lunes, 21 de septiembre de 2015

NORMALIZAR

Ha sido, junto a "consenso", el talismán de nuestra historia reciente. Cada vez que alguien ha querido imponer algo en contra de la voluntad mayoritaria no manifestada —porque no se ha preguntado, para no poner en peligro la maniobra— ha utilizado esta palabra mágica, el ábrete sésamo de todas las cuevas de alí babá que hemos tenido aquí de un tiempo a esta parte. Y son como las estrellas del cielo.
Para referirme sólo a las más graves falacias que se han instalado en la sociedad española a partir de su "normalización", debo citar el aborto, a la cabeza de todas ellas, pero también al matrimonio homosexual, la función social de la propiedad privada, la exclusión de la religión del ámbito público, la inocencia de todos los menores de edad, la bondad natural de la clase trabajadora (o sea, obrera), y la que quizás lata bajo la piel de las mencionadas: la igualdad.
Las masas rebeladas y seguidamente domesticadas por los poderes situados entre bastidores, que manejan los hilos del retablo de títeres en el que el común se ve reflejado (léase televisión) han ido "normalizando" todo eso mucho más hasta convertirlo, primero en hechos consumados y después en dogmas de fe inquebrantable.
Voy a poner un ejemplo muy palpable: el nombre de las calles. Recientemente, en Sevilla, se le ha quitado la suya al Presidente Carrero Blanco. No ha sido preciso modificar mucho el nomenclátor, porque ahora esa vía se llama "Presidente Adolfo Suárez". La mutación, que no habían hecho los socialistas, la hicieron los comunistas escudándose en la Ley socialista de Memoria Histórica. Fue aprobada en vísperas de las elecciones municipales que dieron la Alcaldía al PP. Pero ni que decir tiene que durante esos cuatro años, el nombre ha continuado su proceso de "normalización". Lo más interesante de todo esto es que quien tenga más o menos estudiada la lección sabe que no hubiera habido Adolfo Suárez sin Carrero Blanco, porque el primero fue al mismo tiempo el primer demócrata y el último franquista.

Pero a lo que voy es al peligro de elevar a los altares la "normalización" de algo que sólo interesa normalizar a unos, en absoluto a todos. Y el asunto más candente que ya está en el horno de la normalización a punto de cochura es el de la independencia de Cataluña. Los secesionistas han empezado a lograr sus objetivos cuando algunos españoles de alto copete han empezado a dar por supuesto — por "normal"— que Cataluña va a ser independiente. Como si eso dependiera sólo de Cataluña y los demás españoles, incluyendo a quienes caen en la celada, fuésemos convidados de piedra. Y este lenguaje lo utilizan ya altas instancias del Estado, como el gobernador del Banco de España. "Si Cataluña es independiente…" O no se ha leído la Constitución —mucho menos sabe lo que es un estado-nación— o se le ha olvidado. Cataluña no va a ser nunca independiente por la misma razón que argumentaba el torero aquel: "porque lo que no pué sé no pué sé y además es imposible." Y sobre todo por algo que ya sabe hasta el ministro Morenés.

domingo, 30 de agosto de 2015

"¡CÁLLATE!"

Y añadió: "Aquí mando yo". ¿Un sargento a un subordinado? ¿Una marquesa a la criada? ¿Un profesor de antaño a un pupilo indisciplinado, hibernados como Disney durante medio siglo? No. Tampoco un nostálgico de resonancias prusianas. Ni Merkel ni Putin. Ni Castro ni Pinochet. Aunque sí un autoritario; mejor dicho, un tirano… de ocho años o así. He sido testigo de la escena en la playa, aproximadamente al mismo tiempo que la agresividad parecía apoderarse del "relato informativo" nacional. Y todo el mundo se preguntaba cómo es eso… Pues les voy a dar una pista.
La educación. ¿Cuántos años llevamos oyendo cacarear a los políticos, especialmente a los de la izquierda, sobre el valor irreemplazable de la educación? ¿Cuántos sistemas docentes han sustituido desde 1970 al plan Moyano que llevaba un siglo en vigor? ¿Qué resultados ha dado la implantación de una educación de cuño socialista que ya nadie osa poner en cuestión? Y sin embargo, ¿han descendido los comportamientos maleducados que casi siempre son antesala de violencia chulesca? A la vista está. Esas frases registradas por mis oídos a dos metros en la costa andaluza —por cierto, un lugar de cierto postín— salían de la boca de un niño y se dirigían a su madre. ¿Cuál fue la reacción de ésta? ¿Un bofetón? ¡Vade retro! Está penado. ¿Una reprensión verbal, acompañada de la sujeción de un brazo para forzar la escucha? ¿Una mirada de dura reprobación? No, una caricia en la cabecita mientras le decía con palabras de suave dulzura: "Oye, ¿Qué me calle?". El padre —o lo que fuera— iba unos pasos por delante a su aire, con absoluta indiferencia.
Ésa es la educación que se ha ido abriendo paso desde el "Llamadme Paco" en esta desdichada España. A veces me cruzo con mi antiguo maestro, que se conserva como entonces, siempre con una sonrisa en el rostro. Siendo yo un pipiolo hizo un concurso de redacción. Me dio el premio: un caramelo. No olvido aquello, porque es el único galardón de mi vida junto al "Lux et veritas" que me concedió la Concapa de Juan María del Pino. Pues bien, todavía hoy cuando comento con los amigos la gratísima personalidad de nuestro docente, nos referimos a él como "don José Luis". Jamás se nos habría pasado por la mente llamarle "Jose", y mucho menos "Pepe", como se llama hoy un instituto de enseñanza secundaria de nuestra región.

Pero vivimos tiempos de "cercanía", tras varias generaciones de encumbramiento de la libertad igualitaria, que es todo lo contrario de la libertad. Por eso nadie puede poner en solfa el nuevo FEN (Formación del Espíritu Nacional, para los iletrados). Y si lo hace, como esa chica de 18 años que ha cometido el error de pensar que vive en un país libre, le parten la cara. Son las consecuencias de presentar una alternativa al statu quo vigente. Y no me refiero, obviamente, al marco legal, que con todo sus agujeros negros soporta el edificio menos malo de todos. Me refiero a la realidad nuestra de cada día, ésa que impide a las niñas que acaban de estrenar el derecho al voto encarar el futuro con esperanzas de mejorar las cosas. Tantos años de mala educación lo van a poner prácticamente imposible. La dictadura invisible lo prohíbe. Y quien se niegue a poner la cerviz estará en el punto de mira, como aquellos prófugos del paraíso comunista que escapaban de él hacia una muerte segura desde el sector oriental de Berlín, sabiendo que había una mirilla de centinela posada sobre su cuerpo y que un infranqueable oleaje de metálicos espinos le aguardaba. Atrás quedaba la Stasi (nuestra dictadura invisible). Por delante la única libertad que mano humana no podrá nunca destruir. Para más información escúchese atentamente la letra de esa canción que supera el paso de los años y reaparece siempre, últimamente en el timbre de los móviles: "Libre", de Nino Bravo.

jueves, 27 de agosto de 2015

UNA GRAN HISTORIA DE CINE, SIN IR MÁS LEJOS

A menudo, la Naturaleza imita al arte, que en nuestro tiempo es por antonomasia el séptimo. Acaba de ocurrir de nuevo, muy cerca de nosotros, en los cielos andaluces elegidos por el destino para dar cobijo a un alma separada del cuerpo a tres mil pies de altitud. Una imaginación ardorosa puede poner imágenes fácilmente a la escena: un hombre y una mujer (homenaje a Lelouch) acaban de desayunar en pleno delta del Guadalquivir, rodeados de estero tartesio. Hasta allí arribaron en una aeronave ligera como el viento, hecha para sentir en la piel y los oídos la caricia del azul sobre las alas. Es un aparato casi etéreo, perfecto para que una pareja madura beba los aires mientras goza de sus miradas. Ya lo dijo el otro: amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar dos juntos hacia delante.
Retornan al punto de partida de este fin de semana estival, a orillas del río de la vida, río grande andaluz que desemboca en América. El mismo curso luminoso y acuático que han seguido hasta llegar al estuario del Atlántico les conduce de nuevo a casa, río arriba, como hacían los esturiones antaño para desovar caviar en aguas más frías y que la descendencia se conservase mejor. Una presa acabó con la fauna y con la exquisita industria. Él se lo va contando a ella. Los alardes íntimos de erudición, con tal de no estomagar, han engrasado siempre el amor.
De repente, la misma cabeza que le cuenta historias fluviales que ya son Historia, la que tantas veces ha amado, expresado, besado, volcado el agua de la vida como los surtidores romanos con máscaras intrigantes, cae como un resorte golpeando los mandos. Un grito se funde con el graznido de las aves, en tanto el artefacto ultraligero pierde el control, dando grandes bandazos en el aire. Un nombre vociferado queda como una estela flotando en los confines de la marisma. ¿O ha pasado ya la gran ciudad bajo los pies? Ella no lo sabe. No sabe nada. Sólo que su hombre ha muerto sin avisar. ¿Qué piensa en ese momento una mujer? ¿A qué se aferra? La película no puede mostrar tanto, pero sí sugerir. Que sea el espectador quien ponga su pensamiento a cien. El cine sólo maneja emociones.
Un buen guionista haría maravillas a continuación. Y un buen director no digamos. Haría falta, desde luego, una actriz genial, que no sobreactuase ni se quedase corta, con ese sentido del equilibrio dramático que teje los momentos estelares del celuloide (bueno, vale, hoy del digital). La peripecia está servida. Incluso el cine de catástrofes. No es una producción de gran presupuesto. Los efectos del ordenador hacen milagros. A partir de este momento, lo que era un episodio de pasión cincuentona y placer entre nubes se convierte —como en los grandes filmes de Hollywood— en un reportaje trepidante de superación, en una historia heroica con final agridulce: un aeropuerto internacional cerrado para que esta mujer sola junto al cadáver de su marido pueda tomar tierra, vuelos regulares desviados, otros aficionados y amigos movilizándose en vuelo para escoltarle, la torre en contacto por radio con ella, instrucciones técnicas, ella que intenta recordar cómo lo hacía el piloto que yace a su lado, la desesperación entrelazada con el aplomo femenino, la causa común que en las emergencias devuelve la fe en el género humano, el in crescendo de la tensión, por cada problema resuelto una nueva dificultad aún mayor que las anteriores. Enderezar el rumbo, administrar el combustible, no mirar al compañero, mantener la mente mínimamente despejada, domeñar un sentimiento implacable: la muerte del ser amado, y la inminencia de la propia…
Un helicóptero detestado, el que multa al tráfico desde el aire, se pone también al servicio de la operación de rescate. En él viajan el piloto y un cabo de la Benemérita. Puestos a redoblar el suspense, se podría averiar la radio. Ella tiene que buscar sola la pista del aeródromo y llevar a cabo la letal maniobra. La tripulación del autogiro ve que está errando la ruta: se dirige hacia un camino rural de un naranjal cercano. Comprende que se avecina un final trágico.
Y sucede. La avioneta se estrella al intentar entrar en aquel sendero terrizo. El guardia no lo piensa dos veces. Ordena al piloto que se acerque todo lo que pueda a tierra. Cuando se encuentra a unos metros del suelo, el cabo salta y se arroja a un claro entre la arboleda. Su vida, su oficio, es ése, saltar sobre los problemas sin calcular los riesgos para sí mismo. Se ha hecho daño en un pie, pero corre cojeando hacia la nave siniestrada. Ha estado escuchándolo todo por el canal compartido. Se ha familiarizado con esa voz y comprende tan bien lo que aquella mujer ha vencido que no contempla siquiera la posibilidad de abandonarla a su suerte en ese trance último de la aventura. Sabe que el ultraligero va a explotar en cualquier momento. Sólo tiene que correr. Y lo hace.
Se introduce en el amasijo de materiales. Afortunadamente, hay muy pocos con dureza. No reflexiona. Sólo actúa. Es la consecuencia ineluctable de una cartilla que lleva en su portada la firma del Duque de Ahumada y que conoce al dedillo. Se echa sobre los hombros el cuerpo malherido de la mujer, que está inconsciente. Es como la figura del Buen Pastor, que tantas veces vio en la iglesia de su pueblo. Y corre, corre, corre hasta reventar. La explosión le coge corriendo. Ambos caen al suelo. Se aproximan los auxilios. La banda sonora podría ser la radio con el canal en el que han confluido decenas de voluntarios y profesionales unidos por el firme anhelo, el desafío común, de salvar la vida de una mujer sobrehumana.
El epílogo está cantado: hospital, ella en la cama con los pies vendados y en alto, la cara llena de magulladuras. Pero viva. Se abre la puerta (sólo se oye). Ella sonríe. En la mesilla, un retrato de su esposo. Y muchas flores. Está acompañada por amigos comunes. En la habitación aparece el guardia civil en silla de ruedas, empujado por el piloto del helicóptero. Lo demás es un diálogo. Tiene que ser bueno. La historia es insuperable.
Y algo esencial: un rótulo con voz, que cuente sucintamente la suerte y el nombre de esta mujer y su salvador, así como la rutina de tanta gente como colaboró en la operación. Y dedique la película al marido del que había aprendido a volar. Ya al principio se advirtió que estaba basada en hechos reales.

Ojalá los títulos llevaran la firma de una producción andaluza, aunque los sueños sueños son.

jueves, 13 de agosto de 2015

LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA, ¿TE SUENA?

Tengo para mí que de todos los problemas, y son legión, que vienen asolando al ciudadano medio español desde hace lustros el más grave y preocupante, sobre todo por permanecer enmascarado bajo un velo de indiferencia generalizada que parece negar su valor y hasta su existencia, es la pérdida del sentido que todos deberíamos llevar en el ADN sobre el concepto vital de la presunción de inocencia. Para todos. Porque esta dilución de dicha conciencia, piedra angular de cualquier estado de derecho que se precie, se puso en marcha el mismo día en que se consagró el dogma contemporáneo de la discriminación positiva. Ya saben, la ideología de género. Bueno, ya antes la inversión —subversión— del desideratum social, es decir, el modelo al que se debía tender, había convertido en héroes a los delincuentes y en opresores a las víctimas, al menos en esa región oscura pero potente de los sótanos culturales, donde radican los cimientos del edificio que habitamos todos. Los esquemas marxistas determinaban que había que darle la vuelta a la sociedad burguesa. Condenados al fracaso los métodos violentos —a los que se aferraron los terroristas de diversa especie—, había que recurrir a darle la vuelta al calcetín de los principios que presidían el Derecho occidental, a través de las facultades donde se enseñaba, cantera de la que surgirían nuestros gobernantes socialistas de todos los partidos.
De modo que el delincuente —¿recuerdan la cantinela?— era una víctima de una estructura económica y social injusta, el delito una especie de liberación revolucionaria y la víctima inocente se convertía en la pieza vulnerable del sistema opresor en dicha operación de emancipación de los alienados. En el imaginario común, y gracias a las universidades y los sindicatos de clase, eso sigue siendo aproximadamente así. La interpretación que se hace habitualmente de la idea constitucional de la reinserción va en esa línea de fondo. Recuerdo que Felipe González ha roto su silencio político —que no económico— precisamente para clamar contra "la inconstitucionalidad" de la prisión indefinida revisable (vulgo cadena perpetua) para crímenes especialmente execrables.
Pero los tiempos cambian, y la máquina demagógica presenta sus fallos. Ésta empieza a toser por sus propias contradicciones. Las primeras excepciones a dicha regla no escrita han venido, naturalmente, por la susodicha ideología de género, y como en esto hay cualquier cosa menos estulticia —ésa se queda para otros— han escogido el horror más odioso que existe: el de un hombre poniéndole la mano encima a una mujer. ¿Quién va a poner peros a la persecución de esta feroz realidad?
Lo malo es todo lo que se cuela por esa puerta abierta. Por ejemplo, la susodicha discriminación positiva. Y de ahí a la "pena de telediario". Y de ahí a la "portada de pena". Y de ahí a la hablilla de hipermercado. Y, en fin, a la destrucción de la presunción de inocencia, garantía cenital de nuestro ordenamiento jurídico, con tal de hacer caja y/o rédito electoral.
Asistimos estas semanas en Sevilla a una inquisición que evoca mucho a la del Castillo de San Jorge. Con unos pocos, muy pocos, testimonios sin pruebas, se está haciendo jirones la vida de una persona y su familia, valiéndose del tristemente célebre tribunal del "vox populi". No puedo negar las acusaciones que vuelan a lomos de las ondas herzianas, del papel o de las redes asociales. Pero tampoco puedo afirmarlas. Y hasta que un Tribunal de Justicia en sentencia firme (¿alguien de ahí abajo sabe a estas alturas qué es eso?) no dé por buenas las pruebas o testimonios que se presenten, si se presentan, me aferraré como ciudadano y como cristiano, absoluta y combativamente, a mi fe en la presunción de inocencia, que como digo es lo único verdaderamente común que hay, porque es la misma para mí que para ti que para el otro. Es decir, que no lo hago por solidaridad —en la que no creo—, ni siquiera por amistad, que es poca, sino por mi familia, por mis hijos y por mí mismo, ¡qué caramba! Porque si mañana atacan mi presunción de inocencia —y con la saña y odio guerracivilista que se está haciendo en éste y en otros casos—, ¿qué sería de mí y de los míos?
Ah, y una cuestión de periodista que perdió hace muchos años su ingenuidad: ¿Por qué precisamente ahora, esta campaña?

Veremos.

martes, 4 de agosto de 2015

UN MUNDO NUEVO

Acabo e ver —con mucho retraso porque suelo esperar a la televisión— la película "The artist". Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con tan poco. Más que una producción cinematográfica es un acto de cine, una lección de cómo con poco dinero y aún más austero despliegue de recursos expresivos se pueden alcanzar cimas interpretativas delatoras de una excelente dirección, que a menudo es la más imperceptible.
No voy a hacer un esbozo crítico de este regalo del cine francés, que tantos otros nos ha hecho sin ser notado. La alegoría de un Hollywood vanidoso muy lejano al país de origen, la denuncia del orgullo como fuente de casi todos los conflictos —en este caso destructivo hasta el extremo— y esas palabras del director y guionista confesando que "me desalenté muchas veces antes de poder hacerla, pero cuando me pasaba volvía a ver mis dos películas favoritas, "Amanecer" y "Luces de la ciudad", hacen innecesarias las glosas, lo mismo que el protagonista se obstinó hasta el final en defender el cine escueto y mudo por creer absurdamente inútil el sonido enlatado.
Le debemos mucho al cine sonoro. Y le debemos todavía más al mudo. Hay una reflexión en torno a la fatuidad del falso progresismo que en cierto modo es el eje de la película y que es lo que quiero traer a colación. ¿Recuerdan? Ella —una actriz que borda su papel con la frescura más inconmensurable que recuerdo— acude a una cita de café con dos periodistas amanerados que manejan un primitivo magnetófono. Sabe lo que va a decir, lo que aquellos dos gacetilleros de espectáculos micrófono en ristre y sus oyentes quieren escuchar. Todo el mundo desea la novedad, aunque esté vacía. En realidad, la gente es muy infeliz con lo que tiene; no sabe lo que quiere; cuando alguien le agita el señuelo del cambio, se van tras él. O tras ella si además hay unas piernas bonitas de por medio.
Y efectivamente, ella —una chica anónima que salta a las portadas de los periódicos tras un choque accidental de su culo con el mito masculino del cine mudo— pronuncia una impecable homilía de futuro: "Les digo a los anticuados: abrid paso a los jóvenes. Son otros tiempos. Salid de escena". Y ríe. Ríe mucho. Sabe que su dentadura, al igual que sus caderas, seducen en la pantalla y que el público que la va a escuchar por la radio se la imagina así, esplendorosa, ágil, despreciativa del pasado.
Toda la película es una especie de "Tiempos modernos" con historia de amor redentor. Una lección muda muy elocuente —y cargada de una música a la que no falta ni sobra un compás— de arte dramático y puesta en escena imborrable, como la bobina que él salva del fuego que ha provocado.
Y este cine forum, ¿para qué? Porque ya estoy hasta las narices de la expresión —cuya pobreza intelectual sólo es parangonable con el detritus en el que sobrenada esta sociedad de masas que tanto asustaba a Ortega— "el mundo ha cambiado y tienes que adaptarte", debidamente aderezado con esa letanía de santón profano que es "¡estamos en el siglo XXI!". La utilizan mucho, obsesivamente, los cruzados del arcoiris, que al parecer lo han patentado para su uso y disfrute. Se trata de meternos a empujones en el aula de la nueva ortodoxia, en la que todos hemos de recitar la nueva lista de los reyes godos, ésa que se puede resumir en "le darás la vuelta a todo lo que has conocido porque estamos en un mundo nuevo".
El de Karina me gustaba más, ¿qué le voy a hacer?
En la escena que he referido, el guionista, atendiendo a los requerimientos de unos tiempos en que la película físicamente considerada era oro, sitúa a la pareja masculina —el pretérito— comiendo en la mesa de al lado, de espaldas a su antigua amiga, pupila, admiradora y amante en ciernes. El conflicto está ahí, en el cambio de época. Pero el amor lo vence todo —estamos en el cine— y tras múltiples peripecias, ella comprende que hay un hilo continuo —esta vez es el claqué, magnífico homenaje final a Fred Astaire y Ginger Rogers— que pasa por encima del tiempo, y es el arte entendido no como objeto científico sino como la emoción que une a la Humanidad con su único sentido cósmico: la creación.
Mi mecánico es un hombre cordial, entrado en años, más grueso que canijo, usa unas gafas anacrónicas de montura negra —aunque ahora vintages, seguramente—. Trabaja de sol a sol en esa cara oscura de los coches que son los bajos y los motores. Ha perdido recientemente a su mujer en cuestión de semanas, después de una vida juntos y felices. Su hija se le va lejos, a trabajar. Se queda solo. No entiende de ordenadores, pero es un genio de las bielas (por cierto, como el padre de Steve Jobs, el de Aple). Nunca le he visto enojado. Le gusta especialmente "la 10-12" (no es la habitación de un puticlub, sino la llave que más tornillos afloja). El otro día me dijo lo siguiente: "Yo nunca paso de 80-90. Mi hija me echa unas broncas tremendas, me dice que soy un viejo. Yo le digo que sí, que soy viejo. ¡Pero no caduco!".

Pues eso, un artista de la vida.

lunes, 27 de julio de 2015

CINCO HOMBRES (Y MUJERES) CON PIEDAD

La penúltima finta electoralista del Partido Popular se acaba de consumar con el paso por el Congreso de la "reforma" de la Ley Aído que consagra en la ex católica España el derecho universal al aborto (nuevo "derecho humano progresista". A última hora, ha conseguido frenar la oposición de Unión del Pueblo Navarro, la sedicente marca del PP en la tierra otrora carlista y hogaño regida por los euskalerrietas. UPN había mantenido hasta ahora una postura inequívocamente pro vida que le había llevado a desmarcarse del rajoysmo dominante en esta grotesca maniobra de maquillaje ante la galería social demócrata del supuesto partido conservador. De haber perseverado hasta el final, los navarros hubieran sumado sus siete diputados a los cinco que se han mantenido fieles a la doctrina original del PP en materia de aborto, y todos habrían supuesto la mayor fuga de disidentes que hubiera cosechado la "derecha" parlamentaria española. Pero a última hora, han canjeado su coherencia por unas leyes de apoyo a la maternidad que de momento sólo existen en el pantanoso terreno de las promesas gubernamentales.
Tanto UPN como los cinco hombres y mujeres que dan título a este artículo habían basado su actitud discordante en algo tan de perogrullo como que limitarse a modificar el punto relativo al aborto de menores sin permiso paterno era tanto como sancionar de facto la Ley Aído y sus postulados ideológicos de género. Y así es, obviamente: seguirán siendo masacrados trescientos niños cada día con plena cobertura legal gracias al bloque monolítico abortista en el que se han convertido las instituciones legislativas españolas.
Bueno, monolítico no, porque siempre nos quedarán esas cinco personas que han antepuesto sus principios y los del partido por el que se presentaron a las elecciones generales, qué duda cabe que cercenando sus carreras políticas y quizás algo más. Son —los nombres son esenciales en estos casos— Eva Durán, José Eugenio Aspíroz, Antonio Gutiérrez, Lourdes Méndez, y Javier Puente. Tres hombres y dos mujeres con piedad que han abierto una puerta histórica de honestidad por encima de todo, algo que le hace mucha falta a nuestro país. Cinco nombres que deberían estar ensalzando en sus páginas web con letras de muchos puntos diderot de tipómetro (guiño para los periodistas cincuentones como yo) cuantas organizaciones anti abortistas hay en España, que son muchas más de las que parece aunque sigan tan fragmentadas como siempre.
Por primera vez en la Historia de España, cinco diputados del partido que "gobierna" con mayoría absoluta han dejado en el diario de sesiones de la Cámara de Representantes testimonio de libertad acorde con la línea que dicho partido ha mantenido, aunque bien es cierto que de forma timorata y retardataria, hasta hace menos de un año. Línea que, por cierto, sigue pendiente de sustanciación en el Tribunal (parlamentario) Constitucional desde que va ya para cinco años el mismo partido recurriera la Ley Aído. La misma que ahora el mismo partido consagra con una reforma que afecta a 500 niñas de un total de 120.000 abortos anuales.

Y ojo al dato jurídico, que es mucho más que un matiz. Muchos se preguntarán por qué el Gobierno de Mariano Rajoy no retira dicho recurso —que en realidad son dos, presentados por PP y UPN—. Pues bien, no lo hace por la sencilla razón de que no puede, no porque no quiera. Los firmantes de aquellos recursos no coinciden en su totalidad con quienes actualmente tendrían que retirarlos (los "poderdantes", ¡qué espléndida fuerza expresiva la de nuestra lengua!), y ello comporta la incapacidad para ejercer dicha medida. Ya existe un precedente, con una ley catalana de uso de datos recurrida por el PP en 1993. Es decir, que no subsiste motivación fundada en las convicciones, sino mera inviabilidad de procedimiento. Que se sepa, lo mismo que se sabe que el TC (hoy de mayoría "popular") está pendiente de la reforma legal para emitir sentencia siendo así que el Gobierno estaba pendiente del TC para reformar la ley. O sea, el círculo vicioso perfecto para no hacer nada, rasgo distintivo de la política española… hasta que llegó Podemos.

miércoles, 22 de julio de 2015

EL "OVILLO PENAL" DE LA LOCURA

Fueron los socialistas, con la habitual ayuda de los comunistas, los que llevaron a cabo la que llamaron "reforma psiquiátrica", que en realidad no era sino un eslabón más en la cadena demoledora que programaron para hacer creer que ellos, cual nuevos adanes, traían la utopía. Lo único que trajeron fue el "salto a la tapia", construyendo todo un imaginario colectivo que asociaba en el subconsciente social la idea de manicomio con la idea de franquismo. A nadie se le oculta que la situación de los hospitales psiquiátricos en 1979 en España dejaba mucho que desear. Se amontonaban enfermos con las más diversas y distantes patologías, sin una atención digna, bien fuera por falta de medios o de ganas de hacerles la vida más llevadera. ¿La solución? Como en la "mili", no consistía en borrar del mapa lo que funcionaba mal. Pero arreglar las cosas era complicado, caro y perfectamente inútil para el fin que se perseguía, que no era otro sino convencer al pueblo de que todo eso eran lastres del pasado y que ellos —la "alternativa de gobierno", ¿recuerdan?— eran los inventores de un mundo insuperable.
Se cerraron los psiquiátricos. Pero los enfermos mentales seguían ahí, muchos en la calle, los más en las casas… ¿de quién? ¿De los promotores de la "reforma" —más bien ruptura, o si se quiere interrupción voluntaria? No, claro. En casa de sus familias. Muchos apenas tenían familiares, lo que significa que el peso insoportable de la enfermedad caía sobre muy pocos hombros —generalmente, sobre dos. Los modelos patriarcales de grandes familias en las que se repartían los esfuerzos habían ido pasando a la historia, entre las fauces de la modernidad. Hijos —muchos únicos— sobrinos, hermanos, padres (incapaces de domeñar la fuerza física de los hijos que iba creciendo a medida que la suya iba menguando y asaeteados por el dolor de verlos enloquecer sin un control médico apropiado) fueron heredando los frutos amargos de las vanguardias intelectuales y políticas que nos llegaban de "los países del entorno", aunque en realidad venían, junto a otras importaciones perversas y ya fracasadas, de las grandes urbes useñas.
Así hemos estado más de treinta años, toda una generación de gentes que han ido calándose hasta los huesos de la humedad demencial. Gentes que podían haber sido felices si la Administración social-comunista no hubiera echado sobre sus espaldas la piedra de Sísifo de la locura que iba minando la vida de sus seres queridos y las suyas propias. Todo empezó en las primera elecciones municipales de la democracia, porque los psiquiátricos dependían de las diputaciones. Allí comenzó su carrera política el alcalde de las setas, como diputado de Sanidad, vaciando Miraflores y endosándoles a personas que a duras penas salían adelante (aquellos duros años setenta) la inmerecida pena de cautiverio al tener a un pariente enloquecido o enloqueciendo en casa.
Encima, les hicieron responsables. Era el sumum de la desfachatez y del abuso de poder. Esos cientos de familiares no sólo fueron escogidos por el destino con el peor de los infortunios —porque arruina sus vidas y tortura sus sentimientos— sino que se les buscó como culpables de los desaguisados que cometieran los "internos". El reciente incidente de la residencia zaragozana en la que una orate ha matado a ocho ancianos al prender fuego a su colchón ha puesto sobre la mesa lo que ya se llama "ovillo penal". Se busca responsable: ¿la residencia?, ¿el hijo?, ¿la Administración? Ah, no. La Administración no. Cualquiera menos las autoridades.
El vacío jurídico es tal que, en palabras de un juez amigo, "el trastorno mental y sus consecuencias no tienen encaje en el Derecho Penal español. Sólo permite actuar cuando existe un delito de sangre". Es decir, cuando ya es tarde y a las víctimas incruentas del día a día hay que añadir un cadáver. Sólo la comisión de un crimen manifiesto mueve los resortes. Ésa es la ley que hicieron los amos del pensamiento único y cuya modificación ningún candidato, ni antiguo ni nuevo, promete acometer.
Y como todo marco legal animado por la demagogia (en verdad, por el "quítate tú para que me ponga yo"), es de quimérico cumplimiento. El caos al que se ha llegado se traduce en un río de sufrimiento cuyo caudal crece sobre todo en días de calor sofocante. Las víctimas son, como siempre, anónimas hasta que hay sangre. Porque la tragedia no es flor de un día. Se ha ido cultivando lenta y calladamente en los hogares, creando un océano desconocido que debemos al afán de dominio de unos pocos y al engaño de muchos. Como en el aborto, como en las víctimas del terrorismo, como en el abandono de los ancianos… ojos (léase telediarios) que no ven, ignorancia total y condena de silencio democrático.

Esta es la verdad sobre el caso "reforma psiquiátrica". El Estado, a través de sus resortes locales y con el aval de su poder legislador, ha desmontado un mal sistema para sustituirlo por nada, por la anarquía que se ceba con los inocentes. La coartada es el seguimiento médico. Aunque quisiera —no lo sé— el Leviatán es tan torpe y fósil en sus movimientos que se revela absolutamente incapaz de compensar los efectos perniciosos que ha creado con sus ínfulas innovadoras y aún revolucionarias. No controla a los enfermos mentales que han mostrado indicios de peligrosidad social; mucho menos socorre adecuadamente a los familiares impotentes ante un problema que les devora. No sé por qué todavía no ha habido reclamaciones y asociaciones de familiares que utilicen los cauces judiciales para exigir dinero a la Administración, única vía efectiva para la defensa de los derechos que nos van quedando. Tal vez cuando les llovieran las sentencias indemnizatorias, los dogmas del progreso y sus flagrantes injusticias empezaran a flaquear.

OBJETIVOS: CALLES Y ESCUDOS

Si yo hubiera sido un niño de la guerra, si supiera cómo suenan a muy corta distancia de los tímpanos el silbido de las bombas antes de estallar, si me hubiera visto obligado a gritar "¡Franco, Franco, Franco!" sin saber ni importarme quién fuera ese señor, a buen seguro habría crecido con una deuda pendiente en los tendones de los puños. La represión engendra rebeldía, y la adhesión inquebrantable una rabia indomable.
Pero no fui un niño de la guerra, ni tuve que buscar otra pared para chutar porque en la mejor habían puesto una silueta a plantilla del Caudillo. Nadie me obligó a nada, por la sencilla razón de que las bombas hacía muchos años que no silbaban a nuestro lado. A cambio, se elevaban bloques de pisos sociales que después serían ridiculizados por quienes nunca hicieron sacrificio alguno por los demás. Las pocas veces que canté el Cara al Sol —ante la misma Casa Consistorial donde acabo de ver alzada la bandera asexuada— fue libremente, sin que nadie me lo impusiera. Me salvó la vida de una hernia quebrada a las pocas semanas de nacido una cirujana que decidió operar sobre la marcha un domingo en el mismo hospital donde yacieran tres siglos antes los sentenciados por la peste. Y aquí estoy, dando guerra, como manda mi apellido materno.
No fui un niño de la guerra ni de la posguerra. Ni de las cartillas de racionamiento. Ni de los corrales de vecinos. Ni de la tuberculosis. Ni de los perros rabiosos. Ni de las algarrobas de los caballos. Fui un niño del "baby boom", de los premios a la natalidad, de la televisión, de los maravillosos festivales de Eurovisión sin mujeres barbudas. Fui un niño del Bachillerato de seis cursos con dos reválidas y COU. Hice la carrera en el Talgo. Me alojé en pensiones de mala muerte para examinarme en la capital de España a 40 grados con apuntes y libros ininteligibles.Y no me morí, sino que me licencié. Pero es que entonces en Andalucía sólo había tres universidades, no diez como ahora.
Y sobre todo, amigos, no guardo rencor. Ahora, gente de mi edad, algunos mucho más jóvenes, andan desenterrando hachas de guerra para emplearlas en cortarles la cabellera a personas que levantaron este país de las ruinas en las que les habían dejado quienes para ellos son modelos morales. Unos años más de Fermín Salvochea y Cádiz sería ahora una aldehuela de mariscadores faenando para la Nomenklatura. Un mes más de Frente Popular y las purgas hubieran durado hasta la caída del muro, o tal vez hasta hoy, como en Cuba.
Nadie ha conseguido nunca imponerme nada, de tejas para abajo. Si quieres que piense algo ordéname que piense lo contrario. Si esperas de mí el aplauso a la consigna tendrás ante tí un pasmarote congelado. Si le quitas una calle a alguien despertarás en mí la admiración hacia ese tipo al tiempo que una curiosidad imparable por conocerle más a fondo.
Es lo que están haciendo en Madrid con 256 calles, nada menos. Tengo tarea. A partir de hoy, ése será el índice de los personajes que más me interesarán, y no cejaré hasta conocerlos en profundidad, con sus luces y sus sombras. Si yo fuera un niño de la guerra y los vencedores me hubieran prohibido leer —pongamos por caso— a Rafael Alberti, yo me hubiera bebido sus obras completas y clandestinas, no tanto para disfrutarlas como para defenderlas.
Así que esa panda de indocumentados y algo más que pretende borrar los cuarenta años más constructivos de la Historia de España lo tiene claro conmigo. Acaban de ampliar mi lista de lecturas obligadas con 256 nombres. Y al rector que echó a la basura un montón de dinero público con la biblioteca del Prado, y que hoy es consejero de la Junta de Andalucía, le digo: podrá picar el escudo pétreo con el águila de San Juan bajo el que estudiaron generaciones de universitarios (entre ellos, probablemente usted, porque era la puerta de Ciencias), pero no podrá borrar lo que ese escudo significa desde que lo acuñaran los Reyes Católicos. Y me dan ganas de añadir algo sobre la cultura de los picapedreros, pero eso sería perder el tiempo.

ELECTORADO BUSCA PARTIDO Carta abierta a VOX y AES

Ahora España. Ha sonado el timbre y es preciso prepararse para hacerse presente en esta nación rota. Hay que acudir a las instituciones con toda la artillería de la democracia. Sé que no es mucho, pero en algún momento debía llegar la gran ocasión de recoger no ya los despojos —eso es muy triste y miserable— sino el electorado entero de partido que hasta ahora servía de refugio a los españoles con sentido del patriotismo y buena voluntad de entendimiento. Por eso os dirijo esta carta abierta, porque vosotros habéis demostrado vuestro inequívoco espíritu de servicio a la Patria sin concesiones al pasteleo. Porque sois dos formaciones que luchan sin desmayo en la defensa de unos valores que (casi) todos los demás han abandonado y que algunos ni siquiera conocen: la vida del ser humano desde la concepción hasta la muerte natural, la unidad de España consagrada por la soberanía nacional, la familia conformada como un matrimonio verdadero y los hijos que son un don de Dios, la religión (entre nosotros la cristiana por antonomasia, con su corolario de justicia social) que encarna la dimensión suprema y más noble del hombre, el estímulo de la superación enemiga de la igualdad impuesta, el afán de construir, la concordia basada en el amor al prójimo, la igualdad de oportunidades, el celo por la obra bien hecha, la generosidad y el sacrificio como modos de vida, la cultura humanista más allá de la simple instrucción tecnológica, la honradez a carta cabal y la verdad, que es lo único que nos hará libres.
Sois respetuosos, sinceros, pacientes, serenos, firmes, entregados, fiables, amantes de la libertad y convencidos partidarios de la responsabilidad individual. Creéis, cada uno a vuestra manera, en la fuerza del espíritu para remover todos los obstáculos y cambiar, mejorándolo, el mundo. Anheláis la promoción de —se le llame como se le llame— las virtudes que hacen del ser humano una especie superior en el Universo: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, templanza, fortaleza... Os une mucho más que los que os separa.  También hay otros que apuestan por lo mismo o por principios parecidos, pero arrastran —¡qué se le va a hacer!— una herencia histórica, más por concomitancias y asociaciones en las mentalidades sociales que por auténtico parentesco, que hacen prácticamente inviable su acceso democrático al poder, aunque tal vez lo merezcan.
Vosotros sois, hoy por hoy, el último cartucho de la vida política española. Lo digo así y me importa un pito (del Camp Nou) lo que cada uno piense de mi opinión. Sólo me preocupan los españoles que siguen votando por el bien de sus compatriotas y también los que se quedan en casa.
VOX ha conseguido 22 concejales y un alcalde en las recientes elecciones municipales. Eso vale más que lo que no ha ganado. Pero a las fuerzas mediáticas de la partitocracia no le interesa este dato. El stablishmen ha atrapado a VOX y AES y a otros en campanas de cristal para que parezca que no existen, que nadie les respalda, que carecen de futuro y de presente, que el bipartidismo y sus saltimbanquis separatistas y comunistas siguen representándolo todo en este país desértico donde nuestros hijos tienen que malemigrar porque el stablismen ha malversado sus vidas.
Con esos 22 concejales y un alcalde se puede empezar perfectamente. Como habéis recalcado gráficamente, son más que los conseguidos por Ciudadanos en 2007 y en 2011, cuando despegaron.
Tenéis que vencer el miedo, no el vuestro, que no os atenaza, sino el del electorado del PP que no se atreve a votaros porque los otros le han metido en el alma la sombra de los totalitarismos. Pero, si me lo permitís, haced una concesión, sólo una, al marketing electoral. Comprometéos hasta la saciedad, ante notario y con altavoces si es preciso, a no caer en la tentación totalitaria. Haced que ese mensaje cale hasta lo más hondo en la sociedad española. Dedicad todos vuestros desvelos a manifestar que aquellas convicciones inamovibles no tienen nada que ver con acabar con las elecciones cada cuatro años o con viciar de tal manera el sistema que acabéis siendo un Chavez-Maduro de la derecha. Se me responderá que “excusatio nom petita…”, pero aún así, no tenéis más remedio que dar vuestra palabra de forma muy visible. Las cosas están así.
Si conseguís hacer eso —combinar intensamente un decidido y desacomplejado ideario plasmado en una oferta y un programa muy claros, junto a un permanente y fervoroso acatamiento a la voluntad popular y a la revisión libre y periódica del gobierno— vuestro éxito lo tenemos en las punta de las manos.
El PP es un partido en vías de disolución. Ha abandonado a su electorado más fiel. Ha intentado una y otra vez el suicida giro a la izquierda, con el resultado que todos intentamos digerir. De aquí a las generales, puede pasarle de todo, y nada bueno. Tenéis que reaccionar con reflejos. Tenéis la obligación moral de dar un paso al frente en la conquista de la ilusión defraudada por los profesionales de la gaviota. Es muy duro, pero ineludible. Ahora o nunca, queridos profetas solitarios —hasta ahora. Os vengo siguiendo desde hace mucho. Sé que no os rendís. Pero ahora ya no basta con eso. La ofensiva electoral debe ser rápida porque la necesidad es urgente. La seguridad de nuestras calles y nuestras moradas, el derecho a una educación conforme a los criterios paternos, la vida de trescientos niños asesinados cada día, el trabajo de cinco millones de personas y sus familias, el destino de enfermos, minusválidos y ancianos desamparados, la bandera de la unidad, de la coherencia y de la paz bien protegida es un excelente horizonte que necesita líderes y siglas para hacerse realidad.
Modestamente, os invito a perseverar y a recoger esa pobre bandera, hoy en el suelo y hecha jirones, para izarla con sano orgullo y pedir al pueblo español que confíe en vosotros. Y por supuesto, si dentro de cuatro años y medio no habéis sido capaces de emplear esa confianza con honor, os vais a casa (espero que nadie tenga que ir a la cárcel, como les ha ocurrido a tantos otros que también prometían el oro y el moro).
En otras palabras, regeneración, pero de verdad.

Y esto lo firma un periodista que por mantener contra viento y marea su independencia y no haberse doblegado jamás a partido alguno, se encuentra a sus 55 años y tras 34 de ejercicio profesional en su tiempo de silencio del que ahora le redime XYZ.

jueves, 25 de junio de 2015

UN AÑO YA

Hoy cumple un año. Bueno, si añadimos la gestación, serían dos años y medio. Todo empezó en un acto de amor tan remoto que no sabría fijar una fecha. Los actos de amor son así de sempiternos. Dios mismo es el Infinito Acto de Amor, y así figura en el Cantar de los Cantares. Tiene multitud de madres y padres, aunque aparezcan sólo dos: María y Luismi. Su estatura física es de tan sólo 37 minutos y unas décimas. Pero ahí hay un récord de talla humana, la que han dado unas ochenta personas involucradas en su concepción, desarrollo embrionario, alumbramiento y crecimiento en un total de doce proyecciones —una por mes— desde la que marcó su nacimiento ante cuatrocientas personas que se echaron a la calle una tórrida tarde hace ahora un año.
El parto tuvo lugar en la mayor sala de un multicines de Bormujos, pueblo expandido durante los años del boom ladrillero y sito en el Aljarafe sevillano. Aljarafe significa cornisa alta, balcón, mirador y meseta desde la que es posible dominar los valles. Es un lugar que está más cerca del cielo y eso se nota en su luz, directa, cayendo a plomo sobre los campos, que se llenan de girasoles por esta época. Marcelo Mastroianni y Sofía Loren protagonizaban una hermosa película con ese nombre, "Los girasoles".
Mi primer médico de cabecera en la Seguridad Social trabajaba a pocos metros de allí. Yo también vivía muy cerca de donde se estrenó mi primera película, y siempre recordaré la luz que entraba en mi estudio los días despejados. Ese médico era un santo laico —ignoro cómo sería su fe, si la tenía, porque nunca hablamos de eso, aunque lo hicimos de muchas y graves cosas—. Era un hombre joven, pacense puro, con una gran mata de pelo azabache. Vivía en Triana, y hoy me apetece contar cosas de él, porque ya está también en ese cielo más cercano del Aljarafe. Algunas ya salieron en prensa. Otras no.
José Luis me atendió por primera vez (no lo olvidaré) de una grastroenteritis. Yo vivía en aquel momento solo en la casa en la que después fundaríamos Susana y yo una familia numerosa. Dudé mucho si acudir (yo entonces lo ignoraba todo sobre el sistema público de salud). Fue como si me conociera de toda la vida. Esbozó desde el primer momento una acogedora sonrisa, que ya nunca abandonó su cara en cuantos encuentros mantuvimos. Yo no quería la baja y él se empeñó en dármela. ¡Mis primeros tres días de baja laboral!
Como en "Casablanca", ése fue el principio de una gran amistad que congeló con la palabra FIN una cruel leucemia. José Luis Rodríguez Caballero tiene hoy una calle en el pueblo con el que se volcó. Comparte pues callejero con el Doctor Fleming, que daba nombre a la calle del ambulatorio antiguo, donde nos conocimos. José Luis se quedaba embelesado con la luz del Aljarafe, hasta el punto de hacerse investigador científico para estudiar nada menos que su efecto sobre el estado de ánimo de sus habitantes. Estaba tan ilusionado al ir descubriendo cómo el organismo humano transformaba la luz del sol en optimismo, en una especie de función clorofílica animal que dotaba de energía —en Sevilla le llaman alegría— a quien la recibía… En Sanlúcar la Mayor ("solúcar" quiere decir templo del sol) está montado el mayor parque de paneles solares del mundo, con un espejo que se divisa a muchos kilómetros de distancia.
Viene a mi mente una mañana en la que José Luis estaba desesperado con la burocracia sovietizante que se extendía en los centros de la Junta de Andalucía y me pidió que le esperara para tomarme con él un café en un bar cercano cuando acabara la consulta. Así lo hice. Pocas veces en mi vida he comprendido mejor el significado de la palabra "escuchar". Era lo que necesitaba mi amigo, mi médico, que su paciente amigo le oyera conscientemente.
Y termino con otra anécdota de esas que se te clavan en la memoria. Una tarde pasaba yo por una estrecha calle trianera, cercana a su domicilio, y de nombre tan poético como "Cisne". Está en pleno corazón del barrio, e ignoro el origen de su denominación. Lo cierto es que José Luis y yo nos cruzamos en aquella calle como trasplantada del barrio de Santa Cruz y él estalló en una especie de pregón íntimo, una confesión de amor a la ciudad, un derroche de sentimiento emocionado que para mí fue como un baño de estética vital y una profesión de amor por el entorno. Era primavera y José Luis estaba viviendo en sus carnes los efectos de la luz del Sur.

Parece que nada de lo que narro tenga que ver con el aniversario del que arrancaba. Pero sí que está íntimamente relacionado, porque "En el último minuto", el mediometraje al que me he venido refiriendo, es luz y es vida. Y es recuerdo que cobra luz y vida cada vez que se ve la película, porque aquella aventura apasionada y apasionante en la que tanta gente puso su esfuerzo, su tesón y su esperanza, sigue viva. Tanto que en la última de las proyecciones públicas celebradas desde su estreno, ante más de setenta alumnos jóvenes —multitud de chicas— del CEU San Pablo ¡de Bormujos!, compartió confidencias y presidencia conmigo Carmen, una madre soltera que iba acompañada de su niña, presa fácil para el aborto y sus secuaces que sin embargo, y gracias al centro educativo en el que se formaba su progenitora, nos regaló su rolliza sonrisa, desde una piel lozana que día tras día cría la luz del Aljarafe. La misma que José Luis estudiaba con denuedo para doctorarse en la verdadera Medicina.

domingo, 21 de junio de 2015

LA PINZA REGENERADORA

La primera fase de la catarsis nacional ha alcanzado sus últimos objetivos con las Alcaldías de Madrid, Barcelona y Cádiz —no podía faltar el toque del humor surrealista y meridional. Los chicos de la Logse y los eternos repetidores del marxismo vago han invadido las instituciones al grito de "si los griegos han podido, nosotros también". Esperemos que no acabemos como los griegos. Dicen que el Caudillo respondía a quien le mostraba —me imagino la escena del pelota tembloroso—  su inquietud por un futuro de españoles huérfanos, "después de mí, la clase media". Los beneficiarios de la transición, que no hemos sido ni mucho menos todos, han dilapidado la herencia hasta dejar a la clase media en estado catatónico. Es decir, después de Franco, la ruina. Podía haber sido otra cosa, de acuerdo. Y los que entonces éramos jóvenes o muy jóvenes, y no profesábamos la religión marxista, sentíamos la ilusión de que así fuese. Pero no. De aquella primavera quedan sólo unos despojos a cuyo hedor se han acercado los perroflautas.
Los partidos "clásicos" de la democracia española protagonizan, día tras día, el culebrón de los escándalos. La palabra clave de los buscadores para identificar el fenómeno es "latrocinio". Y el instrumento, la mentira. Mientras nos llenaban la cabeza de proclamas prosopopéyicas en demanda de votos, reventaban las costuras de sus faltriqueras, según va quedando, día a día, de manifiesto por la única vía no muerta que parece quedar en la estación: la Justicia.
Albergo una esperanza, bien entendido que hablo de tejas para abajo, porque en punto a trascendencia las mantengo todas bien alimentadas. Es un rescoldo en forma de pinza. Todos sabemos, aunque sospecho que en una mínima parte, la crisis que asuela a la Administración de Justicia, debida a varios factores entre los que no es el menor la pésima labor legislativa de los políticos. Y aún así, la punta de iceberg que ha puesto ante nuestros ojos una realidad catártica ha venido de la mano de la Justicia. Más concretamente de una juez sevillana a la que los libros de texto, si es que existen, deberían el día de mañana rendir el tributo del conocimiento escolar. Ella dio dos veces, pero otros compañeros de puñetas han dado pasos valientes también: ahí está la detención por orden judicial nada menos que de un delegado del Gobierno en activo, y no en la última comunidad autónoma de España precisamente. Es éste un hecho sin precedentes que hace tambalearse muchos de los pilares del tinglado que llamamos corrupción y que también debería estar en los libros de texto (físicos o virtuales, es lo mismo) de nuestros nietos. Ergo algo queda sano en el organismo vivo que va en diagonal de Finisterre al Cabo de Gata.
El otro brazo de la pinza regeneradora lo pueden poner los nuevos partidos serios, y en especial, por razones electorales, Ciudadanos. A mí me gustaría que fueran otros —Vox, Aes…— pero de lo que se trata es de lo posible, no de lo ideal. Si la Justicia que nos queda y la formación de Rivera siguen empujando, el parto de la nueva democracia española puede ser algo más que un sueño. Son muchos los españoles que suspiran porque el próximo mes de noviembre entrambos focos de luz hayan obligado a PP y Psoe a renovarse de veras y a buscar soluciones realistas a la par que ambiciosas para los problemas de la gente, no para los suyos. Sobre todo para los de quienes no cuentan con poder: los parados y los no nacidos. Porque los últimos son los únicos en carecer absolutamente de él.

miércoles, 27 de mayo de 2015

LO QUE ESTÁ PASANDO

Tal vez estemos exagerando. O tal vez no, que diría el mismo que acaba de ver cómo su cuna política —Santiago de Compostela— pasaba de las manos de su partido a las del Podemos marca local. Yolanda Barcina, desde su experiencia de moza corredora delante de los toros proetarras entre chupinazo y chupinazo, lo ha clavado: "Podemos acabar como Venezuela… o como la Alemania de los años treinta". Esperemos que no, pero ese 35 por ciento de madrileños que ha votado a la juez que quiere sacar de la cárcel al 94 por ciento de los presos no resulta precisamente tranquilizador.
Escribí tras las elecciones andaluzas que el fenómeno en marcha era el del cambio de bando de la abstención. El mecanismo es relativamente sencillo y tiene precedentes: una determinada coyuntura —ninguna mejor que la presente— envía a sus casas al núcleo del electorado conservador, en vista de la deriva seguida por su partido. Y al mismo tiempo, en función del proceso indicado, la porción social integrada por los antisistema dan el paso histórico de acudir a las urnas. Esto, claro está, groso modo. Luego hay que calibrar esa famosa masa indecisa que se dice decide las elecciones y que es enormemente volátil. Pero eso, ¿quién lo mide? ¿Arriola? Como decía mi padre, que en Gloria esté, "¡arrea!".
Este cambio de bando de la abstención explica plenamente lo que acaba de suceder, un hecho que inaugura desde luego una etapa nueva desde 1975. Asistimos al final de la partitocracia bipartidista —lo cual es bueno— y al comienzo de… ¿qué? La fragmentación de unas opciones respaldadas por siglas que sólo tienen en común el deseo de dinamitarlo todo es, en cierto modo, una garantía de orden y paz. Los asamblearios y perroflautas nunca lograrán ponerse de acuerdo en quién administra un solo euro. De modo que el resultado fáctico de su "triunfo electoral" puede ser cero. Esto también sería bueno. Bélgica ha estado un año sin Gobierno y no ha pasado nada. Hay quien dice incluso que la situación económica ha mejorado notablemente. Ya se sabe: se prorrogan los presupuestos, no se aprueba una ley (mucho menos un decreto) y la maquinaria administrativa sigue "funcionando" con su morosidad habitual, como en Italia.
¿Qué ocurriría, sin embargo, si los "bolcheviques" se lanzaran a la revolución, como en febrero del 36? Si fueran a por todas, cada uno en su barricada y con su lata de gasolina. Entonces, bueno, vetemos a la imaginación, que ya sabemos es la loca de la casa.
Acabo de leer que Esperanza Aguirre, veinticuatro horas después de proponer gobierno de concentración a socialistas y ciudadanos, y en vista de la respuesta áspera y maleducada recibida, ha hecho lo propio… ¡con Carmena! Empiezo a estar seriamente preocupado por la salud mental de nuestros ex-conservadores. Claro que después de los bandazos dados con el aborto, el matrimonio homosexual y la educación… uno se lo puede esperar todo.

Lo importante en este momento es hacer un paréntesis y dejar de seguirle el paso a los políticos en las cábalas del pactismo. Porque si pretendemos calcular sus cartas en la partida es muy probable que la salud mental en peligro sea la nuestra. El poder es, desde hace mucho, en España, una enfermedad. Lo que vemos ahora es una pandemia. Puede incluso que —fruto de una carambola, desde luego, y no de una estrategia preconcebida que revelaría un grado de astucia por parte de los populares impensable— lleven razón quienes avanzan una contrarreacción del electorado que se quedó en casa mas el de Ciudadanos más una parte de los antisistema de extrema izquierda que movilice el voto al Partido Popular en las elecciones verdaderamente trascendentales para España, que, obviamente, son las generales. Ello le podría dar al supuesto partido de la derecha un éxito absolutamente arrollador. Pero antes tendrían que suceder dos cosas: que las marcas locales de Podemos arruinen cuanto encuentren a su paso en los niveles regional y local, pero sin conseguir destruirlo todo en tan poco tiempo; y que el PP culmine en seis meses una catarsis interna con relevo en la cabeza. Ambas condiciones son improbables, aunque estamos en España, no se olvide.

miércoles, 13 de mayo de 2015

LA REBELIÓN INTERIOR

El 6 de abril de 2014 tuvo lugar en el Parlamento europeo una votación aparentemente menor pero que encierra un significado muy alto en los tiempos que corren, al menos en España. Se proponía que los representantes de los ciudadanos comunitarios allí presentes decidieran, en vista de la situación económica por la que nos arrastramos desde hace demasiados años, viajar en clase turista en lugar de bussines. La cuestión no era en absoluto baladí, incluso materialmente, porque en primera el billete de cada diputado, ida y vuelta con Iberia de Barcelona a Bruselas nos cuesta 1.297 euros mientras que con Vueling clase turista nos sale por 150. Y recalco el pronombre por razones obvias. Mucho más si tenemos en cuenta que el importe del asiento en "bussines class" es equivalente al sueldo de un maestro durante veinte días. Bruselas sigue estando muy lejos.
De los cuarenta y tres diputados españoles en la bien nutrida Cámara votaron a favor los siguientes: Ramón Tremosa y Balcells (CiU), Rosa Estarás Ferragut (PP), Oriol Junqueras Vies (ERC) y Raúl Romeva i Rueda (Iniciativa). Curiosamente, los cuatro catalanes. Nadie del PSOE ni de IU ni del PNV ni de UPyD. Subrayo particularmente la valentía de la señora Estarás, que se desmarcó de la disciplina férrea de su partido, también en esto aprendiz del PSOE.
Estos resultados electorales deberían mover a reflexión a los votantes, ahora que se acerca la segunda cita con las urnas en lo que va de año y que nos disponemos a asistir de nuevo a la letanía pedigüeña de votos que ya resulta tan patética como el incumplimiento sistemático de las promesas. Quien suscribe, que no pertenece a otro planeta ni a otra nación ni a otra especie que los que me leen, le da vueltas y vueltas a la salida de esta espiral que el alejamiento entre la ciudadanía y los políticos va creando a velocidad exponencial. Y casos como el de esos cuatro diputados —un 9 por ciento del total— ofrecen ciertos retazos de esperanza. No debió de ser casual que la mencionada votación se celebrase en vísperas de las elecciones europeas, es de suponer que para dejar todo "atado y bien atado". Después entró Podemos, pero las mayorías no han aceptado nuevos debates sobre un tema tan deleznable.
La manipulación que los partidos hacen de la sociedad, al menos en nuestro inmaduro país, sólo tiene un escape: la rebelión interior. Da igual que sean pocos. Un puñado de ellos ha dado testimonio de coherencia y decencia en el Congreso de los Diputados desmarcándose de la pantomima popular en torno al aborto solicitado por menores. Creo que hasta el día en que los mismos cargos públicos de los partidos —ya sé que todo se lo deben a los dirigentes internos— antepongan su conciencia a la conveniencia. Ese día, que llegará, estoy seguro que llegará, la regeneración democrática será una realidad y la confianza del pueblo volverá a las instituciones, hoy por hoy ajadas y decaídas en un sopor de autosuficiencia y endogamia del que no salen porque saben que tienen a la sociedad en la ratonera del "o nosotros o la dictadura".

Sólo desde dentro tiene arreglo un problema creado desde dentro. Aún me queda algo del adolescente ingenuo que vivió la transición y fue testigo de sus luces y sus sombras. Ese mozalbete que nunca odió a Franco y siempre amó un futuro mejor, en concordia, justicia y participación pública, sería feliz, igual que sus hijos, si en los partidos hundidos en lodazales a los que hemos llegado surgieran voces y actuaciones que nos devolvieran la ilusión de votar. Ésa que el próximo día 24 volverá a estar ausente de nuestras vidas. 

lunes, 13 de abril de 2015

LA ABSTENCIÓN CAMBIA DE BANDO

Al fin lo han entendido. Parece, que nunca se sabe. "El enemigo a batir es la abstención", ha dicho el joven coordinador de la campaña del PP. Al menos parece que están empezando a entenderlo, aunque sea ya muy tarde y ello no quiera decir que vayan a ser capaces de corregir el rumbo.
Amigos y conocidos me preguntan mi opinión sobre los resultados de las elecciones andaluzas y de las encuestas que se van desgranando en este año santo electoral. Ven en mí al periodista que siempre he sido, mal que les pese a algunos de los que se han cargado el periodismo a base de ejercer de comisarios políticos. Como periodista "que no duerme", y no como el profeta que no soy —y menos en mi tierra—, doy mi diagnóstico. Insisto que no es un pronóstico, porque en este sentido uno está lo suficientemente escarmentado.
Para sintetizar y empezar por el final, creo que lo que se está produciendo en España es un cambio de bando de la abstención. La población sociológicamente de derechas está cansada. El último gancho recibido ha sido la traición general por parte del PP a los grandes ideales que llevaban al electorado conservador hasta las urnas. El votante fiel al partido anti-izquierdista es reacio a "movilizarse". De ahí lo fundamental de cuidar ese voto como oro en paño. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho el Partido Popular de Mariano Rajoy desde que llegó al poder con mayoría absoluta. Ya José María Aznar desperdició una gran parte de la oportunidad histórica que le brindó la primera mayoría absoluta de la derecha en la España democrática. Pero lo que ha hecho su sucesor se parece más a un suicidio político colectivo que a otra cosa. La izquierda "pura" —comunistas, para entendernos—se fue alejando de la urnas conforme la idea de revolución democrática se fue desinflando bajo la égida de Felipe González. Zapatero hizo lo que pudo por resucitarla, pero le cogió el dominó de Lehman Brothers y perdió hasta los muebles. Y entonces, la derecha se encontró con su gran baza: la abstención de la izquierda comunista y el cabreo de muchos votantes socialistas.
¿Qué ha hecho Rajoy con todo eso? Echarlo por la borda. Llevado por el miedo —ese gran truhán que malogra vidas y naciones— se ha echado en los brazos del ala "progresista" de un partido conservador. La cuadratura del círculo. Casi todo lo que ha hecho el PP desde el 20-N de 2011 ha sido emular —o mejor dicho, imitar descaradamente— a la izquierda social-comunista. Pero Podemos lo hace mejor, más asambleariamente, más demagógica y radicalmente, con más pureza bolchevique y un jugoso aderezo anarcoide.
En Andalucía, el PP, que ganó las elecciones autonómicas anteriores al partido cortijero, ha perdido diecisiete escaños. ¡Diecisiete! Y la encuesta del periódico felipista —y antipodemista— de este fin de semana lo sitúa ya en el ámbito nacional como la tercera fuerza política. De aquí a las generales, será, probablemente, la cuarta, rebasada por Ciudadanos.
Es obvio que el voto conservador no ha ido a Podemos ni al PSOE en Andalucía. Una parte habrá ido a Ciudadanos, aunque si estudiamos su programa vemos que está más cerca de la izquierda que de la derecha. ¿A dónde ha ido pues la papeleta de la gaviota que se ha perdido? Ya digo: a la abstención. Entonces —se me repondrá—, ¿por qué ha aumentado la participación? No es difícil darse cuenta. ¿Dónde estaban los votos de extrema izquierda antes de Podemos? No desde luego en Izquierda Unida, que no acababa de despegar. Estaban en casa. La abstención ha cambiado de bando. Antes era roja y muy roja. Ahora es azul, y seguramente más azul que antes.
La única "fuerza" que ha apostado abiertamente por los valores de los que ha abdicado el PP es VOX. Pero carece del apoyo juvenil e indocumentado de las redes sociales, del dinero de partidos que ya tienen representación parlamentaria y de la simpatía de las empresas mediáticas, que siempre invierten en el caballo ganador, aunque a menudo se equivoquen. Por si fuera poco, VOX empezó con mal pie, designando candidato a las europeas a un político de la vieja escuela que en cuanto perdió la primera vez se quitó de en medio. Le queda Ortega Lara y poco más. Pero seamos descarnadamente sinceros: ¿Quién se acuerda ya del héroe Ortega Lara? Por supuesto, los que nacieron después del 90, y votan desde el 2008, apenas saben ni quién es.
Ésta es la radiografía de lo que está pasando, según este humilde servidor. Si se fijan, por primera vez desde que las Cortes franquistas aprobaron la ley de reforma política de Suárez-Juan Carlos, los parlamentos adquieren un color monógamo, que recuerda al de aquellos de allende el telón de acero.
Y eso es lo que hay, amigos y conocidos.

Feliz Pascua de Resurrección.

viernes, 27 de marzo de 2015

NUEVAS VIVENCIAS EN TORNO A "EN EL ÚLTIMO MINUTO"

"En el último minuto", mi primera película con "proyección" pública, anda con vida propia. No en vano, su tema es ése, la Vida. Se concibió como un canto a la Vida. Se ha gestado como una aventura de vivir. Vio la luz (del proyector) hecha Vida. Y ahora, mediante un curioso mecanismo que para mí ha sido otra sorpresa grata (y van…), sigue dando pasitos y poniéndose trabajosamente en pie.
El sistema es relativamente sencillo, como la historia misma que se cuenta en esos 37 minutos de audiovisual entre dramático y documental. A través del correo de la página web (enelultimominuto.com) o bien mediante el viejo y eterno medio de la comunicación boca-oído, alguien que ha conocido la película se pone en contacto conmigo y me pide una proyección pública. Las últimas, de Año Nuevo para acá, han sido en la hermandad de Montserrat, en la parroquia de San Juan XXIII (hermandad de La Anunciación), que por cierto cumple 50 años; en la céntrica y culta tertulia "La Revuelta" y en el colegio Altair, todo ello en Sevilla. Altair es un centro masculino que imparte desde 1967 enseñanza desde las primeras fases hasta Bachillerato en una de las zonas más deprimidas de Sevilla, entendiendo por deprimida no marginal sino esforzada por trabajadora. Tal vez por eso, la socialista Junta de Andalucía le acosa sin tregua y le ha retirado la subvención hasta que no dé su brazo a torcer y se haga mixto. Pero Altair es una entidad integrada en el Opus Dei, y tal vez sea esto y no otra cosa lo que esté detrás de la presión incesante que le hacía a un alto directivo del colegio pedirme, tras una proyección, que rezara "porque si esto sigue igual, las familias de este barrio se quedan sin colegio. O viene un magnate y lo compra."
Y precisamente al término de esa proyección tuvo lugar una vivencia de las que guardo en mi corazón porque está claro que no son cosa meramente humana. Una mujer joven se me acercó y me dio las gracias al tiempo que me felicitaba. Pero lo más importante es la impresión que dejó en mis brazos con una sinceridad transparente y una sonrisa franca: "Es una película que te mete dentro de la historia y te emociona de principio a fin". Había una punta de humedad en sus ojos. Cuando se marchaba, el representante del centro le despidió por su nombre: "Adiós, Sonia". Me llené de alegría, porque yo hubiera querido saber algo sobre esa mujer y tener alguna referencia de cara al futuro. Como le pregunté con un gesto, él me respondió: "Es una madre del colegio, y ahí donde la ves, tiene cinco hijos". Insisto en que Altair está en un barrio muy modesto de Sevilla, en la periferia, casi en el extrarradio.
Si ese día les pasé la película a los padres de Primaria que a continuación iban a recoger las notas de sus hijos, una semana después volví al colegio para proyectar ante los padres de Secundaria. El ambiente era distinto, más serio y quizás más tenso. Ya se sabe que las calificaciones de esta etapa suelen ser más problemáticas. De hecho, no pudo haber coloquio porque "están nerviosos y ansían conocer las notas". Ese día, la vivencia-regalo de lo alto que recibí fue aún más intensa. Me presentó un profesor del centro, también de edad mediana, coordinador de Secundaria, a quien desde el principio noté algo inquieto. Estuvo a mi lado durante la proyección. Al término de la misma, los padres salieron "en tropel". Pero él se quedó conmigo y "desembuchó" enseguida. Esta vez no era un asomo de lágrimas lo que había en sus ojos, sino un paño que se interponía entre su mirada y la mía. No sabía cómo contármelo. Titubeaba. Iba muy deprisa. Yo andaba recogiendo los cables, pero veía que aquello requería atención. Más o menos, éstas fueron sus palabras: "Es que yo me he identificado completamente con esa historia, porque tengo una hija pequeña que cuando estaba en el vientre de su madre presentó síntomas de acondroplasia (enanismo). Nosotros estábamos locos con la niña. Aquello fue un palo, lo confieso. ¿Y sabes lo que nos dijeron? Pues qué lástima que no hubieran venido ustedes un mes antes, porque podrían haber… abortado. Mi niña es una maravilla. Y ahora la queremos mucho más que si no tuviera ese problema. Por eso, cuando he visto la película… se me ha removido todo."
Le dije que lamentaba haberle traído tan malos recuerdos. Al pronunciar el nombre de la enfermedad, sólo una vez dijo el vulgar, y como metiéndolo entre dos paréntesis muy apretados. Se detuvo cuando tenía que decir "abortar". Yo dije lo que él no era capaz de decir: "matar". No sé si hice bien o no. Pero la vida —¡la Vida!— se te presenta como quiere y tú respondes como puedes.
Ambas experiencias van escoltadas por otras menores (coincidencia con un joven camarógrafo que casualmente es el novio de una actriz de la película, y que fue llevado hasta la conciencia pro-vida por ella, jóvenes universitarias que se prestan voluntariamente a trabajar como actrices en proyectos futuros, la dependienta de una tienda de juguetes y de muebles que me reconoce y felicita, una colaboradora pro-vida que lee espontáneamente en una proyección la carta de una chica que decidió ser madre "en el último minuto"…).
A medida que "evoluciona adecuadamente" el recorrido de nuestra película, voy coleccionando azares que no lo son y de los que repongo energías cuando me faltan. Ellos me animan a pensar que esta película no morirá nunca y renuevan mi esperanza en esos 180 DVDs que están repartidos en lugares que no sospechamos y que tal vez puedan, directamente o por carambolas, salvar vidas.

Por cierto, felicidades a las Lolas.

jueves, 19 de marzo de 2015

SAN JOSÉ, ESE PADRE QUE CRECE

La de San José es una de esas figuras evangélicas que se agigantan en tu vida sin tú buscarlo. En mi caso, tengo varios antepasados y familiares vivos llamados Pepe. No obstante, sospecho que esta corriente de simpatía y devoción viene por otros caminos. Es la paternidad lo que me subyuga de este titán de la fe, el primer mortal nacido con mancha de pecado original que creyó lo que ninguno de nosotros —y hoy menos que nunca— aceptaría. Tras Abraham, él fue el patriarca más entregado a la fe, y también la primera cuna (o la primera cruz, según se mire) para el Salvador, ese hijo de su alma ya que no de su cuerpo.
En Sevilla tenemos una iglesia, comprada por Mateo Alemán —el autor del Guzmán de Alfarache— cuando era hermano mayor de la cofradía del Silencio, en la que hace muy pocas fechas se celebraba el aniversario de un voto concepcionista que está en el origen de la corporación. La fiesta consistía en un concierto de música sacra barroca. Mientras sonaban Bach, Haendel o Haydn, mis ojos, que no podían atisbar al coro intérprete, se desviaban una y otra vez hacia un altarcito situado a mi lado. Allí estaba San José en la tradicional postura de llevar al Niño Jesús de su mano. Su mano… el punto de atraque de aquel infante divino que siempre se representa vuelto hacia su padre y como preguntando insistentemente, que es el oficio de los niños. Conservo una fotografía del día en que hice mi Primera Comunión, que siempre me recuerda a San José y el Niño. Vamos ambos por la acera, a pocos metros de la iglesia donde sigo yendo a misa. Ando yo enfrascado en una conversación muy animada, vestido de fraile y cogido de la mano de mi padre. Aquella mano… anclaje de mi escaso puñado de certezas.
Sí, San José es nuestro padre, el confidente, el orientador, el puerto de abrigo frente a los vientos cambiantes de una vida a menudo amenazada. Santa Teresa fundaba siempre bajo su patronazgo, empezando por aquel convento en miniatura donde empezó su revolución en Ávila. Loado sea este personaje que dio nombre a mi colegio y que nos lleva de la mano como hizo con Aquel a quien a buen seguro tomaría en sus brazos nada más nacer.

miércoles, 25 de febrero de 2015

DÍA DE LA IZQUIERDA ANDALUZA

Marchando una de estadísticas veraces y significativas. Se aproxima la celebración del puente de Andalucía, que ésta es la verdadera fiesta porque los festivos en la enseñanza andaluza van a ser cuatro, de modo que el profesorado esté contento y los niños para qué te cuento. Y cuatro días de puente con buen tiempo dan para mucho. Incluso para pensar, aunque sea viajando. Sí, he dicho cogitar, como si fueran cuatro jornadas de reflexión para celebrar lo que está decretado que se conmemore. Y, ¿qué mejor que hacer un poco de historia verdadera para saber al menos algo de lo que este colosal puente de cuaresma y carnaval juntos supone?
Sigo a la wikipedia, para resultar modernito y eso. El 28 de febrero de 1980 (veinte añitos tenía yo y todavía me creía muchas cosas) se llevó a cabo un referéndum que, según recuerda la wikipedia, el Gobierno de la UCD (entonces el único existente en aquella España aún no fragmentada en taifas) rechazó bajo el lema (Lauren Postigo dixit) "andaluz, éste no es tu referendum". Esto no lo dice la wikipedia pero lo recuerdo yo como si fuera ayer. Se trataba de discernir (sic) si los andaluces querían la autonomía por el 151 o por el 143, lo cual parecía más bien el cuestionario de un examen de oposiciones sobre el temario de las mismas. Si a ello añadimos el texto de la pregunta ("¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?"), tenemos las oposiciones completas.
Sabido es que el pueblo andaluz, "abrumadoramente", dio su apoyo plebiscitario a la gran oportunidad histórica, tan ansiada durante las cuatro décadas de oprobio que habían precedido, de acceder al autogobierno al que tenía derecho en virtud del "hecho diferencial", el cual aún no sabemos en qué consistía aunque el actual presidente del Gobierno de España ha hablado de corrupción.
Dice también la wikipedia, y es palmario para quienes conocimos aquellos acontecimientos, que el referéndum no era más que una tapadera para adueñarse del poder en Andalucía. La izquierda deseaba imponer el artículo de la vía rápida, para situarse al nivel de Cataluña, País Vasco y Galicia, las regiones que habían visto aprobados sus estatutos durante la II República. Unión de Centro Democrático —no digamos nada de Alianza Popular— sabía que eso era tanto como entregarle a la izquierda las llaves de Andalucía, la región más poblada y por tanto con mayor peso demográfico de España, y que quien da primero da dos veces (en el caso andaluz, da para siempre, como hemos visto durante 35 años).
De modo que el 28 de febrero de 1980 lo que se ventiló en las urnas, mediante consulta tan directa como aparentemente inescrutable, fue si el feudo andaluz que prefiguraba la Constitución era para los conservadores moderados, que hasta entonces habían ganado las elecciones generales en Andalucía, o para el PSOE y el PCE, que acaparaban, junto al Partido Socialista de Andalucía (el único verdaderamente andalucista) la opción por una autonomía rápida. Fueron estos partidos los que reivindicaron hasta la saciedad el referéndum. Y los que lo ganaron. ¿Por arrolladora mayoría? ¿Fue tal el respaldo popular en Andalucía que justificara declarar aquella fecha como el día de la Comunidad? Veamos.
Vuelvo, para no abandonar la modernidad, a la wikipedia. Estos son los datos, andaluz por andaluz. Sobre un censo de 4.430.356 ciudadanos con derecho a voto, ejercieron el mismo 2.843.820. De ellos, lo hicieron afirmativamente —pronunciándose a favor del artículo 151— 2.472.287. Por el contrario, votaron en contra 152.438. En blanco se depositaron 200.210 sufragios, y otros 12.576 fueron declarados nulos. Hasta aquí los números. Pero lo importante, lo que ha determinado toda una generación de política andaluza, son los porcentajes. Son éstos: Votó un 63,83 por ciento de la población electoral. Es decir, que se abstuvo un 36,17 por ciento. De ese 63,83% que se acercó a las urnas, un 55,42 por ciento llevaba un voto favorable al sí, mientras que un 3,41 se opuso y un 4,48 votó en blanco. Otro 0,47% vio anulado su voto.
¿Por qué es trascendental la participación, así como los votos en blanco? Pues porque la UCD, que ganaba —repito— las elecciones generales en Andalucía (no así las municipales, razón que estaba detrás de que el referéndum se celebrara porque el 97 por ciento de los ayuntamientos andaluces lo reclamó) había pedido la abstención o el voto en blanco. Así de sencillo. Como transparente es que si a la abstención sumamos el porcentaje —ojo, sobre el censo— que representaron los votos en blanco y los votos en contra, nos encontramos con el bonito fenómeno político de que lo que se celebra el 28 de febrero de cada año, con puente incluido, es la victoria del sí en el referéndum de autonomía por un 51,47 por ciento de mayoría sobre el censo electoral andaluz. Así son las cosas. La fiesta institucional (¿o nacional?) que regula la Junta de Andalucía sólo sirve para ese 51,47 por ciento de los andaluces, no para el 48,53 por ciento restante, que no tiene —tenemos— nada que celebrar. Es lo que los expertos en demoscopia llaman "empate técnico", dada su "volatilidad".
Se me dirán… muchas cosas. Que no es válido extrapolar datos de hace 35 años a hoy (entonces, ¿por qué celebramos aquel referéndum?), que esos datos no restan legitimidad a la consulta (ni yo lo niego; lo que rechazo es que se pueda elevar al rango de efeméride institucional lo que no fue más que una elección partidaria que marcó el futuro de muchos andaluces y españoles, porque desde entonces las elecciones generales se suelen llevar a cabo el mismo día que las andaluzas)… Pero lo cierto, amigos míos, es que la manipulación histórica es de libro, y, por supuesto, lleva marchamo rojo.
Por si hubiera alguna duda razonable sobre el carácter totalizante de la maniobra, el dogma se introdujo pronto en todas las escuelas de Andalucía, dando lugar, mediante órdenes ejecutivas, a una serie de actividades especiales de fuerte sabor nacionalista y desde la más tierna infancia, que además brillan por su ausencia en lo referente al hipotético "día de España". ¿Qué decir de lo que aprenden nuestros hijos en sus libros de texto? Y pobres de los padres que intenten apostatar de la fe veintiochofebrerista…
Adolfo Suárez, adalid de la cruzada anti referéndum, el mismo con cuyo nombre el tándem PSOE-IU o IU-PSOE que tanto monta, en el Ayuntamiento de Sevilla, ha rotulado la avenida de Carrero Blanco (valedor, por cierto, de Suárez) para dársela a su sucesor recientemente fallecido, se sinceraba durante una gira por Iberoamérica ante una periodista, cuando ya barruntaba su dimisión, que "quien ha acabado con mi carrera política ha sido Andalucía". Si hemos de recuperar la memoria histórica, recobrémosla entera, no a retales según el gusto de quien corta la tela. Y éstos son los hechos que ya nadie nunca podrá cambiar.

Por cierto, ¡Viva Andalucía española! (¿Les suena?)

lunes, 16 de febrero de 2015

LOS EMBOZADOS Y FRANKENSTEIN

Hay un motivo, uno solo, que explica cuanto está pasando en los países del sur de Europa, especialmente el nuestro con lo que podríamos llamar "el misterio Podemos". Para ceñirnos a la experiencia española, podemos decir que fue terminar la dictadura —o quizás antes— y entregarse la nueva clase política "democrática" a la sistemática y tenaz tarea de cultivar la frustración en el electorado. ¿Recuerdan los 800.000 puestos de trabajo? Su autor intelectual acaba de jubilarse como parlamentario, en medio de un aura de santidad laica del que ha participado fervientemente la derecha. ¿Qué decir del "OTAN, de entrada no"? O del "se pudrirán en la cárcel", por parte del mismo que acaba de rechazar el simulacro de cadena perpetua pactado por su partido. Esto, por referirme sólo a algunas graves cuestiones que se me vienen a la cabeza.
La historia de la democracia en España es la de un gran engaño. Casi nada de lo sustancial prometido ha sido cumplido. La sensación sembrada en la sociedad es la de que se le ha tomado el pelo una y otra vez. ¿Es extraño que surja un tumor en el margen de la pantalla? Naturalmente, el margen es siembre el siniestro, faltaría más. Cuarenta años de Podemos escorado hacia la derecha tienen que producir otros tantos de inclinación arbitraria hacia el lado contrario. La "casta", que por supuesto existe, ha ido agotando todos los márgenes de confianza que la ciudadanía española ha ido depositando en ella con paciencia digna del santo Job. Lo último, el cartucho quemado que ha dado a Podemos la mano de la hija casadera en las tres bodas electorales próximas, ha sido la abdicación del principio sagrado de la vida o lo que es lo mismo, la reconducción legislativa para que el aborto deje de ser un derecho. La burla de los impuestos aún pudo encontrar alguna disculpa (los trucajes contables del Gobierno anterior, etcétera) pero en punto al aborto sólo cabe responder con las palabras de Gallardón: "¡Qué asco!". Son los que podríamos denominar "embozados", porque siempre nos han ocultado su verdadero rostro.
El viaje del Partido Popular a ninguna parte —ese centro que siempre se escapa hacia la izquierda hasta llegar a manos de los extraparlamentarios— ha creado el apagón final de la gran comedia. Ni la gente encuentra trabajo ni cree ya una sola palabra de cuanto le digan ni el PP ni el PSOE. De modo que Podemos se revela en realidad como un efecto científicamente inevitable de este diabólico juego de física mecánica que aburriría al mismo Descartes.
Muchos, generalmente de estirpe marxista, se escandalizan de este fraude político y de que los beneficiarios sean, según ellos, una panda de jovenzuelos (o cosas peores) indocumentados. Aquí viene la segunda parte del experimento de laboratorio que está a punto de rebelarse contra todas las normas de seguridad del sistema. El proceso regulador de la educación en España es, desde la Ley General de 1970, una especie de construcción del Frankenstein que ahora cobra vida propia y se dispone a destruir a sus creadores. Tras un siglo de Plan Moyano, aquel ministro de la Restauración que diseñó el Bachillerato en el que nos formamos "los últimos de Filipinas", Villar Palasí sucumbió a los cantos de sirena del mayo del 68 —y sus ecos en las universidades españolas— trazando una planta nueva, más igualitaria y universal, menos elitista y selectiva. Pero este programa podía servir para desarrollar España  si no en el terreno cultural sí en el económico. Todo se vino abajo sin embargo con la LODE de Maravall, es decir con los aires revolucionarios de aquellos jóvenes del "Podemos" que tumbó a la UCD poniendo así fin a la "guerra civil" light que fue la transición. Felipe González pudo dictar el 29 de octubre de 1982 un parte que dijera "cautivo y desarmado el postfranquismo reformista, las huestes socialistas han alcanzado sus últimos objetivos. La transición ha terminado".
Después vino la LRU, con la que los "penenes" desterraron a los catedráticos y se apoderaron de la universidad española, abriendo la caja de pandora que sigue hoy soltando truenos (recientemente, verbi gracia, un cartel anunciaba la proyección de un "documental" en la línea de Podemos, organizada por las Juventudes Comunistas de Andalucía en la sede del Consejo de Alumnos de la Universidad de Sevilla).
Ya cerrada la tenaza por arriba y por abajo, todo era cuestión de devorar el relleno del emparedado: la enseñanza media, el gran logro del franquismo. Y se pusieron manos a la obra, dando al BOE una LOGSE que supuso el final de la obra demoledora emprendida por los protosocialistas del franquismo.
En suma, todo el sistema educativo español es de cuño socialista (no olvidemos que la LOU de Aznar quedó finalmente irreconocible y que su ley de educación apenas entró en vigor) desde el año 1990, con publicación de la LOGSE. Los chicos de Podemos son criaturas plenamente logsianas, y sus mentes piensan lo que se propusieron aquellos socialistas triunfales de una era que no parecía acabar nunca y que hoy hace aguas por todas partes. El profesor que deconstruyera a Moyano para instalarle un cerebro de Frankenstein, es ahora víctima de su artefacto. No hay nada extraño en todo esto. La historia está filmada desde hace muchos años.

jueves, 5 de febrero de 2015

CINE ARTE-SANO Y DILETANTE

Como soy un negado para todo lo que huela a palomitas devoradas al compás de un cine sin enjundia, no sabía hasta ahora qué es un "blockbuster". A lo mejor ustedes tampoco. Es lo que antes se llamaba una superproducción, pero con más marketing. Suenan cantos de sirena para su contrapunto, el cine independiente —¿Ah, pero lo había?— en nuestro país. La entrega incondicional a la subvención pública tiene estas cosas, que desaparecida la conveniencia política, te quedas como una colilla en una cuneta.
Por eso cada día estoy más feliz de haber emprendido el camino de "Pamarbea", una marca registrada detrás de la que no hay empresa ni infraestructura ni negocio. Sólo amor al arte y gratuidad en el servicio a una causa. De momento, nuestro "móvil" es la lucha por la vida de otros, de los más pobres entre los pobres, de los que carecen de voz y de todo: los no nacidos. Ellos son los héroes de "En el último minuto". Ellos en su silencio, y una muchacha llamada María (Pilar Domínguez) en una formidable interpretación que sigue arrancando una lagrimita de quien suscribe cada vez que ve la película.
Redacto estas líneas como un reportero de los antiguos, de esos que no sabían qué iban a escribir hasta que sonaba el timbrazo del taller avisando de que era "la hora". Y entonces, las ideas tomaban forma y lenguaje con el ímpetu de una cascada. Con esa frescura quiero poner al día a nuestros seguidores del camino que va recorriendo "En el último minuto", ese milagro por la gracia de Dios que ha nacido sin dinero y sin dinero pervive, con mejor salud cada día.
En la página web (enelultimominuto.com) se van colgando fotografías de cada proyección. Puedo decir que no he pedido ninguna (algunas que sí las he solicitado no han encontrado eco). Se trata de proyecciones que han venido a mí, merced al célebre "boca-oído", si bien María de los Ángeles, la colega que se ocupa de lanzar las convocatorias, hace bien su faena para darle algo de notoriedad a una película sin publicidad y sin premios (de momento).
Desde su estreno, el 25 de junio pasado, hemos salido —insisto que sin buscarlo— a casi una proyección mensual: La hermandad de La O (10 de octubre), Pro Vida de Mairena del Alcor (21 de octubre), las Jornadas de Apostolado Seglar (Plaza de San Francisco de Sevilla, 24 de octubre), la hermandad del Santo Entierro (12 de diciembre), la hermandad de San Esteban (13 de diciembre), y la hermandad de Montserrat (9 de enero). Si echamos una cuenta aproximada de cuántas personas han asistido a las proyecciones, y teniendo en cuenta que en Bormujos al estreno fueron unas 400, tenemos que nuestro mediometraje, tan modesto, ha tenido ya alrededor de 600 espectadores. Añadamos los que han podido ver el DVD y la cifra puede llegar fácilmente al millar.
Todo eso, repito, sin más dotación presupuestaria que lo que una familia de cinco miembros con su padre, que soy yo, en paro, ha podido aportar.
En puertas tenemos varias proyecciones más, lo que supone que hasta el próximo verano, si Dios quiere, podremos haber mantenido el ritmo de una al mes. Y en todas ellas se ofrece el DVD para que la historia perviva en las casas, las hermandades, las asociaciones o los colegios, aunque éstos últimos parecen algo remisos. De momento, están confirmadas dos exhibiciones (entrada libre) para el mes de febrero: El día 19, a las ocho y media de la tarde, en la sala "La revuelta" (calle Siete Revueltas 33 de Sevilla), y el 27 a la misma hora, en la parroquia de La Anunciación de la barriada obrera de Juan XXIII, en acto organizado por la hermandad de La Anunciación. Ni que decir tiene que la película da pie a coloquios de enorme interés que vuelven a servir para cobrar ánimos unos de otros y darnos cuenta de que no estamos ni mucho menos solos.
La vida se abre paso, pues, y el cine arte-sano y diletante, también. Lucho por mantener viva la llama, y por seguir haciendo películas con valores y en libertad. Desde aquí hago un llamamiento a los miembros del equipo de "En el último minuto" para que estén prestos, porque ya hay nuevos guiones en marcha.
El reportero, que se siente joven aunque "los medios" hayan prescindido de él, tiene el placer de dar a conocer una nueva noticia triunfal: La Biblioteca Nacional —¡nada menos!— se ha interesado por la película y el making off. Esta misma mañana ha recibido una copia la jefa de Servicio de Audiovisuales, doña Alicia García Medina, a quien aprovecho para agradecer su interés en orden a que la alta institución cultural hispánica cumpla su misión, consistente en —son palabras textuales suyas— "la preservación de la producción intelectual que se produce en España entre la que se encuentran los audiovisuales". De esta forma, "En el último minuto", y todos los que figuran en sus títulos, estarán desde ahora en el Catálogo de la Biblioteca Nacional de España, gozando de difusión "a nivel mundial" (vuelven a ser palabras suyas).
Así que enhorabuena, amigos de "En el último minuto", porque se van abriendo unas puertas muy serias, y todo es gracias a Dios y a vuestra labor. Sólo os pido que no abandonéis nunca a la película y que conservéis intacta la ilusión de seguir trabajando por la verdad y por la justicia… con arte (el séptimo, para más señas).

Agrego una anécdota. La noche en que vi en una gran pantalla proyectada la cinta en la Plaza de San Francisco (lugar más sevillano imposible), me acordé del primer equipo de Súper-8 que tuve. Me lo compró mi padre a muy pocos metros de allí, en la tienda Bovis de la calle Sierpes (casi enfrente de la librería San Pablo, donde hoy se venden los DVD). Era un proyector Eumig, mudo, un tomavistas Bell&Howell y una empalmadora de acetona. Recordaba también que junto a las máquinas me regaló —Dios lo tenga en su Gloria— una película sobre las fiestas primaverales de Sevilla. Yo tenía doce años y unas ganas como las de ahora de hacer cosas. La verdad es que no hice muchas (la procesión de la Virgen de los Reyes, un jardín mágico que tenían unas tías mías en la calle San Vicente, con una Rima de Bécquer de voz en off, y la playa de Valdelagrana en El Puerto). Las conservo como oro en paño, y a veces me quedo mirándolas como un tonto, como el director de "Cinema Paradiso" en la escena final de los recortes censurados con los besos. Aquel equipo fue para mí una fuente espectacular de gozo. Y esa noche estaba yo viendo mi primer filme allí al lado, en público, escaso es cierto. Era todo como un sueño, algo muy parecido a la gala de Bormujos. Por cierto, que en la plaza de San Francisco estaba también Guiamo, la tienda donde compré un proyector manual de diapositivas, que guardo, con el primer dinero que gané: seis mil pesetas por tres meses de informativos en la radio, hace ya la friolera de… ¡Qué cosas!