, si Dios quiere, podremos haber mantenido el ritmo de una al mes. Y en todas ellas se ofrece el DVD para que la historia perviva en las casas, las hermandades, las asociaciones o los colegios, aunque éstos últimos parecen algo remisos. De momento, están confirmadas dos exhibiciones (entrada libre) para el mes de febrero: El día 19, a las ocho y media de la tarde, en la sala "La revuelta" (calle Siete Revueltas 33 de Sevilla), y el 27 a la misma hora, en la parroquia de La Anunciación de la barriada obrera de Juan XXIII, en acto organizado por la hermandad de La Anunciación. Ni que decir tiene que la película da pie a coloquios de enorme interés que vuelven a servir para cobrar ánimos unos de otros y darnos cuenta de que no estamos ni mucho menos solos.
La vida se abre paso, pues, y el cine arte-sano y diletante, también. Lucho por mantener viva la llama, y por seguir haciendo películas con valores y en libertad. Desde aquí hago un llamamiento a los miembros del equipo de "En el último minuto" para que estén prestos, porque ya hay nuevos guiones en marcha.
El reportero, que se siente joven aunque "los medios" hayan prescindido de él, tiene el placer de dar a conocer una nueva noticia triunfal: La Biblioteca Nacional —¡nada menos!— se ha interesado por la película y el making off. Esta misma mañana ha recibido una copia la jefa de Servicio de Audiovisuales, doña Alicia García Medina, a quien aprovecho para agradecer su interés en orden a que la alta institución cultural hispánica cumpla su misión, consistente en —son palabras textuales suyas— "la preservación de la producción intelectual que se produce en España entre la que se encuentran los audiovisuales". De esta forma, "En el último minuto", y todos los que figuran en sus títulos, estarán desde ahora en el Catálogo de la Biblioteca Nacional de España, gozando de difusión "a nivel mundial" (vuelven a ser palabras suyas).
Así que enhorabuena, amigos de "En el último minuto", porque se van abriendo unas puertas muy serias, y todo es gracias a Dios y a vuestra labor. Sólo os pido que no abandonéis nunca a la película y que conservéis intacta la ilusión de seguir trabajando por la verdad y por la justicia… con arte (el séptimo, para más señas).

Agrego una anécdota. La noche en que vi en una gran pantalla proyectada la cinta en la Plaza de San Francisco (lugar más sevillano imposible), me acordé del primer equipo de Súper-8 que tuve. Me lo compró mi padre a muy pocos metros de allí, en la tienda Bovis de la calle Sierpes (casi enfrente de la librería San Pablo, donde hoy se venden los DVD). Era un proyector Eumig, mudo, un tomavistas Bell&Howell y una empalmadora de acetona. Recordaba también que junto a las máquinas me regaló —Dios lo tenga en su Gloria— una película sobre las fiestas primaverales de Sevilla. Yo tenía doce años y unas ganas como las de ahora de hacer cosas. La verdad es que no hice muchas (la procesión de la Virgen de los Reyes, un jardín mágico que tenían unas tías mías en la calle San Vicente, con una Rima de Bécquer de voz en off, y la playa de Valdelagrana en El Puerto). Las conservo como oro en paño, y a veces me quedo mirándolas como un tonto, como el director de "Cinema Paradiso" en la escena final de los recortes censurados con los besos. Aquel equipo fue para mí una fuente espectacular de gozo. Y esa noche estaba yo viendo mi primer filme allí al lado, en público, escaso es cierto. Era todo como un sueño, algo muy parecido a la gala de Bormujos. Por cierto, que en la plaza de San Francisco estaba también Guiamo, la tienda donde compré un proyector manual de diapositivas, que guardo, con el primer dinero que gané: seis mil pesetas por tres meses de informativos en la radio, hace ya la friolera de… ¡Qué cosas!

lunes, 26 de enero de 2015

PEATONES MULTADOS

La Dirección General de Tráfico parece empeñada en acabar siendo una dependencia más de la Agencia Tributaria. Lo último ha sido —algunos ya nos lo temíamos— la ocurrencia de la señorita que la encabeza de multar a los peatones que circulen a velocidad excesiva por la vía pública. Hace algún tiempo que nos vigilan con helicópteros, amén de los ya tradicionales radares, fijos y móviles. Aún está fresca la reforma que nos prohibe utilizar los detectores —no inhibidores, lógicamente prohibidos desde siempre—, aunque lleváramos años con ellos en la guantera, y bien caros que nos costaron. El estreno más reciente quizás sean los tramos de velocidad controlada, ésos que leen tu matrícula a la entrada y a la salida para calcular tu velocidad y que te sancionan en segundos, vía León, donde Zapatero puso el centro nacional —aquí sí hay centralismo— automatizado para que todo fuera sobre ruedas y los presupuestos del Estado engordaran sin intervención humana alguna, como en la Guerra de las Galaxias.
Y ahora, a por los peatones. En un delirio atentatorio del idioma español, se habla en el proyecto de conducción temeraria del vehículo (sic) y otras lindezas propias de la sutileza con la que la DGT suele deslizarse. Cómo será la cosa, que el Consejo de Estado —donde Zapatero, Teresa de la Vega y otros prohombres y promujeres de la cosa pública perciben suculentos emolumentos— ha elaborado algo así como una invectiva entre lingüística y física que equivale a una refutación airada, como hacían antaño los curas con el exámenes descarados de los zoquetes.

En petit comité, hablábamos hace tiempo, al hilo del "progreso" consistente en perseguir al conductor —o al fumador— de que llegaría el día que nos cobrarían por respirar. Estamos en puertas, amigos. Mientras tanto, pongan mucho ojo al hacer footing —algo que a mí, como objetor, me revienta—, y supervisen bien el cacharrito del brazo, porque cualquier día le escriben desde León, con membrete DGT, dándole un tironcete de orejas (y de bolsillo) de nada. Para que aprenda, no vaya a ser que sea crea un peatón con derecho a usar libremente sus piernas vehiculares.

PERIÓDICOS MALESCRITOS

Existe un  gran revuelo en torno a los supuestos restos de Miguel de Cervantes en las Trinitarias de Madrid. Con Cervantes ocurre como con Shakespeare, y en general con todos los escritores que han sido buques insignia de las letras nacionales en cualquier país: que todo el mundo los cita y son de sobra desconocidos. Empezando, claro está, por el guardia que suscribe.
Leo la noticia necrológica sobre don Miguel en los diarios digitales, o mejor dicho en las ediciones digitales de los diarios, que es cosa distinta. Y me sorprende tanto culto al tópico, tanta veneración de los aspectos más espectaculares de los asuntos culturales en un medio que se caracteriza por su monumental desprecio al lenguaje. Será por deformación profesional, pero lo cierto es que cada día me duelen más los ojos de fijar la vista en las erratas de todo tipo —sí, también faltas de ortografía, pero sobre todo de sintaxis, es decir de semántica— que "adornan" las páginas web de los periódicos con creciente y alarmante frecuencia y gravedad.
El factor "continuidad" que constituye el gran rasgo diferenciador de la Prensa electrónica ha desprovisto al producto de estabilidad, y con ella de ese respeto reverencial que la letra impresa inspiró siempre. Cuando se imprime en papel, eso queda, para bien o para mal, en las hemerotecas, y durante veinticuatro horas es imposible enmendar algún error de bulto. En Internet, todo tiene el valor no ya de lo efímero sino de los instantáneo. No quedan huellas, a no ser que, como yo, el curioso lector tenga a mano una cámara para inmortalizar el hecho mediante el consabido "pantallazo". Voy acumulando, como los antiguos hacían con los recortes, una colección de memorables deslices que dicen mucho acerca de la falta de atención que ponen mis colegas en su trabajo. O tal vez de la ignorancia. O de ambas cosas de consuno, que suele ser lo más habitual.
Las primeras mil veces, lo pasas por alto, en consideración a las prisas, de las que yo he sido también rehén durante toda mi vida profesional. Después ya digo, empieza a zaherirte más allá del nervio óptico, en el reino de los pensamientos, y eso me parece cada vez más sagrado, siquiera sea porque se va quedando desierto y porque en él radica la libertad personal.

En suma, más cuidado, compañeros, que a este paso lo que le falta por recorrer al sector hacia su cadalso lo váis a resumir en pocas —y muy mal escritas— líneas.

martes, 13 de enero de 2015

LA FRUTA MADURA

"El primero de los derechos humanos es la libertad de no tener miedo. No tengáis miedo" (Rudolph Giuliani)

Lo cuenta Oriana Fallaci en su libro "La rabia y el orgullo", que recomiendo vivamente a todos en estos momentos críticos para Europa. El entonces alcalde de Nueva York lo dijo dirigiéndose a los equipos de rescate y reconstrucción de la zona cero donde yacían los restos de miles de víctimas del ataque a las torres gemelas. Era una reacción valerosa en tiempo real al gran desafío terrorista. Y los Estados Unidos resurgió de las cenizas, respondiendo al reto con ese ánimo que sólo la joven nación americana es capaz de imprimir a sus gestas. Porque la verdad—lo escribía obsesiva y tenazmente la periodista italiana en 2002—es que Europa está muerta. Mucho más hoy que entonces, más cautiva de sus propias automutilaciones en primer lugar y de la nueva invasión islámica después.
Algunos, pocos, llevamos mucho tiempo clamando por la natalidad en Europa. Y la primera forma de natalidad debería ser desechar el aborto. Pero nuestras prédicas caen, sistemáticamente, en saco roto. Así, no es extraño que los musulmanes, mucho más conscientes que nosotros de lo que procrear supone para la autodefensa, estén pasando a la ofensiva, porque nos ven débiles, y probablemente lo somos.
En primer lugar, como digo, demográficamente. Pero también en otros aspectos, en el famoso "desarme moral" al que los europeos vienen asistiendo desde hace décadas sin hacer nada por evitarlo. Partiendo de la complejidad de todo esto, que reconozco sin paliativos, existe un mal de fondo que da impulso a cualquier elemento extraño que venga a perturbar nuestra "paz social", y es el profundo anticristianismo de todas las tendencias ideológicas contemporáneas en Europa. ¿Por qué esta animadversión, un tanto patológica? Habría que bucear mucho y no es éste el espacio más apropiado para hacerlo, pero sí podemos aproximarnos al concepto de irreverencia como origen de no pocos problemas que ahora afloran con virulencia.
La revista masacrada en París gusta de esa transgresión, como tantas otras corrientes actuales. Da igual que se cebe con el Corán o con la Biblia, lo cierto es que desde el hagiografiado mil veces mayo del 68—el verdadero punto de lanzamiento de esta manía denigratoria de las religiones—la izquierda europea (que ya ocupa casi todo el espectro político parlamentario) disfruta hiriendo cuanto huela a trascendencia, al igual que le encanta humillar a todo lo anterior a sí misma.
Lo cual no significa, en absoluto, que nadie tenga derecho a tocarle un pelo a nadie. Lo único que afirmo es que todas las violencias no son físicas, y que a veces las morales resultan al menos tan dañinas como aquéllas. Criticar no es ofender. Satirizar, a veces, sí. ¿Se debe ser libre para escarnecer? Lo dudo. Pero en todo caso deberían haber sido las autoridades legales las que pusieran dique a las injurias, no—obviamente—una panda de criminales armados.
Por otra parte, a la presión de culturas extrañas se resiste con las culturas propias, nunca con la misma agresividad que practican los nuevos cruzados medievales de la Media Luna. Europa renunció—en contraste con USA—hace ya mucho a su identidad. También lo recordaba hasta la saciedad la Fallaci, atea militante, desde su exilio neoyorquino. Y el desastre, en mi opinión, tiene ahí su raíz, en la dejación irresponsable de los mismos que el domingo se manifestaban contra el terrorismo islámico. Ellos han conseguido, a base de nihilismo, dos cosas: abrir de nuevo la puertas de Occidente al imperialismo mahometano y degradar de tal forma la política democrática que sólo el extremismo rojo—de momento—parezca tener futuro.

Pero esto es materia de otro artículo.

lunes, 22 de diciembre de 2014

VIVENCIAS DE UN CINEASTA PRINCIPIANTE

Tengo que confesar que de cuantas proyecciones de "En el último minuto" se han celebrado hasta ahora, estreno aparte, la que acabamos de tener en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, organizada por la Hermandad del Santo Entierro de Sevilla ha sido la mejor. No sólo por la asistencia —unas sesenta personas— sino por la calidad del acto, conducido por el hermano mayor, José María Font, y en el que han estado presentes, codo con codo, la actriz (y farmacéutica) Pilar Domínguez y la luchadora incansable pro vida Belén de la Concha Castañeda. Pero también las intervenciones del público fueron valiosas. Uno de los activos más entrañables de esta película hecha sin presupuesto ni ayudas de instituciones públicas ni privadas ha sido eso precisamente, que todo se ha hecho sin alharacas, sin pedantería pseudointelectual, sin esnobismo. El glamour que ha habido —y lo ha habido— ha sido natural, espontáneo y, permítaseme la expresión, humilde. Por eso en ese acto flotó el encanto de lo sencillo y complejo a un tiempo, de lo que huye de lo pretencioso, de lo auténtico, en una palabra.
Y de lo "lego". Ninguno de los que hemos confluido en esta película somos profesionales, y eso se nota en los defectos técnicos, pero también en las virtudes de fondo y forma. La entrega generosa ha sido el armazón de la obra, y eso, en un mundo tomado por el egoísmo, la hipocresía y el sentido mercantil de la vida, se agradece siempre.
Durante dicha cita y la del día siguiente en la Hermandad de San Esteban desgrané ante nuestra "audiencia" —yo prefiero decir auditorio— unas cuantas vivencias de director novato que quiero dejar aquí fijadas. Engarzan con otras que ya he contado en esta página y en la web de la película (www.enelultimominuto.com). El hilo conductor es, como saben quienes de una u otra forma estén vinculados con nuestra aventura, la gracia de Dios, la Divina Providencia, que no nos ha abandonado en ningún momento, hasta el punto de que buena parte de "En el último minuto" debería llevar su firma en los títulos de crédito, si no fuera meternos en camisas de once varas.
Hay, concretamente, dos "casualidades" que quiero confiar a mis lectores. Ambas afloraron en la fase de montaje. Es decir, mucho tiempo después de que fueran rodadas, y más aún de que fueran escritas las escenas en cuestión. En los dos casos, la mano que todo lo rige (siempre viene a mi recuerdo el símbolo que aparece en los ábsides románicos) nos sale al encuentro con una evidencia incluso mayor que si la viéramos en imágenes.
Si se fijan, cuando Belén cuenta a María (Pilar) su experiencia en Pro Vida, hay en el centro, al fondo, una madre sentada junto a su hijo pequeño. Ambos están de espaldas (obligado, puesto que eran dos desconocidos para nosotros). Durante la conversación, las voces del niño son como una banda sonora de fondo. En un determinado momento, el pequeño arroja al suelo un juguete. Su madre se levanta y, de camino que recoge el objeto se dirige con su hijo adentro del bar para abonar la consumición. Todo eso va sucediendo a lo largo del diálogo, que se divide en varios cortes. Finalmente, madre e hijo salen y se marchan.
Cuando monté dicha escena, estaba tan pendiente de lo detalles de la "acción principal" que ésta secundaria se me pasó completamente. Hasta que, ya terminada la edición, revisé el material relajadamente. Y entonces surgió ante mí la maravilla. Era perfecto. Como que no lo habíamos preparado nosotros. Alguien había puesto a esa hora y en ese lugar esa estampa insuperable de maternidad, entre las dos caras que ocupaban el plano destacado y que hablaban de lo mismo: el amor madre-hijo. ¿Casualidad? Venga, hombre…
La segunda "intervención" providencial está colocada antes en la película. María se debate en un infierno de tensiones interiores. No quiere abortar, pero ¿cómo salir adelante con su hijo? Por otra parte, le ponen tan fácil hacerlo… Ha pasado por el abortorio y va a ayudar en el montaje de los pasos de su cofradía, La O de Triana. Lo primero que hace es irse directamente al Sagrario. Se arrodilla en el reclinatorio y reza, igual que lo podría hacer cualquier otra chica en su lugar en cualquier momento. Contempla a la Virgen, que está vestida de hebrea sobre el Tabernáculo. Es una dolorosa, como ella. Y sufre. Sufre con una angustia más punzante que en cualquier otra situación penosa de su corta vida. Implora, entona una plegaria interior, piensa y llora. La cámara recorre la imagen de Nuestra Señora desde la cabeza hasta su vientre. Y he aquí que a esta altura, lo que hay es… una corona de espinas. La tortura lacerante se interpone entre el vientre de María, el mismo que gestó al Crucificado, y los ojos anegados de la otra María, en cuyo vientre parecen clavarse esas espinas.
Hay otra alusión a las espinas, también casual y espontánea, en la conversación entre Asunta Fernández y María en el parque de María Luisa. Asunta lleva una rosa en su mano, y le habla a María el dolor que va siempre unido a la belleza. He de recordar que aquellas palabras salieron de la boca de Asunta sin que yo le indicara nada, porque todos los diálogos entre mujeres, tanto en el parque como en la cafetería, son aportación libre e improvisada de quienes hacían aquellas manifestaciones. O sea, que las espinas aparecieron cuando tenían que hacerlo y donde tenían que hacerlo, sin más guión que la voluntad del Creador, inspirador de ellas.
De ambas "coincidencias" fui consciente a la hora de montar aquellas imágenes. Y ya entraron a formar parte del patrimonio de fe que esta película encierra y que hoy he querido compartir con ustedes como un regalo de Navidad.

Por cierto, Felicidades.

jueves, 11 de diciembre de 2014

LA OTRA ISABEL

Nos han suministrado durante décadas una visión bucólica e idealizada de la corte nazarí de Granada, y en general de las culturas islámicas. El embrujo incuestionable de la Alhambra y sus alrededores parecía incompatible con cualquier perversidad que pudiera contaminarlos. Como si no hubieran pasado dos siglos desde que los viajeros románticos troquelaran una impronta de Andalucía recién salida del horno de las Mil y Una Noches. Esta imagen se resquebrajó a partir del atentado de las Torres Gemelas y las ofensivas bélicas subsiguientes del gigante herido. Hasta entonces, un Occidente complaciente con las monarquías medievales del Oriente asentado sobre inmensas bolsas de hidrocarburos no había desvelado la cara tétrica de aquel feudalismo anacrónico. A buen seguro, los filomusulmanes cegados por todo este encanto exótico han modificado algunos de sus postulados dogmatizantes en torno la superioridad del Islam sobre el Cristianismo.
Recuerdo a un célebre escritor manchego que blasona de andaluz aunque vive en Barcelona poner como chupa de dómine a Isabel la Católica en un acto público en el que compartió media hora de gloria literaria con una afamada presentadora de televisión que sigue en la cresta de la ola. Poco antes, este literato de masas había publicado una de las más encomiásticas novelas rosas sobre esa Granada mora sublimada que tanto ha conmovido a las izquierdas en permanente revuelta morisca de las Alpujarras.
Acabo de ver una película de palpitante actualidad que me ha impresionado y que muestra descarnadamente otra de esas realidades que la senil Europa no quiere ver: la esclavitud sexual practicada por bandas mafiosas del Este descompuesto, armadas como ejércitos y financiadas desde lejos por sus clientes: jeques árabes que les encargan el secuestro de niñas en países libres para incorporarlas a su harén. Preferiblemente, rubias, vírgenes y muy jóvenes. Y si son norteamericanas o al menos anglosajonas, mejor. El caudal de dinero obviamente negro que mueve este negocio sólo es comparable con el del narcotráfico, la compraventa de armas o el terrorismo, aunque estamos hablando de organizaciones que actúan indistintamente en cada uno de esos campos. Y todo eso hoy, en este mismo instante. ¿Hasta qué punto las desapariciones de jovencitas —también de varones— de las que algunos programas han podido llenar meses de emisiones está relacionado con esto? Prefiero no pensarlo.
Titulaba este artículo “La otra Isabel”. Y es que ha coincidido la visión de esa película con la lectura de un pasaje histórico del que poco se sabe pero que, como tantas otras veces, cambió el curso de lo que hemos llegado a ser. Al mismo tiempo que Isabel la Católica se esforzaba por convencer a su marido de que debía dejar aparcados los problemas de la Corona de Aragón (Navarra, Francia, incluso Italia) para dar prioridad absoluta a la reconquista de Granada y hacer así honor a su condición de Reyes Católicos, otra Isabel, bastante más joven, casi una niña que aún llevaba trenzas, rubias como ella, era secuestrada en una de las razzias que las tropas del emir granadino realizaban por los campos de Córdoba. Isabel de Solís, que así era su apellido, fue “convertida” y recibió el nombre de Soraya. Cuando el rey de Granada, Abu-l-Hassan ´Alí (Muley Hacén para los cristianos), la vio, fue tal su embeleso que la convirtió en su “primera dama” (algunos dirían su favorita), y postergó a Fátima, su legítima esposa, viuda de Muhammad XI y de quien había recibido en realidad su poder, pese a haber derrocado a su propio padre para conseguirlo.
Fátima nunca perdonó a Muley Hacén, y los granadinos tampoco. Al fin y al cabo, Soraya era una cristiana renegada. Y aquí empieza el gran giro por el que la suerte toda del mundo a partir de mediados del siglo XV pende de una historia de amor (?), de capricho y de pedofilia entre el penúltimo rey moro de Granada y una muchacha cristiana que le cautivó. Fátima era la madre de Boabdil, el que andando el tiempo entregaría las llaves de Granada entre sollozos, e inculcó en él la traición a un emir que había hecho a una enemiga del Islam reina de facto de la Alhambra. Los acontecimientos se precipitarían de tal modo que esa otra Isabel, hoy perdida entre  tantas crónicas como se han escrito de aquellos días privilegiados, esa niña de trenzas rubias raptada para solaz del último reyezuelo mahometano de Europa, fuera la llave de una anexión que volvía a cerrar para la Cruz un mapa visigodo roto por la irrupción de Tariq y sus expedicionarios, ocho siglos atrás.

Isabel la Católica está ahora de actualidad —puede que para muchos por primera vez— tras el exitoso serial televisivo. Bien podría pensar alguien en hacer al menos una película en rescate y homenaje de esa otra Isabel, o Soraya, que dividió a los granadinos y con ello debilitó sus fuerzas abriendo así para su homónima la cuesta de Vivarrambla. Y de ahí, a un nuevo continente. Pero esa es otra historia.

viernes, 5 de diciembre de 2014

25 AÑOS POR DELANTE

Son los que nos quedan para alcanzar el pleno empleo, en caso de seguir al ritmo que lleva la economía española. Ajusten las cuentas y verán como es así. En el supuesto, optimista, de que se mantenga la cota mensual de los 15.000 nuevos puestos de trabajo, y si tenemos en cuenta que en la actualidad hay en España cuatro millones y medio de parados registrados, el resultado de dividir esta última cifra entre los quince millares es que nos quedan trescientos meses por delante hasta conseguir que en nuestro país pueda trabajar todo el mundo.
No sé a qué vienen, pues, tantas alharacas gubernamentales y progubernamentales como si estuviéramos en puertas de dejar atrás la crisis del empleo. Mi generación —lo he escrito muchas veces ya— ha estado lastrada por dos lacras: el terrorismo y el paro. Podríamos añadir la inseguridad y la desalfabetización de las masas. Si se fijan, todo está interrelacionado. Y sin embargo, nunca creí que fuera a conocer un  25 por ciento de paro, justamente cuando mis hijos se disponen a salir al mundo a buscar trabajo. Les han robado el porvenir a las nuevas generaciones de españoles que ya ni en Europa van a conseguir una colocación, ni tan siquiera un fugaz contrato malpagado. Esa combinación diabólica de burocracia estatista e imperio de la mentira, de la que tanto han mamado los políticos —corruptos o no— pasa ahora factura cobrada en las carnes de unos nuevos españoles y europeos sacrificados en el ara del progreso. El célebre "cortoplacismo" llega a límites grotescos, como éste de echar las campanas al vuelo porque hemos tenido "el mejor noviembre de nuestra historia". Pues será para esos millonarios que en un año han proliferado un 24 por ciento, porque lo que es para el común de los mortales, ya digo, a esperar 25 años y sobrevivir haciendo cursos de inglés, ciclos superiores de peluquería y otros complementos a sus licenciaturas, sus grados y sus másteres con leche o solos. Y no quiero ni pensar en lo que sucederá cuando se vayan muriendo esos abuelos que sostienen con su pensión a familiares de todas las edades, de sangre o políticos. O cuando la Seguridad Social no tenga ni para pipas.

Instituto Nacional de Previsión, se llamaba el invento cuando yo empecé a trabajar, hace ya, según mi vida laboral, 33 años y la propina. ¡Qué tiempos aquellos!

miércoles, 3 de diciembre de 2014

EL ABORTO VUELVE A IGUALDAD Y SANIDAD

Rajoy parece haber encontrado en el anaquel de los pucheros la pócima mágica con la que una buena meiga remendaría el siete que le ha hecho a su partido con la retirada de la reforma antiabortista. Ha ido a buscar la receta, como era de suponer, en la expendiduría de fidelidades acérrimas. Y ¿quién encarna tal menester? Pues el mismo que levanta su mano para hacer el gesto instructor al  haz de representantes del pueblo soberano: el portavoz parlamentario. ¿Y qué tarea le encomienda? Disimular.
Cuando Zapatero le hizo a España el gran siete de su historia contemporánea, encomendó el mismo a sus dos promesas políticas de cabecera: las ministras de Igualdad y de Sanidad. Aído —hoy de compras por la Quinta Avenida— y Pajín —tres cuartos de lo mismo, ambas a la sombra benefactora de la institución mejor intencionada y más inútil del orbe— cargaron sobre sus hombros experimentados y robustos de atlantes frente a la caverna la gran misión que alumbraron los astros con su combinación cósmica: obsequiar a la ideología de género con el aborto como derecho.

Después, el PP aunó ambos departamentos en uno solo, y lo puso en manos de Mato. Pero, como manda la lógica y la moral, la cuestión del nasciturus se concentró en Justicia. El tsunami de las corruptelas se ha llevado por delante a la ministra de los globos y los jaguares ignotos. Rajoy ha visto la jugada perfecta ante sus ojos miopes como los míos. "¡Tate!, se ha dicho, ahora meto otra vez el aborto en Igualdad y Sanidad, y asunto concluido, que diría mi compatriota Cela". Y ha puesto al portavoz de ministro de ambas cosas, le ha pasado la patata caliente y le ha encargado algo muy sencillo: calcar a Zapatero. Ya los asesores, asesoras y zerolos de Aído marcaron el paso, que consistía en añadir un plus inasumible incluso para los viejos socialistas a la ley, de modo que siempre se pudiera quedar como partidarios del consenso y hasta de la moderación podando ese adminículo. Se trataba de la cantinela de los 16 años. Ahora, el ex alcalde de Vitoria llevará a cabo la poda, y la ley quedará de dulce para el consenso. Además —esto haría las delicias de ZP— el ministro de Igualdad y Sanidad se hará cargo de la otra muleta con la que el presidente quiere disimular su discapacidad para gobernar desde el pensamiento que le ha votado. Nada menos que la política de ayuda a la familia va a ser ahora cosa de igualitarios y enfermeros. Magnífico, Mariano. No hay quien te pueda.

martes, 2 de diciembre de 2014

EL ACERCAMIENTO PP-PSOE

Acaba de anunciar la secretaria general del Partido Popular que no descarta una coalición con el PSOE si fuera necesaria. Es de agradecer esta repentina sinceridad en quienes no han cumplido ni una sola de las promesas electorales básicas desde que ganaron, con mayoría absoluta, las elecciones parlamentarias para designar al Gobierno de (lo que queda de) la Nación. Se veía venir. O mejor dicho, había venido ya este deslizamiento hacia la izquierda cuya prenda ha sido la retirada de algo tan sensible como la política antiabortista. En realidad, el gallego que nos preside debió de haber previsto todo esto desde mucho antes de ganar los comicios. Yo fijaría el momento de su decisión en marzo de 2004, cuando se dio cuenta de lo fácil que es perder. Ya dijo Machado —don Antonio, naturalmente—, por boca de su Juan de Mairena, que en España de diez cabezas nueve embisten y una piensa. Y a diferencia de los ingleses, que respaldaron masivamente al Gobierno atacado por los terroristas, aquí ocurrió todo lo contrario. Aquella tarde del día 13, cuando Rubalcaba aprovechaba la jornada de reflexión para encender los ánimos pre-revolucionarios de las turbas que asediaban trescientas sedes del partido todavía en el Gobierno, Rajoy debió tomar nota en su libretita (¿azul?) de gallego previsor: "No cambiar nada sustancial de Zapatero, por si acaso". Después, cuando vio las multitudes con las banderas nacionales en Colón, quiso hacer como Rubalcaba pero al revés, y se adhirió inquebrantablemente a la lucha por la vida del no nacido. Hasta que tocó acercarse nuevamente a los socialistas. Podemos tocaba a rebato, y había que crear este "bloque de salvación de la casta" que se avecina. Total, un ministro menos (ya van dos), ¿qué más da?

Pero la política, como la historia, como la naturaleza, parten siempre del horror vacui. La neumática es la primera ley de la física social. Si el centro-derecha se convierte definitivamente en centro-izquierda con tal de no perder parcelas de poder, ¿qué se colará en el espacio dejado libre por la derecha? Me temo lo peor, pero como cristiano no pierdo la esperanza de estar en un error.

lunes, 1 de diciembre de 2014

LA CRISIS DE LOS MEDIOS

Cuando los medios de comunicación dejaron de serlo para convertirse en meras empresas, comenzó la cuenta atrás de su extinción. Lo que ya conocemos por tales en Internet tiene muy poco que ver con lo que siempre fue un periódico, una emisora de radio o una cadena de televisión. Han perdido, sobre todo, singularidad, esto es poder. Ya sirven a sus amos políticos y plutocráticos, y lo que hemos sido los periodistas —el contrapoder por excelencia— ha quedado suplantado por el colaboracionismo del capital, que anda siempre coqueteando con el dispensador de prebendas.
Así no sorprende que ya no se venda apenas Prensa, que cada vez se vea menos televisión y que la radio sea ya una sucesión de anuncios y tertulias monocordes. Lo que está en tela de juicio es eso que se ha dado en llamar "la casta". No importa que estemos en las antípodas de Podemos, como es mi caso. Llevan toda la razón cuando denuncian a la casta, porque ahí radican casi todos los males sociales que padecemos en España y en Europa. La casta domina los medios porque controla las subvenciones. No lo digo yo, lo dijo Montoro en sede parlamentaria: "Todos vienen a verme". Todos piden árnica, al menos para saldar sus deudas. Pero, al igual que sucede con la gran deuda nacional, la casta —y los medios son parte nuclear de ella— vive de aplazar sus cuentas pendientes, de no hacer sus deberes, de empecinarse en defraudar a una opinión pública más que cansada, extenuada, de pagar el jolgorio y que ya no hace ningún caso de los medios, porque los tiene calados a todos.

¿Hay solución? Claro que la hay, pero creo que está más en manos divinas que humanas, porque o aquí se convierte mucha gente a la gran religión del bien y la honradez, o el Apocalipsis se va a quedar corto.

jueves, 30 de octubre de 2014

UNA HISTORIA AFORTUNADAMENTE REAL

Hoy tomo prestado, con permiso del autor, un artículo ajeno y verídico, que diría el otro.
Mi buen amigo Pepe Rodríguez Hervella no se ha podido reprimir los deseos de comunicar su historia. Comoquiera que se la he enviado a unos cuantos amigos y he tenido un gozoso retorno de simpatía, la coloco en este balcón para que todo el mundo pueda disfrutarla.
Sólo añadiré que la madrina de esta criatura, la que hizo posible con sus palabras y su gesto que viniera al mundo, es parapléjica.

EL MILAGRO DEL NACIMIENTO DE MI HIJA
Tal día como hoy, hace cinco años, nuestra amiga Cristina Duque, amante de la Vida y representante de la Fundación Madrina, nos pidió el favor de que la acompañáramos a hablar con una muchacha que pretendía abortar. Pensaba yo que todo se resolvería fácilmente: envueltos por la arrolladora simpatía de Cristina tomaríamos un agradable café con la chica, y tras muchos ji, ji, ja, ja, ella entendería la razonable apuesta por la Vida y optaría por tener a su bebé.
Pero aquello no fue un sencillo paseo. Para nada. El padre de aquella muchacha, un hombre-gorila de más de dos metros, con espaldas de armario empotrao y sincero careto de enemigo, abrió con desgana la puerta oxidada de aquella decadente chabola, sita en el extrarradio más marginal de la ciudad, diciéndonos que había sido "boxeador hasta que en un combate una mala torta me dejó tuerto y zumbado del coco, por lo que tuve que colgar los guantes y dedicarme a robar, a robar y a robar por sacar adelante a mi hija ... ¡ Para que ahora me venga la niñata con una barriga! Así que mañana ... ¡a abortar!, que como la ley lo permite tiene que ser güeno. Y sus lo advierto, Cristina y compañía, que como sos ocurra contraydecirme os rajo a navajazos, no sé si me explico".
A mi me temblaban las piernas y el alma, viendo acurrucada en un rincón a la embarazada muchacha y sintiéndome incapaz de decir mi boca es mía ante semejante berraco. Ni Cristina, ni mi mujer Rocío, ni nuestro amigo Carlos Seco acertaban tampoco a decir nada que moviera un ápice el corazón de aquel cachalote ... "no hay derecho. Con tó lo que he robao por mi hija, para que ahora se presente con este problema".
Y fue entonces. Mi mujer únicamente me susurró: "Ve a casa y trae aquí a nuestro hijo". Luisito, de apenas seis añitos y ajeno a todo, se partía de risa oyendo tronar al oso, con la chabola a pique de
derrumbarse de los puñetazos que daba en las paredes para reforzar sus argumentos de muerte.
Cuando el hombre iba a gritar de nuevo, mi mujer se encaró con él, soltándole a bocajarro: "¡Cállese de una vez, por Dios!". Y el gigante se quedo K.O., nunca mejor dicho, más callado que en Misa, con las patitas colgando ante el valor de aquella contrincante que, con su poca vergüenza, quería que el bebé viviera. ·
Acto seguido mi mujer se dirigió a Ángela, la chica preñada y temerosa, y poniendo entre sus brazos a nuestro Luisito, sencillamente le dijo: "Tú sabes bien que ahí dentro llevas tu tesoro, tan infinito y tan grande como este niño".
Aquella noche no pude dormir. Imaginaba a aquella criatura en ciernes sin posibilidad alguna de librarse del matarile, con su mamá envuelta en un entorno de miseria y abocada al fácil asesinato infantil, legalizado y bendecido por tantos beatos progres de pitiminí del PP y del PSOE (o del PPPSOE, es lo mismo), y sostenido por nuestros ciudadanos que siguen votando al PP y al PSOE (o al PPPSOE, es igual), condenando a la siesta de la muerte a sólo Dios sabe cuántos hijos de cuántas Ángelas de cuántos barrios marginales de nuestra querida España.
Pero supongo que el Artista del Cielo debió jugar sus cartas en el asunto. Y es que Dios ... y es que Dios habló.
Eran las siete de la mañana y por teléfono Cristina nos contaba que "la muchacha se ha plantado ante su padre. Con un par. Diciéndole que no va a segar la Vida del inocente brote que crece en su vientre"...
La niña nació unos meses después. El coste de los biberones, pañales y demás corrió a cargo de la Fundación Madrina y de gente como Carlos Seco que (todo hay que decirlo) se rascaron el bolsillo y la cuenta corriente para que la cría saliera adelante.
Y Ángela, aquella madre tan valiente, le puso por nombre Rocío. Rocío porque mi mujer, Rocío, supo embriagarla con un aliento de eternidad para levantar la condena a muerte de su criatura: "Tú sabes bien que ahí dentro llevas tu tesoro ... ".
Y nos contaba con orgullo su ex-boxeador abuelo que su nieta Rocío le está dando la educación que no pudo recibir de niño: hace unos días, cuando le dio de postre una de las naranjas que había tomado prestadas del cortijo de Gines, la cría se la arrojó a la cara, diciéndole que no la quería, que las Hermanas de la Cruz que regentan su guardería le han enseñado que ... "agüelo, robar no está bien, han dicho a mi las monjitas".
Me vais a permitir, amigos, que siga considerando a esta niña como a mi Hija, así, con Mayúsculas, y que en el hondón de mi alma albergue mi convencimiento de que El De Arriba, Ese Que Sostiene Nuestra Existencia, tuvo a bien que aquella tarde de hace cinco años preparáramos la bienvenida de mi hija con nombre de Reina de las Marismas, ya que ella se encargará de abrir infinitos horizontes de esperanza, enseñando a todos a pelear por nuestro más preciado tesoro: La Vida.
29 de octubre de 2014
Pepe Rodríguez Hervella